![]()
Estados Unidos atraviesa una escasez de ganado sin precedentes en su historia reciente. Su inventario cayó a 86,2 millones de cabezas, el nivel más bajo en 75 años.
Tan significativa reducción del hato disparó los precios de la carne y de su expresión más popular: la hamburguesa, el “lunch” de la inmensa clase media estadounidense, por lo que, con elecciones en noviembre, el olfato político de Trump lo llevó a autorizar la importación adicional de 300.000 toneladas de carne bovina en 90 días.
No parece una necesidad pasajera. Estados Unidos puede recomponer el hato rápidamente, pero el crecimiento de la población mundial genera una escasez que podría extender las importaciones más allá de los 90 días.
Estados Unidos necesita carne y Colombia tiene ganado. Con cerca de 30 millones de bovinos y un gran componente de razas cebuinas alimentadas a pasto, tenemos lo que requiere ese mercado: carne magra para mezclar con sus cortes grasos y abastecer su gigantesca demanda de carne molida, en un país que consume 150 hamburguesas/hab./año, para un total cercano a ¡50 mil millones! Lo dicho, Trump quiere ganar las elecciones.
Ahora, cuando los dos gobiernos negocian un Acuerdo de Comercio Recíproco y existe una coyuntura política favorable, nuestro ministro de Comercio llevó la carne colombiana a esa mesa de negociación, pues durante catorce años de vigencia del TLC la carne estadounidense ha ingresado a Colombia sin que la nuestra logre acceso a su mercado.
Tras grandes logros sanitarios, no podemos perder esta oportunidad, que coincide con mi carta a los ministros de Comercio y Agricultura insistiendo en la urgencia de abrir ese mercado, pues el acceso no puede seguir patinando entre trámites y estudios mientras otros países siguen vendiendo y aprovecharán el cupo adicional, al cual se suma la creciente demanda de China.
El tema trasciende las exportaciones y es un factor impulsor de la ganadería con implicaciones sociales. Una demanda sostenida enviaría una señal económica a toda la cadena, hasta llegar al pequeño criador del Caribe y el trópico bajo, y aceleraría la reconversión de miles de productores que sobreviven ordeñando vacas de cuatro o cinco litros y destetando terneros de apenas 160 kilos. Con un mercado atractivo para la carne, criar terneros a toda leche de 200 kilos o más en menos tiempo sería mejor negocio.
No pretendemos preferencias ni desconocer exigencias sanitarias. Los ministerios de Comercio y Agricultura, la Cancillería, ICA e INVIMA, de la mano con el gremio ganadero, deben evaluar pendientes, con la trazabilidad regionalizada como prioridad, y acordar una hoja de ruta con metas y responsables para llevar a la negociación en Washington.
Después de catorce años de TLC, nunca las circunstancias habían coincidido de manera tan favorable: Estados Unidos necesita carne, Colombia puede producirla y estamos negociando con ellos. Es ahora… o nunca.














Comentar