Entre matas de banano, artesanos del campo y caprichos del mercado

Juan Pablo López Cortés

“Tripulación prepararse para el descenso”, anuncia el piloto al pasar sobrevolando el cañón de la “Llorona” mientras las personas sentadas en las filas A y B divisan cómo el Río Sucio que viene desde Cañasgordas, deja de estar atrapado y empieza a irrigarse por la llanura de Mutatá buscando integrarse con el exuberante Atrato. Pocos minutos después y en tanto que el avión desciende se empieza a divisar el paisaje de un cultivo bien característico, el de las musáceas.

Un Mar de matas de banano donde se viaja en el tiempo, más de 33.000 hectáreas bananeras bordean las principales ciudades de Urabá, algo así como 53 millones de matas (casi la misma población de Colombia) que poéticamente cuentan la historia de sus antepasados caminando a través de las fincas.

¿Y eso que significa?, Pues resulta que en cada mata hay una historia de continuidad, las plantas de banano no son estáticas; caminan, avanzan lentamente a través de la tierra, cada hija nace unos pasos más allá de su madre, cada madre entrega la vitalidad que le resta para asegurar el desarrollo de su hija, y, en muchas ocasiones, la naturaleza deja distinguir con claridad a la abuela, a la madre y a la hija antes de que se transformen en materia orgánica para el suelo, en un proceso de regeneración casi perpetuo.

Cada una de estas matas debe ser atendida de manera individual y directa a lo largo de la semana con “labores”: Saberes culturales que han pasado de generación en generación. Los trabajadores bananeros son artesanos de la producción a gran escala, embolsan cada bacota, marcando su fecha de parición con un cinta distintiva, – así es, las matas paren y de vez en cuando hasta abortan a causa de un estrés-; a partir de ese momento, entre 7 a 15 personas manipulan la mata o su racimo (embolse, amarre, desflore, desde, colocada de protectores, cirugía de hojas, entre otras) antes de que se convierta en una caja de 18,6 kilos con aproximadamente 100 bananos con destino a Hamburgo, Amberes, Argelia o cualquiera de los más de 30 destinos del mundo donde arriba nuestra fruta.

Mas de 120 referencias diferentes se manufacturan en un año normal en las fincas bananeras, referencias que reflejan un poco los caprichos y la hipocresía del mercado “sostenible” en el primer mundo, llenos de exigencias costosas y superficiales que no necesariamente se ven reflejados en el precio al productor. Cada mano que da el racimo de banano se compone por entre 3 a 4 “gajos” o “clústeres” y en cada uno de estos hay entre 6 y 7 bananos, con un largo y un grosor mínimo, además de una cosmética impecable, de acuerdo con las especificaciones definidas para su exportación.

A toda velocidad realizan a toda velocidad los y las “selectoras”, realizan un corte quirúrgico con la gurbia, escogiendo los “Cluster” que cumplen las especificaciones de primera y van a satisfacer las exigencias de cada supermercado. Calculo que cada día estas personas pueden clasificar desde la inspección visual al menos 25.000 bananos; y no puedo dejar de imaginarme la red neuronal en sus cerebros generando millones de impulsos eléctricos por segundo para procesar esa cantidad de imágenes.

Cada planta que se mueve en las fincas bananeras, cada persona que la cuida para que produzca buena fruta, cada ser que empaca con cuidado para que el mercado esté a gusto, renueva día tras día una tradición que representa rebeldía, empresarismo, terquedad y el gran valor de los sueños que se construyen en equipo.

Lo que comenzó hace más de 60 años en un acto de rebeldía y desobediencia por parte de empresarios y visionarios antioqueños, quienes ante los abusos de la UFCO (United fruit Company) fundaron UNIBAN (Unión de Bananeros de Urabá) se ha convertido hoy en una institución agroindustrial admirable, donde comercializadoras, gremios, sindicatos, productores y trabajadores, conforman las más de 100.000 personas que trabajan en equipo por aportarle casi 6 puntos al PIB agrícola del país, y consolidar el banano como el  cuarto renglón de nuestra economía de exportación.

Juan Pablo López Cortés

Ingeniero Mecánico/Magister en Económica.
Director Operativo Parques del Río Medellín 2012-2016.
Secretario de Infraestructura de Antioquia 2020 – 2021.
Secretario Sectorial Desarrollo Territorial Sostenible de Antioquia 2021 – 2023.

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