“ser mujer en estos tiempos es un riesgo casi que innato”.
En los últimos días, a lo largo del país se han registrado una serie de acontecimientos muy lamentables, que cobran la vida de una serie de mujeres de múltiples edades y pertenecientes a distintas zonas del país, todas y cada una de ellas con una historia concluida de manera desagradable, pero con dos móviles comunes: la violencia basada en género y la violencia doméstica, es decir, aquellas violencias provenientes del poder otorgado al género, de las condiciones fisiológicas y culturales previamente impuestas por la sociedad, la familia y por los vínculos personales que se tienen dentro de la misma.
No obstante, la discusión sobre las recientes pérdidas de estas mujeres, más allá de radicar en la polémica jurídica del tipo penal feminicidio, considero debería centrarse en dos aspectos más relevantes que discutir sobre el tipo penal, esto es: primero, cuestionarnos sobre las precauciones o medidas preventivas que el Estado está tomando para mitigar la comisión de estas conductas; y lo segundo es analizar, a nivel social, qué estamos haciendo para educar y alertar a las personas sobre la importancia de reaccionar a tiempo en condiciones que impliquen conocer sobre conductas o actos que reflejen este tipo de violencia. Y esto lo manifiesto bajo el siguiente análisis.
En primer lugar, es muy triste que el Estado o las entidades territoriales tomen acción en el momento en que ya es demasiado tarde, cuando ya hay una vida perdida y una familia sufriendo esas pérdidas, y esto se puede relacionar en el entendido de que es cierto que llevamos mucho tiempo hablando sobre el feminicidio y aplicando prevenciones, pero la pregunta es: ¿han sido esas prevenciones las adecuadas, las óptimas? Esto, por cuanto en un sentido pedagógico se podría estar hablando de la violencia, del maltrato, de la importancia del respeto por la vida y la dignidad de las demás personas, en las instituciones educativas, en las capacitaciones a empleados en cualquier labor u oficio.
De ahí el interés de capacitar al personal sobre el respeto por la autonomía del ser, sobre la importancia de ayudar a manejar situaciones complejas cuando nos damos cuenta de que alguien vive y padece violencia, que hay abuso, que hay dominio o persecuciones, por parte de un compañero, de un empleador, de un miembro de la familia, de un amigo o de cualquier persona cercana o no cercana .
Y, en segundo lugar, enfatizar en qué estamos haciendo nosotros como habitantes de una sociedad, donde forjamos y fortalecemos los vínculos y donde somos parte de un mismo entorno, qué estamos aportando cuando logramos observar o intuir que alguien está viviendo estas situaciones.
En qué estamos contribuyendo para medianamente impedir que hechos como los que puntualmente ocurrieron en Soacha, donde un hombre cobró la vida de una mujer por rechazarlo varias veces, al punto de que este mismo se dirigiera al lugar de su trabajo y acabara con su vida, sin mencionar que la víctima ya había tenido asistencia policial a causa del mismo acoso.
Pese a ello, ninguna persona que hiciera parte de su red de apoyo pudo ayudarle y evitar ese trágico resultado que, como ese, últimamente es lo que abunda en nuestro país.
En síntesis, ante este panorama, en lo que a mi juicio respecta, el llamado de hoy nos invita a focalizar y actuar frente a estas situaciones que diariamente cobran la vida de mujeres madres cabeza de familia, hermanas, amigas, conocidas, mujeres que a lo largo de su padecimiento solo buscaron ser escuchadas, mujeres que a lo largo de esa violencia sufren el peso y el silencio de cargar con actitudes machistas otorgadas por patrones culturales tradicionales, mujeres que a lo largo del tiempo sufren el hostigamiento de género solo por ser mujeres, dejando con ello no solo la angustia, sino la triste conclusión de que ser mujer en estos tiempos es un riesgo casi que innato.














Comentar