El rol del economista

Los economistas son comúnmente vistos, tal cual lo menciona Jean Tirole en La economía del bien común (Taurus, 2017), como “los consejeros del príncipe”. Esto es, académicos con conocimientos profundos que están sobre la realidad y solo hablan al oído de los tomadores de decisiones, sin tomar ellos ningún riesgo o responsabilidad directa sobre las implicaciones socioeconómicas de su consejo. No obstante, no es así́ la gran mayoría de las veces.

Es cierto que el papel del economista en el ámbito de la investigación puede ser tomado como un activo social, pues su producción investigativa brinda orientación a todos los agentes que interactúan en la sociedad; además de expandir las fronteras del conocimiento, permiten explorar más y mejores alternativas a las vigentes. Es la investigación económica la que ha favorecido el poder propagar y solucionar algunos errores de la “vieja economía”, como los problemas que se plantean en torno a la teoría de la formación de precios, los determinantes del valor, e incluso los avances más recientes alrededor de la teoría del capital.

Son las producciones investigativas de los economistas, las que han permitido que ahora sea claro para todos –o casi todos– que los precios son la forma en la que se presentan las diferentes alternativas; que el valor de las alternativas, está determinado por la escasez y una valoración subjetiva y personal de los individuos sobre ellas; y que el capital es la valoración a precios de mercado de todos los bienes de capital, que actúan como apoyo logístico a los agentes –empresarios y trabajadores– para transformar el ambiente y presentar más y mejores alternativas.

Sin embargo, el economista no se debe pensar como un activo social únicamente cuando se dedica a la investigación. No. El economista tiene un amplio abanico de opciones en las que puede desempeñarse aparte de la investigación, por ejemplo: la docencia, las consultorías pública y privada, la formulación de políticas públicas o de proyectos en general, el ser periodista, entre otras. Todas estas áreas que puede desempeñar el economista son de vital importancia.

El rol del economista no es ser un ingeniero social, que está realizando sofisticados modelos econométricos desde supuestos robustos que buscan optimizar las conductas humanas. Es decir, el rol del economista no se basa en el planteamiento de que las personas responden a estímulos, para así, al encontrar los incentivos correctos, lograr encausar y determinar los comportamientos humanos. El rol del economista, más que como un ingeniero social, es similar al de un jardinero, pues, al saber que las personas responden a estímulos, el economista debe velar –con gran ímpetu– que las instituciones (reglas de juego) promuevan la conservación de los incentivos favorables para el crecimiento personal y la convivencia humana en armonía.

Si bien siempre existen riesgos en el papel público o mediático de los economistas, no se deben anticipar los juicios de valor sobre el economista que es periodista, profesor, consultor, y demás, sino que se debe analizar la calidad y la robustez científica que recae sobre sus declaraciones, ideas o planteamientos, siempre partiendo de la base teórica que permite explicar la causalidad detrás de la estadística. Resulta de vital importancia recordar frecuentemente que la estadística no es economía, y que solo la teoría económica tiene la capacidad de establecer causalidades entre los fenómenos y las acciones humanas, y que los sofisticados modelos estadísticos solo pueden mostrar correlaciones entre las variables empleadas.

En síntesis, el rol del economista no es solo el de ser “consejero del príncipe”. También, debe ser el consejero del empresario, del emprendedor, del ahorrista, del pensionado, del desempleado, del periodista… en general, el economista debe ser el consejero de la sociedad.


Esta columna apareció por primera vez en nuestro medio aliado El Bastión.

Jair Viana

Director de Investigación de LIBERTANK. Analista económico y financiero, y columnista para varios medios con estudios especializados en políticas públicas, crecimiento económico y estabilidad. Amplia experiencia en gestión de activos, planificación financiera y macroeconometría.

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