Más allá del Ruff Love: El misterio animal y las trampas del adiestramiento positivo

¿Qué es un animal doméstico y por qué puede ser catalogado como una otredad revestida de misterio? Las siguientes líneas pretenden un acercamiento filosófico a la realidad no humana de la animalidad, descubriendo a su paso que lo que le es propio al animal es su expresión misteriosa. Una incógnita que, llevada hasta sus últimas consecuencias, desmentiría la posibilidad inmediata que pretende el adiestramiento positivo: la domesticación total de los animales en favor de la felicidad moral de sus amos, los seres humanos.

Donna Haraway se refiere en un ensayo titulado Servidumbre positiva (2016) —el cual se encuentra en su libro Manifiesto de las especies de compañía— a un tipo de entrenamiento para perros diseñado por la adiestradora Susan Garrett, titulado en su manual de instrucción como Ruff love, amor en correa.

Destaca en este manual cómo el adiestramiento para perros usa los métodos del condicionamiento operante o psicología conductual para obtener del animal doméstico una suerte de control comportamental. Allí, la gratificación por las buenas acciones ordenadas por el ser humano tiene un doble propósito: crear felicidad doméstica —bajo la idea de que con animales obedientes es posible crear satisfacción moral— y modelar el carácter de seres humanos más buenos.

¿Educación o microcontrol? La sombra de Foucault en la sala de la casa

Sin embargo, la duda de Haraway sobre esta práctica alude a considerar que este tipo de técnicas disciplinarias, si bien se muestran como amables y positivas, ocultan una nueva versión de la relación de poder que, en clave de Foucault, reviste el análisis social desde los criterios de la vigilancia y el castigo. En otras palabras, el adiestramiento positivo del perro es, al mismo tiempo, el adiestramiento positivo del ser humano. Este es un manto oscuro que oculta otra realidad: la de no comprender completamente la realidad animal en su absoluta otredad.

La duda se convierte en un interrogante sincero sobre la relación que establece el ser humano con la otredad más próxima que se ha inventado en los últimos tiempos: el animal doméstico. El cuestionamiento, entonces, tiene que ver con saber si el control disciplinario del animal —basado en recompensas y buenas maniobras ordenadas por sus propietarios— es realmente una exploración moral válida para entender lo que experimenta la otredad animal en su mundo interior.

¿No será acaso que este tipo de adiestramiento positivo no es otra forma de afirmar la superioridad antropocéntrica que se ufana de dominar absolutamente la vida y la conducta animal? Este sería uno de los interrogantes que se desprenden del análisis que propone Haraway al tema de la servidumbre positiva, donde humanos y animales terminan repitiendo la lógica de la vigilancia y el castigo, solo que esta vez se lleva a cabo en el plano de una relación de adiestramiento positivo (es decir, sin violencia) que descubren los seres humanos con sus mascotas.

La alteridad significativa: El animal como misterio

A pesar de que la servidumbre positiva ha superado las dinámicas del poder bajo el recurso de la violencia sobre los cuerpos (no es necesario maltratar al animal para conseguir una respuesta favorable), y de que la autora resalta que gracias al manual de Garrett ha logrado entender mejor el comportamiento de su mascota, Haraway no deja de pensar en los límites de estas técnicas. Si bien superan las impresiones humanizadoras que suelen tener las personas sobre los dolores o alegrías de sus mascotas (muchas veces bajo consideraciones morales sesgadas), una mirada desprevenida a nuestro animal doméstico pone de presente que este representa un misterio que aún sigue sin ser totalmente dominado por las técnicas de instrucción positiva.

En este sentido, la relación entre la mascota y su propietario no debe buscar la dominación, sino explorar la gestualidad de un mundo que Haraway denomina alteridad significativa, la cual, la mayoría de las veces permanece revestida de misterio.

Bibliografía    

Haraway, Donna, (2016). Manifiesto de las especies de compañía. Sans Soleil editores.

Juan Sebastián Ballén Rodríguez

Amigo de los libros y de la buena compañía. Filósofo de profesión y profesor universitario:

Comentar

Haga clic aquí para comentar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.