Mi experiencia con “El Juego del Calamar”

Podríamos definir a “El Juego del Calamar” como una serie que cuenta la historia de Seong Gi- Hun quien al igual que 455 personas más, acepta el desafío de participar en seis juegos diferentes en los cuales arriesga su vida con el fin de obtener una cuantiosa suma de dinero.


No obstante, esta serie ha causado sensación entre el público que ha observado la primera -–y hasta el momento-– única temporada. Pero, ¿qué es lo que llama la atención de esta serie y la impulsa a competir al nivel de Stranger Things, Lupin, La Casa de Papel, Elite y The Crown? La respuesta a este interrogante la concebí una vez vi los nueve capítulos en Netflix, luego de pasar varios días viendo memes de la serie en redes sociales, los cuales obviamente entendí después de verla.

En primer lugar, se encuentra el hecho de que sea una serie coreana. Como es sabido, este país destaca por los doramas (novelas de televisión) que abordan temas que van desde el drama de las familias que fueron separadas tras la división de las Coreas hasta amores juveniles influenciados por la música K-pop; de los cuales se resalta Boys Over Flowers, Playful Kiss y The Heirs. Sin embargo, esta serie rompe con el estigma que se ha creado sobre las sociedades primermundistas para presentar algunas problemáticas que existen en el país asiático.

Ahora bien, estas problemáticas son más viscerales para el público observador porque se enfocan en temas como el desempleo; la crisis económica; el tráfico de órganos; la existencia de elites que buscan dominar el orden mundial y que diseñan estrategias para acabar con la población del mundo sin necesidad de mancharse las manos de sangre; el dilema entre el valor de la vida frente al valor del dinero; la desigualdad social y la ineficacia de la fuerza policial cuando ocurren casos de desapariciones en masa sin que se configuren por una causa objetiva.

¿Acaso estos enigmas son ajenos a la realidad de Colombia? La única diferencia que podría surgir es que en este país no se llamaría el Juego del Calamar sino el “Juego del Cui” y los pasatiempos serían Tin-Tin Corre, escondidas, dominó y parqués. Por lo demás, el contexto social y económico es similar al de otros países de Latinoamérica, de primer mundo y hasta en la Conchinchina.

La influencia de la serie ha generado casos como el que se presentó hace unas semanas en Medellín, dónde unos jóvenes vestidos de negro repartieron tarjetas con las tres figuras distintivas de la serie (círculo, triángulo, cuadrado) a los transeúntes, con ocasión de los altos niveles de desempleo que tienen lugar a nivel nacional. ¿La realidad supera la ficción?

En lo personal debo admitir que no esperaba mucho de los nueve episodios y aun así los terminé de ver en dos días. Su trama es cautivadora, cruenta y el final deja al espectador en puntos suspensivos al no saber qué sucederá en la segunda temporada; pese a la serie que tenga cierto parecido a las películas de los Juegos del Hambre.

 

Lauren Chonps

Bogotá, 1996. Laura Juliana Romero Herrera, cuyo seudónimo corresponde a Lauren Chonps, de profesión abogada y de vocación escritora. Desde temprana edad se inició en la práctica de la escritura narrativa, razón por la que en el año 2019 publicó de forma independiente su primera novela titulada "De regreso a la montaña" con la Fundación Común Presencia. Ha participado en Talleres Locales de Escritura Creativa, dirigidos por el Instituto Distrital de las Artes (IDARTES) durante los años 2015 y 2019 respectivamente. En la actualidad participa como asistente del Taller Virtual de Novela del Ministerio de Cultura y además es creadora de contenido multimedia con enfoque literario y jurídico de las redes sociales TikTok, Instagram y Facebook.

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