Han pasado cosas

No quiero justificarme, pero le confieso que extraño mi soledad en los momentos más inapropiados.


Sé que jamás hemos hablado, pero nuestras voces juran conocerse de años atrás. Y esto me da la permisividad de intentar contarle acerca de lo que ha acontecido en mi vida desde que no hablamos. Desde nunca.

Quiero aclarar que mi vida (a veces no tan mía) lleva un rumbo frágil y seguro. Siempre rodeada de premoniciones y malos pasos. Aunque parecía ser a veces roja, y otras verde, siempre se arruncha en grises. Pero no me quejo. Ya me acostumbré a no querer naufragar en ese mar de no-colores. Y más bien, me dejo llevar por el recuerdo de intrínsecos olores… No me deje embolatar, que, si me extiendo demasiado, cual auto en piques ilegales, no frenaré hasta recorrerme todo el aeropuerto. Y de mi jerga no habrá rastro en su retentiva. Todo será como si su visión hubiese apuntado a una pared blanca mientras daba paso a mis remembranzas, finalizando el hurto. De igual manera, no me interrumpa, porque me cuesta pedalear con un pie sobre la tierra.

Prosigo… En mi vida siempre he anhelado tener la fe que se tiene todo aquel que se atreve a homenajear a Panenka. Pero soy de los que la tiran con toda, sabiendo que va más afuera que adentro. Es por eso que nunca he sido de perseguir mis aspiraciones con mucha insistencia. Por el contrario, siento que me alcanza la desesperación al no llegar a la meta que alguna vez me tracé a la distancia años atrás. Y así, no todo es malo, porque al tardarme en la carrera, he aprendido a apreciar lo hermoso que puede ser el trayecto. De esta forma, no llego de primero, pero procuro llegar contento.

Aunque confieso temores inapropiados, trato de reconocer mis cortas dos décadas, intentando hacer cuenta cada dos días con mi simpatía.  Pero siempre acabo retirando la SIM, alejándome de mis pocos contactos.

No quiero justificarme, sin embargo, le confieso que extraño mi soledad en los momentos más inapropiados. Y con el pasar de los segundos, he aprendido que no existe soledad mayor que la que siente aquel que no duda en añorarse sin compañía. Tal vez, sea por esa misma razón que lo sigo haciendo.

Con todo esto dicho, solo me queda expresarle mi nulo interés en su plan post pago. Pero si desea, podemos posponer este encuentro, y le prometo que la primera tanda, yo la pago.

Migaja: no sé en qué momento me colgó.

Juan Pablo Romero

Semi estudiante de enfermería.

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