El líder que no es líder y acoso detrás de un jefe de escritorio

     

El mal llamado jefe y su abuso del poder han estado muy de moda en tiempos de pandemia. Sin embargo, el acoso laboral, la explotación del trabajador, el estrés y otros factores han persistido durante años en pequeñas, medianas y grandes empresas tanto privadas como públicas. Algunos jefes con títulos bien obtenidos, varios (Especializaciones, maestrías y hasta doctorados) y además con amplia experiencia en el campo son el fiel ejemplo de que para el profesional no todo es tan malo.  Pero, en muchas ocasiones los títulos se quedan pequeños a la hora de tratar al subalterno (Palabra de jerarquización laboral, pero pobre, muy pobre de significado) no hay empatía y mucho menos tacto para afianzar una comunicación asertiva y motivar a su equipo. Además, hay que sumarle las bajas estrategias para liderar.

Por otro lado , están unos egocéntricos, a los que se le ha dado poder y no han hecho mucho por liderar sino que han tomado un rol dictador y de chantaje con sus colegas: “Si no haces esto, no me sirves” , “Te he dicho miles de veces lo mismo, y no lo estás haciendo”, “hazlo así” “quiero que propongas” Pero, el problema, va más allá de proponer, muchos empleados son productivos pero no son escuchados, no son apoyados, y cómo los jefes quieren sobresalir , pues él no me sirve se hace efectivo y muchos son despedidos con calumnias y falsos motivos.

En el año 2006 se expidió la Ley 1010 para darle un tratamiento legal al acoso laboral, un instrumento normativo que se convirtió en un catálogo de derechos, deberes y sanciones que rige a los trabajadores y empleadores colombianos en esta materia. La Ley en el artículo 2° define el acoso laboral como “toda conducta persistente y demostrable, ejercida sobre un empleado, trabajador por parte de un empleador, un jefe o superior jerárquico inmediato o mediato, un compañero de trabajo o un subalterno, encaminada a infundir miedo, intimidación, terror y angustia, a causar perjuicio laboral, generar desmotivación en el trabajo, o inducir la renuncia del mismo”. El artículo 6° específica que los autores del acoso laboral pueden ser: los gerentes, jefes, directores, supervisores o cualquiera que tenga una posición de dirección y mando, los superiores jerárquicos, los trabajadores o empleados. Y las víctimas: los trabajadores o empleados, los servidores públicos (empleados públicos y trabajadores oficiales) y los jefes inmediatos cuando el acoso provenga de sus subalternos. Así mismo, serán partícipes los empleadores que promuevan, induzcan o favorezcan el acoso y los que omitan los requerimientos y amonestaciones derivados de este tipo de conductas.

Para el año 2019, hasta el mes de agosto, el Ministerio de Trabajo había reportado 775 denuncias por acoso laboral, es decir, Bogotá (con 428 casos), Valle del Cauca (111), Antioquia (59) y Caldas (27 casos) son los departamentos con mayor número de denuncias por acoso laboral radicadas hasta junio de ese año, según el informe de la firma global de abogados.

Cabe resaltar, que en el mayor número de los casos la víctima de acoso es mujer.  Así mimo, el documento evidencia que el maltrato laboral es la modalidad de acoso con mayor incidencia en Colombia, “dada la mejor capacidad para probarla, en comparación con otras conductas como la persecución, la discriminación, el entorpecimiento, la inequidad o la desprotección laboral”.

Situación que he escuchado infinidad de veces, colegas, amigos, entre otros, que narran la problemática una y otra vez. Esta misma que en algún momento vivencié con una jefe, que a todas estas en el contrato nunca estuvo estipulada como eso, pero a la cual le habían dado un voto importante en la toma de decisiones. De ella, aún recuerdo que era dedicada, buena en lo que hacía y comprometida. Pero, que, para liderar poco, poco. Era la típica jefe que se burlaba constantemente del trabajador, amenazaba con aplicar sanciones disciplinarias sin justificación; llamaba la atención delante de todos. Lo que incurría en conductas repetitivas y sistemáticas, las cuales se constituyen en acoso laboral. Situación que sorprendió por el sector, pues una empresa de comunicaciones donde la comunicación interna no existe, donde no hay empatía, donde solo hay un canal en que el emisor dice que hay que hacer, pero el receptor no puede retroalimentar el mensaje y aun así pretendían medir al empleado por su grado de proposición. Si entramos en comparación, no quiero ni imaginarme de empresas de otros sectores que no tiene tan claro el cuento, porque si las que se suponen fueron formadas para eso no vinculan los procesos y la esencia de sus servicios a nivel interno, son tan frívolas y no afianzan los canales y la atención para que el coequipero este motivado y sea feliz con lo que hace, que al fin de cuentas es lo que se ve reflejado en el resultado final de lo que la empresa vende, ofrece, etc.   No sé entonces, que tan perdidas estén las otras al momento de liderar, cosa que es muy diferente a mandar.

Es en ese momento que la motivación se apaga y el trabajo se convierte en un sufrimiento diario, las actividades empiezan a cumplirse por obligación, el horario se hace inllevable, el agotamiento empieza a dejar secuelas físicas y el temor de hacer el ridículo causa grandes crisis de ansiedad, que terminan por llevar al trabajador a la frustración.

En Colombia el trabajador calla, porque no quiere perder sus ingresos, su empleo (Tan difícil de conseguir y que actualmente está en un constante riesgo) mientras el jefe con ínfulas de creerse líder amedranta todo el tiempo con el despido, las largas jornadas laborales, los reclamos injustificados, el irrespeto por el otro. Pero, sobre todo que cruzan la línea cuando estos lanzan calumnias sin fundamento o cuando proyectan el cargo para otra persona cercana, esos pequeños actos de corrupción evidenciados, poco criticados y los cuales ninguna empresa debe acotejar pero que regularmente terminan justificando.

About the author

Andrea Ochoa Restrepo

Comunicadora Social- Periodista con énfasis en Educación de la Universidad Católica Luis Amigó.
Maestreando en Economía Aplicada Eafit
Apasionada por las letras, el periodismo investigativo y los viajes como una forma de conocer el mundo.

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