El coste emocional de ser un mesero

Antes de tratar con un mesero, la gente debería preguntarse por los sueños de Mafer, los problemas de Mar y la paciencia de Sandra. También podría preguntarse por sus historias, atreverse a romper la etiqueta de mesero para ver por delante a un ser humano como cualquier otro que carga con problemas y un trabajo demandante.


En la antropología, una función vital para el hombre es la de la nutrición y a diferencia de los animales podemos darle valor a lo que comemos según cómo preparemos, consumamos y sirvamos un alimento. Es uno de los motivos por los cuales existen restaurantes en todo el mundo donde variedades de platillos son preparados por distintos ingredientes y chefs de talla.

Dentro de toda la estructura organizacional en un restaurante, existe un área dedicada al servicio y que cobra protagonismo cuando los meseros se alinean en determinadas zonas del lugar para darle la mejor experiencia al consumidor, este último puede llegar a ser tan exigente como el jefe de una empresa.

Empecé asistiendo a meseros en un lugar arquitectónicamente agradable. Y es que hasta para una labor casi desapercibida hay que tener habilidad y talento. El trabajo de un mesero va más allá de recibir al cliente, comandar una orden, entregar el pedido y despedir amablemente a los comensales; pues, hay un coste psicológico debido a que esta ocupación agrupa una serie de factores que incluyen la carga mental, organización y presión de tiempo. Por esas razones, es urgente hablar del ámbito emocional y habilidades psicosociales que intervienen en este trabajo.

La seguridad y el carisma deben ser parte de cada uno con la finalidad de darle acogida y una sutil confianza al cliente. Mafer simpatizaba con la mayoría de gente, dibujaba sonrisas que pudo haber usado en Argentina cuando estudiaba Medicina Humana. Ella poseía el don de conectar fácilmente con las personas a través de una sonrisa sincera, ligera y humana. No se nace siendo seguro y carismático, se aprende a serlo y de Mafer eso podía aprenderse muy bien.

De la misma manera, la resiliencia y la prudencia son otros de los aspectos que deben desarrollarse en un mesero. A pesar de los problemas que el mesero cargue, hay que darle la versión más limpia a un comensal porque en ese momento no importan la ansiedad ni la depresión que el mesero lleve consigo.

Para Mar, el canto era un hobby y solía hacerlo acappella en la estación de servicio. Habría cantado muchas veces para gente en Venezuela, la vida la trajo al Perú y en ocasiones cantaba en el restaurante. Ahogaba sus problemas en el canto, en el baile y en su labor de mesera porque su trabajo le exigía actuar, como si de teatro se tratase, para atender exitosamente a un cliente. Entendí que las apariencias no engañan, es la gente la que se engaña a sí misma cuando presupone que el otro está bien sin siquiera haber preguntado.

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Sandra tuvo que gestionar sus emociones cuando una comensal no quiso pagar la cuenta debido a su estado de ebriedad. Después, optó por manejar la situación y llamó al encargado para dar solución al problema. Hay que ser prudente para evitar cualquier malentendido, entender que las emociones no pueden ganar en ese momento y continuar en el presente cuando el cliente sigue siendo el “más importante”.

Como mi breve experiencia lo determina, un buen mesero siempre tendrá buenas historias que contar, pero no siempre buenos clientes que atender. Excluyéndolo de cualquier interpretación peyorativa, como diría Nietzsche, lo que distingue esta vez a mi mente no es que haya sido capaz de ver algo nuevo, sino de ver como nuevo lo que es viejo, conocido, visto y menospreciado por todos.

¿Qué he visto? A personas que desempeñan más que un trabajo físico y que tras cruzar la puerta del restaurante dejan todos sus problemas para enfocarse en conectar con gente desconocida y atenderlos. La labor de mesero es excepcional por las capacidades sociales, psicológicas y físicas que involucra. En otras palabras, el mesero observa, evalúa, se acerca, descubre al cliente y conecta con él para ofrecerle la carta y posteriormente entregarle los platos.

Antes de tratar con un mesero, la gente debería preguntarse por los sueños de Mafer, los problemas de Mar y la paciencia de Sandra. También podría preguntarse por sus historias y atreverse a romper la etiqueta de mesero para ver por delante a un ser humano como cualquier otro que carga con problemas y un trabajo demandante.


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Ronald Cordova Iman

Soy Ronald Fabián Córdova Iman, estudiante de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Piura. Disfruto escribir sobre muchas cosas, pero en especial, acerca de política, filosofía y cine. Actualmente escribo para Revista Sociedad, Libertad Sin Miedo y la revista colombiana Pequeños Relatos. También, he sido asistente de producción y reportero en Piura Plus TV. Asimismo, estoy desarrollando un podcast para introducir a las personas en la filosofía. En mi tiempo libre realizo poesía y dicto clases. Finalmente, algo muy importante que le recuerdo a las personas es la importancia de los sueños porque solo a través de los actos de amor hacia lo que uno hace se puede inspirar a los demás a construir un mundo nuevo, renovarlo y renacer dentro de él.

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