El camino de la guerra: Rusia y Ucrania

Y nuevamente reescribimos sobre la guerra, ya se ha hecho tan común en la vida de todos los seres que habitamos esta tierra, que lo raro sería escribir sobre la paz y sobre el mundo caricaturesco donde todos se toman de las manos y se abrazan.”


La guerra no es un fenómeno independiente, sino la
continuación de la política por diferentes medios.
-Carl P. G. von Clausewitz-

Y nuevamente reescribimos sobre la guerra, ya se ha hecho tan común en la vida de todos los seres que habitamos esta tierra, que lo raro sería escribir sobre la paz y sobre el mundo caricaturesco donde todos se toman de las manos y se abrazan. Pero entonces, ¿por qué es tan común la guerra en nuestras vidas? Creeríamos que la respuesta es fácil, pero es más compleja de lo que se piensa.

Una respuesta precipitada nos podría llevar a pensar que quizás los seres humanos prefieren el conflicto y el caos, al ser algo inherente a la conducta humana, y si nos trasladamos mentalmente a hacer un recorrido por la historia del hombre, podemos recordar a aquellos seres que se enfrentaban en épocas primitivas a los animales por instinto de supervivencia, pero que además, en tiempos posteriores, seguían luchando y peleando, con la diferencia que esta vez se cambió de contrincante, encontró en otros seres una discrepancia o diferencia como excusa para tal fin.

Miles de años después de aquellas épocas, la historia de la humanidad ya ha sumado “dos guerras mundiales” en su prontuario criminal, las cuales han dejado sólo destrucción, hambre, miedo, muertos y pobreza. Algunos en este punto dirían, “son sólo dos guerras para una gran cantidad de años y de población”, sin embargo, no podemos dejar de sumar el incalculable número de conflictos que se han suscitado entre naciones, regiones, ciudades, incluso, entre pequeños grupos poblacionales.

Y lo peor de todo lo anterior es que el hombre ha encontrado, y seguirá hallando, todas las excusas y causas posibles para estar en guerra: la religión, el sexo, la raza, el poder, el territorio, los recursos, la soberanía, e incluso, de manera hasta paradójica, se ha incluido dentro de las causas de una guerra la lucha por la paz, olvidándose que ésta siempre ha estado ahí presente, sólo que preferimos usarla de comodín o cortina de humo para justificar la causa.

Ahora sí, entrando en el tema que nos ocupa, sumando a nuestra incontable lista de guerras surgidas alrededor del mundo, llega el conflicto bélico entre Ucrania y Rusia, el cual se encuentra en el radar de toda la comunidad internacional, robando de la mirada de todos y haciendo olvidar a los demás que existen otros conflictos. Lamentablemente, esta es la realidad de esta pugna moderna, mediática y sobretodo, trágica.

Frente a las causas del conflicto entre ambas naciones, se han lanzado un gran número de conjeturas y posibilidades en busca de brindar una respuesta, incluso desde las teorías conspirativas, se ha dicho que surgió como una estrategia de Estados Unidos para debilitar a Rusia y que el Pentágono de Estados Unidos estaba financiando laboratorios de armas biológicas en Ucrania.

Ahora, tratando de encontrar una respuesta un poco más objetiva y fundamentada, se plantea que tiene sus orígenes después de la segunda guerra mundial, cuando “los países aliados, que era un bloque conformado principalmente por Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética (URSS) lograron derrotar a la Alemania Nazi. Si bien la alianza fue exitosa para ganar la guerra, la visión política y económica al interior del grupo era muy distinta e imposibilitó sostener relaciones estrechas luego de la Guerra”.[1]

Posterior a esta época, surgió un nuevo periodo, el cual se denominó «la guerra fría», el cual se caracterizó por continuas tensiones entre Estados Unidos, la Unión Soviética y sus aliados, sin embargo, éste no escaló hasta lo que conocemos propiamente como una guerra. Esta fase dio como resultado que, de un lado, Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países de Europa Occidental, en 1949, se unieran y conformaran la Organización del Tratado del Atlántico Norte –en adelante OTAN–, como una estrategia política y militar para contrarrestar la amenaza de la expansión soviética. Y, de otro lado, que la Unión Soviética creara con sus aliados lo que se denominó el Pacto de Varsovia, en 1955.

En el año 1991, después de fuertes tensiones políticas, se disolvió la Unión Soviética y con ella los ideales que los mantenían unidos, promoviendo que, algunos países que la conformaban como Ucrania, se alejaran del sistema socialista que lideraba Rusia, y se acercaran hacia el modelo norteamericano capitalista. Tanto así que, a finales del siglo XX, algunos países ya independizados de la Unión, decidieron ser parte de la OTAN y compartir sus propósitos.

Es por lo anterior que Rusia no simpatiza con la OTAN y se ha constituido en una amenaza para la misma Federación, por lo que busca limitar su expansión y su hegemonía. Se dice que la ruptura total de las relaciones entre la organización y Rusia llegó en 2014, “con la anexión rusa de Crimea y el inicio de la guerra del Donbass en el este Ucrania. Acciones que una gran parte de la comunidad internacional consideraron como ilegales”, así mismo, se plantea que “el despliegue de tropas rusas en la frontera ucraniana responde al rotundo no de Rusia ante la posibilidad de que Ucrania se sume a la OTAN. Para Rusia esto es una línea roja en dos aspectos: uno geopolítico y otro histórico.”[2]

Actualmente, Rusia, en cabeza de su presidente Vladimir Putin, pretende neutralizar la amenaza, retomar el control de Ucrania y defender la soberanía de la Federación, por lo que busca recuperar el poder de su opositor a través de la mejor arma que conocen: la guerra. Como excusa, y dentro del discurso nacionalista del presidente ruso, se hace referencia a la hermandad que debe existir entre ambas naciones, hasta el punto de ser una sola para ser más fuertes y exitosos.

Ahora, para la OTAN, actualmente conformada por 30 países miembros, dentro de sus estrategias militares se busca, como primera medida, la resolución pacífica de controversias, sin embargo, cuando dichos esfuerzos diplomáticos no dan fruto, deben activar la fuerza militar y emprender operaciones de gestión de crisis. Dichas operaciones son realizadas bajo la cláusula de defensa colectiva del tratado fundacional de la OTAN (Artículo 5 del Tratado de Washington), o por mandato de las Naciones Unidas, por sí sola o en cooperación con otros países y organismos internacionales.

Es por lo anterior que la OTAN, en busca de dar cumplimiento a los fines de la organización, en el presente conflicto con Rusia, ha decidido intervenir de manera indirecta, es decir, por ahora se brinda financiamiento para ayuda militar al gobierno de Ucrania, en cabeza de Volodymyr Zelensky, mediante municiones y armas de todo tipo, pero en caso de que el país ruso llegue a utilizar armas químicas o nucleares en suelo ucraniano, intervendrá directamente. Frente a esto último, Ucrania ha denunciado, aunque sin confirmarse, que Rusia utilizó una sustancia venenosa de origen desconocido la cual fue arrojada desde el UAV (vehículo aéreo no tripulado, dron) sobre la planta de Azovstal en Mariúpol.

Como es evidente, el panorama no es el mejor, cada vez más la incertidumbre y las especulaciones se apoderan de toda la comunidad internacional, la cual se encuentra expectante frente a lo que ocurre entre ambas naciones. En el punto en el que estamos ni los expertos y estudiosos del derecho internacional podrían vaticinar el desenlace de este trágico enfrentamiento. Lo que sí, ya es un hecho, son los muertos, la sangre derramada, los miles de refugiados y desplazados que han tenido que huir de su país en busca de protección.

Frente a los refugiados y desplazados, desde la Agencia de la ONU para los Refugiados –ACNUR-, se ubicó la emergencia en Ucrania en un nivel 3, el más alto nivel del que dispone la agencia. Las cifras no son alentadoras más de 5,5 millones de personas refugiadas han huido a países vecinos desde el 24 de febrero, cifra que va en aumento y hasta la fecha, hay más de 7 millones de personas en situación de desplazamiento[3].

Finalmente, se concluye el presente análisis con los siguientes interrogantes ¿Cuál ha sido el papel del derecho internacional dentro del conflicto en curso, así como sus límites y sus alcances? Lo anterior, ya que se supone que desde el Derecho Internacional se propende por la protección de los derechos humanos por parte de los Estados, los cuales son responsables de garantizarlos. Así como también se presume que este código universal de conducta atiende las exigencias humanas de respeto y solidaridad, al tiempo que constituye un criterio compartido de legitimación para las instituciones políticas, toda vez que la función prioritaria del Estado es asegurar la plena vigencia de los mismos. Pero, entonces, ¿Dicho código de conducta se ha cumplido por parte de los Estados y la Comunidad Internacional?


[1] Extraído de: https://www.larepublica.co/analisis/mauricio-santa-maria—anif-2941063/rusia-ucrania-un-conflicto-de-consecuencias-globales-3320750#:~:text=El%20inicio%20de%20actividades%20b%C3%A9licas,blinde%20la%20neutralidad%20del%20pa%C3%ADs. Recuperado el: 3 de mayo de 2022.

[2] Extraído de: https://www.france24.com/es/programas/historia/20220223-otan-historia-rusia-ucrania-crisis. Recuperado el: 3 de mayo de 2022.

[3] Extraído de: https://www.acnur.org/emergencia-en-ucrania.html. Recuperado el: 4 de mayo de 2022.

About the author

Johanna Zapata González

Comunicadora Gráfica Publicitaria
Especialista en Mercadeo Gerencial
Estudiante de Derecho

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