“En el fútbol, como en las organizaciones, el equipo que mejor decide bajo presión no siempre es el más talentoso, es el más lúcido.”
Hay algo que el Mundial tiene que la mayoría de las reuniones de junta directiva no y son consecuencias inmediatas, pierdes y te vas a casa, no hay segunda oportunidad, no hay indicador que suavice el resultado, no hay comité que posponga la decisión; en el fútbol de eliminación directa, cada partido es una radiografía instantánea de liderazgo y por eso me fascina mirarlo desde la academia.
Lo que ocurre en una cancha durante una fase de eliminación directa no es tan diferente de lo que ocurre en una organización cuando llega la crisis, toda vez que aparece la presión, se acaba el tiempo, el entorno cambia y de pronto los planes perfectamente elaborados chocan con una realidad que no leyó el informe de gestión y en ese momento, la diferencia entre los equipos y entre los líderes, más que en el talento individual, está en la calidad de las decisiones colectivas.
Aquí es donde la academia del management tiene algo incómodo que decir, los equipos más talentosos no siempre ganan y eso lo sabemos en el fútbol porque lo vemos y no solo cada cuatro años; esto es algo que ignoramos en las organizaciones porque nos resulta más cómodo creer que contratar al mejor perfil resuelve el problema, sin comprender que lo que resuelve es la cultura de decisión que existe cuando el partido se pone difícil.
Un director técnico no puede jugar, solo puede preparar, diseñar, anticipar y, cuando empieza el partido, confiar en que quienes están adentro sepan leer el juego mejor de lo que él puede controlarlo desde afuera y eso en liderazgo organizacional lo conocemos como delegación con criterio y no se refiere a soltar el control, es construir tanta claridad de propósito en el equipo, que el equipo mismo pueda decidir bien sin que el líder esté presente en cada jugada.
Las organizaciones que fracasan en sus momentos de mayor presión casi siempre tienen el mismo síntoma, líderes que no soltaron a tiempo, equipos que no fueron formados para decidir solos, y culturas donde el error se castiga más que la omisión, en el fútbol es ese equipo que pierde en penales porque nadie quiso patear, justo lo que presuntamente sucedió en el equipo alemán, dejando a los europeos fuera del mundial.
Hay otra lección que el Mundial deja con claridad brutal y es que la fatiga de decisión es real, donde los equipos que más deciden en los primeros tiempos, los que presionan, que arriesgan, que proponen, suelen llegar al final con menos capacidad de respuesta; lo mismo ocurre en las organizaciones que consumen a sus líderes en decisiones menores durante todo el año y esperan que en la crisis reaccionen con lucidez máxima y debo decir que no funciona así, porque el criterio también se agota.
La pregunta que deja este Mundial, y que debería dejar cualquier proceso organizacional que se evalúe con honestidad, más que quién logró anotar mayor cantidad de goles, es quién construyó un equipo capaz de pensar cuando el partido estaba perdido, cuando el tiempo se acababa y cuando el miedo era la emoción más disponible, porque al final, en el fútbol y en las organizaciones, los que ganan son los que mejor saben leer el plan cuando la realidad lo desborda y no necesariamente el que parecía haber planeado mejor.
“Las organizaciones no fracasan por malas decisiones, sino por líderes que dejaron de pensar antes de decidir.”













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