Opinión

La perra de Luis y los bobos de Colombia

Empezamos el año pelando el cobre, como siempre. Hay un corto video que se volvió viral en las redes sociales, en donde en Ibagué una mujer se para retadoramente frente al carro de su esposo, quien estaba con su ‘mosa’ o amante, como le quieran llamar. La mujer le grita furiosa a Luis, ordenándole que baje a esa “vagabunda” y “perra” del carro, porque entre otras cosas, el puesto que ocupa Daniel Murcia (la amante) es el de ella, reclamando así su lugar (¿)

Empezamos el año pelando el cobre, como siempre. Hay un corto video que se volvió viral en las redes sociales, en donde en Ibagué una mujer se para retadoramente frente al carro de su esposo, quien estaba con su ‘mosa’ o amante, como le quieran llamar. La mujer le grita furiosa a Luis, ordenándole que baje a esa “vagabunda” y “perra”  del carro, porque entre otras cosas, el puesto que ocupa Daniela Murcia (la amante) es el de ella, reclamando así su lugar (¿) (ver video).

Por una parte, al ella calificar a esa mujer de tal manera,  le sigue el juego a una sociedad machista que denigra de la mujer promiscua pero es indiferente y en ocasiones aplaude al hombre promiscuo. Sin embargo, esto que menciono no ocupa esta columna.

Por otra parte, ese video y el eco que le hicimos,  deja ver que somos como esos adolescentes del salón que aplaudimos al que hace bullying, pero que somos indiferentes y nos hacemos los bobos ante los triunfos del ‘nerd, o bien, permanecemos también preocupantemente serenos ante las injusticias que se cometen cuando sacan y satanizan al homosexual o al no creyente en la religión de Cristo. Esto sí ocupa la columna.

Curiosamente, en el mismo Ibagué, de donde quizá sea oriunda la colérica esposa de Luis, hace algunos años la policía le arrebató la mercancía a algún humilde trabajador, a un nadie, por ponerlo en términos de Eduardo Galeano (ver video). Allí, como junto al carro de Luis, había decenas de personas que solo presenciaban el bochornoso hecho, y que ni siquiera abucheaban a los Policías y funcionarios que hacían su despreciable tarea. No hubo mayor difusión del hecho, y así lo demuestra la cantidad de reproducciones en Youtube, que no alcanzan las 100, mientras que la de Luis y la “perra” sobrepasan las 61.000 visitas y en Facebook las 240.000. Videos como estos hay muchos en Youtube y en las redes sociales, pero no es mi intención hacer un collage de ellos, sino sólo ejemplificar.

Es vergonzoso entonces que no vayamos en defensa del pobre hombre aquel, que como muchos, día a día salen a las indiferentes calles de las capitales y las grandes urbes a buscar su sustento para su familia, pero sí vitoreamos y vamos en defensa de aquella mujer que sin vergüenza e incapaz de diferenciar los asuntos privados y personales de los públicos, insulta a la amante de su esposo, paraliza el tráfico y además agrede también verbalmente a aquel hombre. Recuerden que ella violentó tanto a su esposo como a la ‘perra’, porque no solo existe la violencia física, aunque dicho sea de paso, los amantes promiscuos también violentaron a la furiosa mujer, pero no la ridiculizaron en vía pública.

El poder de las redes sociales es enorme, y desconocemos ello (o nos hacemos los bobos), pero en la mayoría de los casos, solo las utilizamos para banalidades. En mayo de este año, policías pretendían detener (desconozco si lo lograron) en la estación Ricaurte del Transmilenio a un estudiante del Minuto de Dios, quien según él, pagaba su universidad con lo que vendía en esa estación (ver video). La comunidad de cierta forma trata de impedir que logren el objetivo con el estudiante que ejemplifica los miles del mismo oficio, que hacen tal cosa en estaciones del Metro, del Mio, del Transmilenio, de terminales de transporte, y en cientos de sitios, que son sus plazas de trabajo. En las redes no se hizo lo que debimos de haber hecho: abrir el debate nacional sobre la situación de los estudiantes, que se suponen deben dedicarse a estudiar y no a trabajar para poder estudiar; otro debate que se debió de haber abierto sería el de las garantías de los vendedores ambulantes en el país. Se ignoró el caso, y parte sin novedad.

A la ‘perra de Luis’, sí se le abrieron las puertas de todas las redes sociales, tanto así que la noticia llegó hasta Rusia (RT) y a otro importante medio de EE.UU cuyo nombre se me escapa, pasando por Telemundo.  ¿Qué hubiera pasado si lo mismo se hubiera hecho con el carretillero de Ibagué o el estudiante del Minuto de Dios?

Para rematar, también hay otro video similar pero en Medellín, y que tendría otro punto a discutir que tampoco me ocupa,  y es el maltrato al hombre sin que la sociedad lo censure, pero ay de donde un hombre por ahí le diga a su esposa en su carro (y de esa forma) que baje a ese perro del carro; lo linchan. Hasta qué punto toleramos la violencia.

En las redes sociales deberíamos de echar a un lado a las “perras” de Luis, y viralizar más a esos estudiantes y vendedores ambulantes, a esos nadie que piden a gritos soluciones. Denle un show a un grupo de ignorantes y solo les faltarán las crispetas; denle una caja de problemas, y no se asomarán a verlos.