La seguridad privada: el aliado de la Patria Milagro

Colombia llegó al cambio de gobierno con las alarmas encendidas. El país cerró 2025 con 14.780 homicidios según Medicina Legal —unos 40 cada día— y el secuestro extorsivo creció 128 %, hasta 477 víctimas, el registro más alto en una década.

En medio de ese panorama hay un actor que casi nunca aparece en los análisis y que, sin embargo, está en la portería del conjunto residencial, en la entrada del hospital, en el centro comercial, en la planta industrial, en el puerto y en la bodega del campo: la vigilancia y seguridad privada.

Las cifras hablan por sí solas. Según la SuperVigilancia en el país operan cerca de 1.500 empresas del sector, que generan más de 387.000 empleos directos, de los cuales unos 348.300 son vigilantes. Es uno de los mayores generadores de empleo formal de Colombi. Detrás de cada uno de esos puestos hay un hogar con seguridad social, con prestaciones y con un salario que se paga a tiempo.

Pero el sector es mucho más que una cifra de empleo. Es una red de ojos y oídos desplegada en todo el territorio, que conoce las calles, los barrios y los corredores logísticos como pocos.

Tres puntos de encuentro con el nuevo Gobierno

La primera es la “primera línea de seguridad” con veteranos y reservistas de la Fuerza Pública. Buena parte de ese talento ya trabaja —o podría trabajar— en empresas vigiladas, capacitadas y controladas por el Estado. Un programa que conecte a los veteranos con el sector formal multiplicaría el pie de fuerza ciudadano sin crear burocracia nueva, algo coherente con un Gobierno que se ha propuesto adelgazar el Estado.

La segunda es la inteligencia. El presidente ha insistido en que fortalecer las capacidades de inteligencia y de control territorial debe ser una prioridad nacional. Miles de cámaras, centrales de monitoreo, sistemas de control de acceso y esquemas de protección operan hoy bajo licencia de la Supervigilancia. Integrar esa información a los sistemas de la Policía, con protocolos claros y pleno respeto por los datos personales, sería una ganancia inmediata para la prevención del delito y la judicialización.

La tercera es la meta de reducir la violencia a la mitad. Ningún Estado, por fuerte que sea, la alcanza solo. La extorsión y el hurto golpean primero al comercio, a la industria y al transportador, que son precisamente quienes contratan al sector. Una alianza público-privada con metas medibles por territorio permitiría que cada peso que las empresas invierten en su propia protección sume a la política nacional de seguridad.

Para que esa alianza funcione, el Gobierno también tiene tareas: tarifas que reconozcan el costo real del servicio tras la reforma laboral, una Superintendencia ágil que evacúe los trámites represados y una regulación moderna para la seguridad electrónica y la ciberseguridad.

Un gremio vital para la democracia

Al final, la seguridad privada es vital para la democracia. No hay libertad de empresa sin comercio protegido, no hay derecho al trabajo donde la extorsión cobra la “vacuna”, y no hay movilidad ni servicios públicos sin infraestructura custodiada. El vigilante que abre la puerta en la madrugada es también un guardián de las libertades de todos.

Esa convicción es la que reúne al gremio en torno a unos postulados claros: fortalecer la institucionalidad y la articulación entre el Estado y el sector privado; entender la seguridad desde los territorios; reconocer y respaldar el papel de la Fuerza Pública; someterse al control fiscal y a la transparencia como garantía de confianza; y apostar por la innovación y la tecnología frente a las nuevas dinámicas del crimen.

Esos serán los ejes del IX Congreso Internacional de Seguridad de CONFEVIP, que se realizará los próximos 29 y 30 de octubre en Cartagena de Indias bajo el lema “Colombia 2026-2030: Apertura a un-Mundo de Oportunidades”. Allí se sentarán a la misma mesa empresarios, autoridades, organismos de control, congresistas, Fuerza Pública, academia, organismos internacionales y expertos nacionales y extranjeros.

La seguridad de Colombia no se construye en solitario. Se construye entre todos, y la seguridad privada está lista para hacer su parte.

Nicolás Ordóñez Ruiz

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