El golpe blando.  (libertad y orden)

CarlosMario Patiño

Como a los soldados que apresaron al presidente Alfonso López Pumarejo el 10 de julio de 1944 en Pasto les dijeron que éste los tenía negociados con Estados unidos para que pelearan la guerra mundial, hoy le quieren decir a las fuerzas militares y de policía en Colombia que si ejecutan las ordenes del presidente, la justicia penal militar los juzgará, como lo han hecho ordenando la captura del  oficial que aceptaron no masacrar campesinos en Caquetá. El miedo para promover la desobediencia de las bases de las fuerzas militares y destruir el país si es necesario.

La oposición mentirosa y canalla al proceso de paz mostró muy bien, en nuestra época, el alcance de la derecha Colombiana que es capaz de destruir el país, hacerlo invivible, con tal de garantizar que el contrincante político pueda resolver problemas estructurales de la sociedad.

Por estos días, algunos congresistas y activistas hemos denunciado que lo que parece ocurrir en Colombia es el desencadenamiento de un plan organizado para sacar de manera forzosa al presidente Petro del cargo antes de que termine su periodo constitucional, se ha denunciado  un “golpe blando” como estrategia para desestabilizar el país al punto de obligar al gobierno a dimitir para evitar el caos.

No es paranoia pensar en esta estrategia cuando en la historia de Colombia cunden los ejemplos de este tipo de estrategia; en la primera mitad siglo XX los conservadores aliados de Hitler, Franco y Musolini, orquestaron un golpe militar capturando al presidente y atacando su legitimidad al punto de obligarlo a renunciar.

El presidente más progresista del siglo pasado, Alfonso Lopez Pumarejo, quien trato de reformar la propiedad de la tierra, reformó la educación pública e impulsó políticas económicas de redistribución fue victima de un proceso de ataques a su familia, de calumnias mediáticas y procesos de desestabilización institucional y renunció anticipando que la división del pueblo podría generar que Laureano Gómez lograra hacer invivible la república y causar una guerra política que causara muchas muertes. En el periodo siguiente se eligió a Mariano Ospina, gobierno en el que mataron al candidato liberal con más opciones Jorge Eliecer Gaitán y se desató la violencia que trató de evitar López con su renuncia.  Es el conocimiento de nuestra historia, no tan lejana, y no la paranoia la que nos lleva a creer que se orquesta un plan de características similares al de los 40.

La derecha Colombiana cuando no puede desestabilizar mata, como se probó con el genocidio sistemático de la Unión Patriotica, ellos mismos, en la misma tónica en la que comparten el eslogan del escudo, dicen que la colombiana es la democracia más estable de Latinoamérica; estable porque su hegemonía política ha estado erigida en el genocidio, los golpes blandos y otras formas de violencia política.

La oposición confía en que el presidente Petro es un demócrata, sabe muy bien, que no arrastrará al país al desangramiento fratricida y por esta razón tratan de arrinconarlo, saben – aunque no lo acepten – que la insurgencia ha sido una excepción en la historia pacifica de la izquierda en Colombia y que el presidente preferirá renunciar que ver morir a los Colombianos, tal como lo hizo López.

El gobierno del cambio hace parte de este mundo, compañeros, nada mundano se acerca a la perfección; si la unidad popular que logró el primer gobierno progresista del siglo se desbarata por la vía de la calumnia mediática y la propaganda desestabilizadora habrá triunfado el miedo.


Todas las columnas del autor en este enlace: https://alponiente.com/author/carlosmario/

Carlos Mario Patiño González

Abogado de la Universidad de Antioquia, Magister en Derecho económico del Externado de Colombia, de Copacabana-Antioquia. Melómano, asiduo conversador de política y otras banalidades. Tan zurdo como puedo pero lo menos mamerto que se me permita.

Comentar

Clic aquí para comentar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.