Opinión Selección del editor

Escuchar, método clínico de salud pública

Aunque parece obvio, la verdad es que no siempre tenemos conciencia de la importancia de escuchar, para tomar decisiones. Pero en el área de la salud no solo es recomendable sino obligatorio: es parte del diagnóstico y tiene relación directa con el tratamiento.

Es bueno recordar que precisamente la palabra clínica tiene el mismo origen griego del verbo inclinar o inclinarse y se refiere a la actitud del médico que se inclina sobre el paciente para escuchar sus dolencias. Escuchar implica entonces ponerse a la altura del otro, pero sobre todo entender su condición. Nada más alejado de esa idea que la de quien hace el diagnóstico desde una condición de superioridad o sin desarrollar la capacidad de oír los argumentos y los puntos de vista distintos.

Ese es el eje de la salud pública, como nos enseñó Héctor Abad Gómez, cuyo asesinato nos lo trajo esta semana a la memoria precisamente en la celebración del día nacional del salubrista, pues se le considera el padre de la Salud Pública en Colombia. Él le reclamó a esta sociedad que se ocupara de llevar agua potable a los más pobres y que no los mirara con pesar, sino como iguales en condiciones desiguales.

Nunca fue suficientemente escuchado y en parte por eso, la marginalidad y la inequidad siguen siendo pan nuestro de cada día, y han sido campo abonado para una pandemia como ésta que nos tocó vivir y que constituye, sin duda alguna, la más grave crisis de salud pública de nuestra época.  Una situación para la que nadie estaba preparado y que, en consecuencia, nos obliga a mantener alerta todos los sentidos para hacerle frente de la mejor manera, sin falsas disyuntivas como las de vida o economía. Escuchar, como método clínico para diagnosticar y determinar el mejor tratamiento; escuchar como método de gobierno transparente y cercano; escuchar como convicción de vida, que nos define como semejantes.

Y así como se ha reiterado que no hay manuales ni expertos en el caso específico del Covid, sigue siendo útil, diría obligatorio, escuchar como método y como forma de establecer relaciones respetuosas con los demás. De allí que desde el minuto cero de la pandemia en el Gobierno de Antioquia se convocara a la academia y a los empresarios, a los representantes de la sociedad y a los expertos, para tomar decisiones que no siempre son fáciles ni de buen recibo, pero que siempre están sustentadas.

Hoy, ante el panorama de reapertura de la economía y las actividades sociales, debo reiterar que los datos de los expertos recomiendan que debería hacerse un tránsito más sutil, más gradual, para garantizar que sea más seguro. Pero más allá de las opiniones y de los gustos, se trata de una realidad que nos supera y que obliga a redoblar los esfuerzos individuales en materia de protección y autocuidado. No es momento de ahondar en polémicas ni buscar aprobaciones, se trata de mantener el propósito superior de la protección de la vida como el norte fijo, por eso, es preciso que cada uno se haga responsable del uso del tapabocas, del distanciamiento y del lavado de manos como parte del compromiso consigo mismo y con los demás.

Debo insistir, como he dicho en varios escenarios, que no es lógico que tenga que haber decretos que nos obliguen a cuidarnos. Esa es una actitud que debemos promover con convicción para no perder lo que hemos construido como sociedad y que debemos mantener como un activo.

Seguiremos escuchando como corresponde y como nos impulsa a hacer nuestra coherencia. Confío en que seremos capaces de superar la hora oscura y, no pierdo la esperanza de que después de esta tormenta saldremos fortalecidos y seres mejores como seres humanos.