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La profecía de Nietzsche

Se ha cumplido la profecía de Nietzsche “tras la muerte de Dios, la salud se eleva a diosa”


Entes extraños cargados de positivismo sentía el gran clamor por la salvación, los seres alados de batas blancas se habían marchado, la circunstancialidad para los contagiados era insoportable y leve en su esencia de muerte. Por otro lado los grandes edificios donde se ubicaba la salud habían cerrado, aquellos héroes no vistos anteriormente ya cumplían su misión, la fuerza del cosmos se los llevó, descansaron, por fin, después de tantos juicios no buscados, donde les tocaba decidir entre una vida o la otra, incluso, en ocasiones ponían en el banquete hipocrático su propia animación sin un sentido lógico, pero los juramento en estos sujetos érase una convicción inviolable. Al otro lado de las puertas, oxidadas por el tiempo, jóvenes, ancianos y niños con caras de cansancio y una expresión de ahogo, pedían ser conectados a la máquina UCI, pero la repercusión de sus voces solo les repetía de manera constante la soledad sepulcral de los largos pasillos donde alguna vez se salvaban vidas.

El aburrimiento y la purga eran profundos, ¿cómo no habían visto y escuchado la necesidad del autocuidado? sólo con lavarse las manos, ponerse una mascarilla y evitar la presencialidad colectiva hubiesen llegado a un futuro más esperanzador, olvidaron que “la otredad es la categoría fundamental de la inmunología. Cada relación inmunológica es una reacción frente a la otredad” (Han, 2009) es así que seres cargados de una positividad exacerbada, colapsaron el sistema y en una dialéctica de la negatividad obligaron a médicos, enfermeras y demás personal de la salud a una huida sin regreso, bajo la premisa  de responsabilidades compartidas porque la irresponsabilidad de mi otro no puede afectar mi otredad. Se ha cumplido la profecía de Nietzsche “tras la muerte de Dios, la salud se eleva a diosa;” si la indisciplina social no fuese el horizonte en esta pandemia, esta vida pordebajeada, tendría los ojos puestos en la salud sin tratar de  obstaculizar la vida necesariamente sana.

El elogio a la idiotez cobró la vida de los que querían vivir e hizo de la medicina la diosa profanada, la cual, en su ira castro al mundo de manera menos esperada, sustrayendo de la esfera social a todo aquel que trabajase en la medicina, les borró la memoria para que no siguieran sufriendo por el otro, en sentido pleno los convirtió en otredad, mostrando así un manifiesto simple:

“a los activos les faltaba habitualmente una actividad superior […] en este respecto son holgazanes […] los activos ruedan, como rueda una piedra, conforme a la estupidez de la mecánica” (Nietzsche, 2007)

P.D. ¿Y si a falta de camas UCI nos quedamos sin médicos, enfermeras y personal de la salud? Un llamado muy consiente a estos sujetos activos que no aguantan un encierro, dejen la holgazanería para después, rueden solitos en su estupidez, pero no se lleven a los otros, recuerden que sin la otredad la existencia es efímera.