La desigualdad no puede ser abstracta

Las cifras de desigualdad, dadas por la CEPAL -Comisión Económica para América Latina y El Caribe- son alarmantes: a 2019 el 56% de la población americana era pobre”.


En Los líderes comen al final de Simon Sinek se pone sobre la mesa el reto que tenemos como sociedad de no caer en la abstracción sobre todo cuando estamos hablando de seres humanos y en general, de seres vivos. De que no nos veamos como simples números, que son abstractos, sino como lo que verdaderamente somos, personas.

Para ponerlo en términos empresariales, es común que, en la mayoría de las organizaciones, siempre que tienen alguna crisis económica que los obligue a reducir su presupuesto, la primera medida que toman es la de reducción de personal, lo que se traduce en despidos: “Necesito reducir el 30% del personal para bajar los costos” le escuché hace poco a un joven empresario angustiado por tener que tomar esta decisión. Las empresas no suelen analizar otro tipo de decisiones como reducir gastos operativos, logísticos, o extras que no sean estrictamente necesarios. La última decisión que se debería tomar es la de salir de la gente.

Por fortuna, hay empresas que lo hacen, como la de base tecnológica fundada en Estados Unidos Next Jump, que se menciona en el texto de Sinek. Toda persona que entra a esta organización sólo se va de la empresa si esa misma persona lo quiere, el contrato que le hacen a sus empleados es de por vida para que no tengan el estrés de que si ocurre alguna crisis en el mercado su trabajo se verá amenazado. Es sin duda una apuesta muy ambiciosa que les ha dado resultado en los más de 20 años que tienen en el mercado. Por la misma razón, los procesos de selección en esta organización son extensos, de aproximadamente un año. Deben tener la certeza de que la persona contratada sí se ajusta a su cultura y que profesionalmente agrega valor. La gente es tan feliz en Next Jump que desde Apple o Google les ofrecen mejores salarios para que se vayan a trabajar con ellos, pero la mayoría rechaza las ofertas y decide quedarse.

La desigualdad tampoco puede ser abstracta, aunque la estadística sirva para saber cuáles son los retos a los que hay que buscarles solución con prontitud. En América de Martín Caparrós, este continente americano que sólo habla español y que excluye a Canadá, Estados Unidos y Brasil, las cifras de desigualdad, dadas por la CEPAL -Comisión Económica para América Latina y El Caribe- son alarmantes: a 2019 el 56% de la población americana era pobre -estrato bajo-, es decir, las personas que viven con menos de 7 dólares por día que traducidos a pesos colombianos hoy son 28 mil pesos. Las personas de estrato medio son las que ganan entre 7 y 40 dólares diarios (entre 28 mil y 160 mil pesos colombianos), y que para 2019 representaban un 41% de la población, y finalmente, en estrato alto, están las personas que ganan más de 40 dólares al día (más de 160 mil pesos colombianos), y que sólo lo logra el 3% de la población. Más crudo todavía es saber que casi 130 millones de la población americana, dos veces y medio la población de Colombia, pasan hambre y que sólo el 1% más rico de esta América concentra casi el 50% de la riqueza. Detrás de todos estos números están las historias de personas y familias que no ven cerca la posibilidad de un futuro mejor.

Un propósito superior que nos deba unir como Estado, empresa, sociedad civil, es el de generar mejores oportunidades y condiciones a las personas históricamente excluidas para ir cerrando cada vez más esa brecha de la desigualdad social. La generación de empleo formal, estable y digno es, sin duda, un buen vehículo para ese propósito.             

About the author

José María Dávila Román

Comunicador Social - Periodista de la UPB con Maestría en Gerencia para la Innovación Social y el Desarrollo Local de la Universidad Eafit. Creo que para dejar huella hay que tener pasión por lo que se hace y un propósito claro de por qué y para qué, hacemos lo que hacemos. Mi propósito es hacer historia desde donde esté, para construir un mundo mejor y dejar un legado de esperanza y optimismo para los que vienen detrás. Soy orgullosamente jericoano.

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