La cobertura del horror

Las coberturas de conflictos bélicos se transformaron, con el advenimiento de las tecnologías de la información, en un “Gran Hermano” del horror. Miramos las noticias durante la cena familiar, muchas veces sin siquiera dar lugar al diálogo y la reflexión.


Es domingo, en Argentina es el día de la madre, el desayuno transcurre entre conversaciones y planes de almuerzo familiar. Enciendo la TV casi por inercia, el canal de noticias está cubriendo el arribo al país de los ciudadanos repatriados de Israel. No hace falta ningún comentario, los rostros húmedos lo dicen todo.

En el estudio, mientras tanto, comentan los horrores de la guerra, ilustrados por imágenes de destrucción. “Decapitaron bebés”  dice la periodista, con el mismo tono que usó cinco minutos antes para dar el pronóstico del tiempo. “Decapitaron bebés”, y esa frase corta y contundente queda resonando en mi cabeza.

Entonces recuerdo las palabras de la escritora y directora de cine Susan Sontag,  “El vasto catálogo fotográfico de la miseria y la injusticia en el mundo entero le ha dado a cada cual determinada familiaridad con lo atroz, volviendo más ordinario lo horrible, haciéndolo familiar, remoto (“es la fotografía”), inevitable.”[1]

Vemos en directo las imágenes más atroces, las compartimos incluso en redes sociales, las volvemos a mirar una y otra vez. Pareciera que las imágenes del horror tienen cierta capacidad de anestesiarnos. Nos acostumbramos al horror, a la muerte, la imagen pierde dramatismo, y la palabra parece correr el mismo final.

Las coberturas de conflictos bélicos se transformaron, con el advenimiento de las tecnologías de la información, en un “Gran Hermano” del horror. Miramos las noticias durante la cena familiar, muchas veces sin siquiera dar lugar al diálogo y la reflexión. Escuchamos “decapitaron bebés” dos minutos después de enterarnos que por la tarde tendremos una temperatura de 27° y un minuto antes de escuchar la recomendación de una nueva serie de alguna plataforma. Todo en el mismo tono y con la misma inmediatez.

Aquí es donde cabe preguntarnos sobre el papel de los medios de comunicación. ¿Sirven las coberturas mediáticas en tiempo real para crear conciencia social? ¿Dan lugar al diálogo en las casas, en las escuelas, en los trabajos o las borramos de nuestra memoria como cuando borramos una foto del móvil?

La sociedad actual tiene una urgencia de imágenes, mostrarlo todo en las redes sociales parece estar en el primer lugar de las necesidades de muchas personas. La comida, los viajes, las reuniones familiares perdieron importancia. Ya no basta con vivir experiencias, es tan o incluso más importante mostrarlas, a conocidos e ignotos. Los medios finalmente cayeron en la trampa, lo que no se muestra no existe, entonces se muestra lo innombrable.

Todos podemos ver todo, incluso las aberraciones de un conflicto bélico que sucede a miles de kilómetros de nuestros hogares, y en tiempo real. Nos muestran miles de imágenes, que nos saturan, nos anestesian. Entonces, una periodista puede decir “decapitaron bebés” sin siquiera pestañear.

Susan Sontag finalmente tenía razón, las imágenes durmieron el dolor. Tal vez sea hora de que los medios usen con responsabilidad su capacidad de mostrar el mundo, y que las coberturas del horror recuperen la humanidad perdida, para que las generaciones venideras elijan mirar para no volver a cometer los mismos errores.


Todas las columnas de la autora en este enlace: Karina Insaurralde

[1] Sontag, Susan, Sobre la fotografía. Alfaguara, Buenos Aires, 2006.

Karina Alejandra Insaurralde

Comentar

Clic aquí para comentar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.