Las pequeñas cosas también dejan huella

Luis Carlos Gaviria Echavarría

Hay recuerdos que creemos olvidados y que, muchos años después, regresan sin pedir permiso. Basta una palabra, una conversación, una lectura, un olor o una fecha para que aparezca en nuestra memoria algo que permanecía guardado desde hacía mucho tiempo.

Eso demuestra que nuestra vida también está construida con pequeñas cosas.

Una lectura de juventud, una conversación aparentemente insignificante, una persona que conocimos por casualidad o incluso un error pueden terminar teniendo un significado que solamente comprendemos con el paso de los años.

Hay una enseñanza especialmente interesante en las historias del Post-it y del horno microondas: ninguno nació exactamente de lo que sus creadores estaban buscando. Un adhesivo que parecía haber salido mal terminó encontrando una utilidad extraordinaria. Un chocolate derretido llevó a un investigador a preguntarse qué estaba sucediendo.

La diferencia estuvo en algo muy sencillo: alguien se detuvo a mirar y quiso entender.

Cuántas veces, en cambio, dejamos pasar esas pequeñas señales porque estamos demasiado ocupados, porque tenemos la mente puesta en otro asunto o porque creemos que aquello no tiene importancia.

También sucede en nuestra propia vida. A veces una equivocación nos conduce hacia una oportunidad. Una conversación cambia nuestra manera de pensar. Una persona aparece en nuestro camino y termina dejando una huella profunda. Un libro leído hace décadas vuelve a nuestra memoria justamente cuando más necesitamos aquello que nos enseñó.

Por eso la memoria no solamente guarda el pasado. En ocasiones, el pasado vuelve para ayudarnos a comprender el presente.

Quizás esa sea una de las razones por las cuales vale la pena conservar la curiosidad, escuchar con atención y no despreciar aquello que parece pequeño o inesperado. No sabemos cuál de esas experiencias terminará adquiriendo un significado especial con el paso del tiempo.

La vida no siempre nos habla a través de grandes acontecimientos. Muchas veces lo hace en voz baja, mediante pequeños detalles que solamente aprendemos a valorar después.

Y quizá allí esté una de las grandes lecciones: no todo lo importante llega haciendo ruido.

Una pequeña cosa puede parecer insignificante hoy y convertirse mañana en un recuerdo, en un aprendizaje, en una oportunidad o simplemente en una parte de aquello que somos.

Porque, al final, también estamos hechos de esas pequeñas cosas que el tiempo no logró borrar.

 

Luis Carlos Gaviria Echavarría

Comentar

Haga clic aquí para comentar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.