¿Máquinas de guerra o máquinas electorales?

La niñez fue el tema central del Taller Construyendo País # 28, dirigido por el Presidente Iván Duque este sábado en Pereira. Allí saludó a pequeños risaraldenses.
     

2161362 niños son víctimas del conflicto armado y cada 30 horas un niño o niña en nuestro país comete suicidio. Cada vez parece más cierta aquella realidad exagerada de que en Colombia se sobrevive y no se vive”


“Los niños son el futuro del país”, con esa frase, me motivaban en el colegio.

Yo no sé en qué momento me volví el futuro, pero es evidente que ya no soy un niño. Los de los 2000 ya estamos viejos, casi todos veinteañeros. Seguimos siendo el futuro pero ya no somos los pequeños seres que juegan en las aceras con carritos de metal, ahora estamos en la cúspide de nuestras carreras universitarias, a punto de salir al mundo a producir, o bueno, algunos tenemos esa suerte de formarnos, otros ya lo hacen  desde antes de los 13. En Colombia, en el siglo XXI, hemos tenido cuatro presidentes. Se ha agravado el conflicto armado, se han dado cambios a nivel económico, hasta se firmó un tratado de paz con uno de los grupos subversivos más antiguo en el territorio, y sin embargo, la realidad que vivimos sigue siendo desalentadora. Muchos de nosotros tanteamos la suerte para salir del país, y otros, no alcanzaron ni siquiera  a probar el futuro, fueron dados de baja en los campos de batalla para que el ejército cumpliera con su promesa de erradicar guerrilleros.

Como generación estamos cansados de las injusticias, la desigualdad, la clase dirigente que nunca nos ha representado. Crecimos con los suspiros y las quejas de nuestros mayores, sus deseos de un país mejor, su tiempo consumido en trabajos de sol a sol para poder darnos la posibilidad de formarnos, ampliar los horizontes. Ahora, por redes sociales y otros medios de la realidad nacional, nos tildan de ser izquierdosos, revolucionarios, mamertos.

“Estudien vagos” decía alguna vez una honorable senadora. No se nos escucha porque lo idealizamos todo y no conocemos la historia del país, salir a marchar nos restringe de cualquier capacidad crítica y nos convierte en alienados a ciertas ideologías políticas. ¿Indignados? Generación de cristal. Los jóvenes quedamos de manos atadas, y aun así, luchamos día a día por dejarle un mejor país a las generaciones que vienen detrás, esos niños que hoy no pueden entender porque en ciertas temporadas del año, señores de corbata blanca y señoras bien vestidas llegan al pueblo a tomarse fotos, que disfrutan de los juguetes que trajo un camión con el logo de cierto partido político y que se esconden debajo de la cama cuando en la cuadra empieza a oler a plomo.

La falta de educación nos hace blanco fácil para el populismo, sin embargo, dejando esa lamentable realidad a un lado, se destaca que la oligarquía de este país también conoce de antemano como jugar con el sentimentalismo y la emocionalidad de los colombianos. En vísperas del plebiscito por la paz, por ejemplo, cierta corriente ideológica en el país se escudó detrás de la satanizada ideología de género. “Quieren confundir a nuestros muchachos, volverlos seres del mal”, comentarios que se solían ver en redes sociales.

El colombiano, formado bajo principios tradicionales, considera como su mayor tesoro a sus hijos, hará todo lo posible por alejarlos de cualquier “mal” sin importar la veracidad del mismo. No se puede desaprovechar la oportunidad de nombrarlos, de mostrarlos en los medios de comunicación. Cuando ya se han acabado las campañas, se vuelven un tema más de la agenda. Se les llama máquinas de guerra, se les alimenta con cualquier cosa y se aprovecha para sacar rebanas de las inversiones que se le hace a este grupo poblacional. ¿Educación de calidad? No, eso no es necesario, no hace falta, además la mayoría de los profesores son actores del mal, de la izquierda, mamertos.

El 23 de abril murieron tres niños en una ataque violento en el Chocó, la indignación solo nos duró una semana, después, no se supo nada más del caso. A Francisco Vera, el niño ambientalista, lo amenazaron de muerte y lo ridiculizaron por redes sociales por tomarse una foto con botas de caucho y un pasamontañas. Según cifras del DANE, Unicef, Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas, Alianza por la Niñez Colombiana, y otras entidades recogidas por el diario del El Espectador, 2161362 niños son víctimas del conflicto armado y cada 30 horas un niño o niña en nuestro país comete suicidio. ¿Dónde quedan las promesas, las expectativas de un mejor país para ellos? Cada vez parece más cierta aquella realidad exagerada de que en Colombia se sobrevive y no se vive.

Más allá de las ideologías políticas, de los apellidos que más suenan por estos días y las historias de padres que hacen a los hijos tomar su propio vómito, los infantes deberían ser nuestra mayor riqueza. Cuidarlos, protegerlos y permitirles la oportunidad de formarse deberían ser pilares dentro del Estado. Aunque los grandes oligarcas quieren eternizarse en el poder, la inmortalidad aún está lejos de ser una posibilidad humana y los que quedan son solo ellos, los niños que matan, que mueren, que se vuelven objetos de unos ideales que desconocen. Ellos aún no tienen voz, pero por medio de nuestra generación, queremos que todo el país los escuche. Todo lo que pasa en la realidad nacional los afecta, no solo lo que se dice en campaña electoral o en los debates entre extremos políticos. Nunca se nos puede olvidar.

Fuente de datos:

https://www.elespectador.com/noticias/nacional/infografia-asi-vive-la-ninez-en-colombia/

 

 

About the author

Sebastián Castro Zapata

Envigadeño de corazón, amante a la poesía y a la literatura. Le tengo miedo a los truenos y llevo una tormenta tatuada en mi brazo derecho. A veces me las doy de poeta y en la actualidad, estudiante de psicología en la Universidad Pontificia Bolivariana.

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