La eterna carrera de la rata

¿Qué pasaría si tu vida fuera un ciclo interminable donde cada día trae las mismas metas, las mismas preocupaciones y, sobre todo, las mismas necesidades?

No se trata de la pregunta sobre la cual se basa la teoría del eterno retorno —planteada en el siglo XIX por el filósofo alemán Friedrich Nietzsche para analizar si somos felices o si debemos reconstruirnos—. Se trata de una situación mucho más cercana y real, impulsada a toda marcha por el mayor aparato regulador del planeta: la Unión Europea.

El proyecto del Euro Digital avanza con fuerza. Esta moneda emitida por el banco central busca eliminar el uso de efectivo dentro de la eurozona para consolidar una mayor centralización, supervisión y trazabilidad por parte de los gobiernos. La legislación para su implementación ya está en marcha y, de refinarse los detalles, el sistema regirá de lleno para el año 2029.

Que una reforma de esta magnitud requiera años de preparación debería encender todas las alertas. Esto demuestra que el dinero digital no funcionará como lo conocemos hoy; no es un cambio estético ni se parece a las transacciones electrónicas que miles de ciudadanos ya usan en su vida diaria. Es un cambio de fondo que busca destruir el Capitalismo.

Según el doctor Jesús Huerta de Soto, principal exponente contemporáneo de la Escuela Austríaca de Economía, el capitalismo es el sistema social basado en el libre ejercicio de la función empresarial. Los seres humanos poseen una capacidad innata para descubrir y solucionar problemas, buscando oportunidades que generen ganancias tanto para sí mismos como para su comunidad. Esto solo es posible dentro de un orden espontáneo, ya que la creatividad y la innovación no pueden planificarse centralmente.

La función empresarial exige que quien invierte tiempo, esfuerzo y dedicación tenga garantizado el derecho a la propiedad privada para disfrutar del fruto de su trabajo. Para iniciar cualquier proyecto, es fundamental contar con reservas que permitan la subsistencia mientras el negocio prospera. Por lo tanto, la base ineludible del capitalismo es el ahorro.

Sin embargo, la regulación del Euro Digital atenta contra la propiedad privada y el ahorro al definir este activo como un bien fungible programable. El dinero es el bien fungible por excelencia; da igual tener un billete de 100 mil o diez de 10 mil. Lo verdaderamente peligroso es el adjetivo programable, pues abre la puerta a que tu dinero desaparezca o se congele por una decisión política.

Bajo este modelo, la programabilidad permite restricciones que liquidan la libertad individual:

  • Fechas de caducidad: Si no gastas tu dinero antes de un tiempo determinado, este simplemente desaparecerá de tu cuenta.
  • Control de consumo: Si el gobierno considera que compras demasiadas bebidas azucaradas o productos perjudiciales para la salud, el algoritmo bloqueará la transacción.
  • Proteccionismo forzado: Si adquieres demasiados bienes importados, el sistema puede impedir el uso de plataformas extranjeras para “proteger la industria nacional”.
  • Sanciones por desuso: Si consumes menos agua o energía de la cuota promedio diseñada para sostener a las empresas públicas, se te podría penalizar cobrándote la diferencia.
  • Restricción por localización: La agenda 2030 plantea la ciudad de los 15 minutos, así que el uso del euro digital se puede restringir a su uso dentro de un radio determinado a tú vivienda.

 

Este experimento ya es una realidad en China. En ciudades como Shanghái, el efectivo ha desaparecido y los ciudadanos están sometidos a un control permanente mediante reconocimiento facial, algoritmos y redes 5G. Bajo su sistema de “crédito social”, cualquier conducta incómoda para el Partido Comunista resta puntos. Si el puntaje cae por debajo del límite, las cuentas bancarias se congelan. Sin efectivo disponible, el ciudadano queda condenado a una muerte civil: no puede tomar un autobús, comprar comida ni pagar su techo.

El Euro Digital, bajo las dinámicas que hoy se estructuran, representa el fin del ahorro y la sumisión de la libertad individual; en la práctica, es la victoria del COMUNISMO. Los ciudadanos se convertirán en siervos que viven para complacer a los gobernantes de turno. Sus vidas serán el verdadero eterno retorno: trabajar para consumir de inmediato, sabiendo que a la mañana siguiente la cuenta vuelve a estar en cero.

Carlos Echavarría

Ingeniero Civil con especialización en Gestión para el Desarrollo empresarial. Análisis político desde otros puntos de vista que te invitará a pensar diferente.

Comentar

Haga clic aquí para comentar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.