Opinión Política

Dudas sobre el juicio a Belalcazar

El 28 de abril del 2021 gran cantidad de personas, presuntamente pertenecientes a la comunidad o etnia Misak derribaron la estatua de Sebastián de Belalcazar, fundador de Cali. Suscitando así una mirada al pasado y al debate sociopolítico. Por lo que conviene revisar la vida y obra del fundador de Cali y de muchas otras ciudades. En el marco del territorio que nos compete:

Don Sebastian de Belalcazar, antepasado de todos nosotros, es invitado por su amigo Pizarro al Perú, allí se encarga del general inca Rumiñahui, que luego del vil asesinato de Atahualpa, se había coronado emperador asesinando éste a los familiares del mismo Atahualpa. Varios indígenas que habían sido víctimas del imperio incaico realizan una alianza con los españoles, para capturar al sanguinario Rumiñahui. Nos relata la historiadora Soledad Acosta, que dichos indígenas servían de espías y le narraban todos los movimientos del general inca, el cual había incendiado las poblaciones y sembrados que encontró a su pasó, asesinando también a las mujeres de su Harén.

Según Susana Matallana, fueron tres mil indígenas los que colaboraron de manera militar para enfrentarse ante el tirano y genocida Rumiñahui.

Una vez finalizada la existencia del general incaico, el español se queda gobernando y creando los primeros núcleos de civilización.

Después comienza entonces su lucha contra la rebelión de su Teniente Jorge Robledo, no soportaría el Gobernador Belalcazar dicha rebelión, y abusando de su poder termina ajusticiando a Robledo. En primera instancia el gobernador no es acusado, por lo que veremos a continuación:

Llegaría al Nuevo Mundo las denominadas Nuevas Leyes, que protegían a los amerindios. Entre las cuales prohibía con vehemencia la esclavitud de los nativos.

España envía al Perú como Virrey a Blasco Núñez de Vela. Núñez en su plena autoridad le da firme cumplimiento a Las Nuevas Leyes, según la historiadora doña Soledad Acosta de Samper, Núñez comienza a castigar y apresar a todos los españoles que tuviesen como esclavos a los indios, y a poner a éstos en libertad. Desatando así un fuerte malestar entre los encomenderos quienes inician una fuerte rebelión a la cabeza de Gonzalo Pizarro.

Este episodio histórico es relevante ya que una vez que Núñez es apresado y expulsado, consigue la ayuda de don Sebastián de Belalcazar.

Belalcazar había rechazado en primera instancia las Nuevas Leyes pero terminaría herido de gravedad defendiendo la Corona y desde luego la aplicación de las Leyes que protegían a los indios.

Una vez finalizada la rebelión de los encomenderos, victoria de la corona gracias a la valentía de Belalcazar, no le fueron agradecidos sus esfuerzos y rápidamente fue acusado de diferentes crímenes y condenado a muerte, las referencias históricas aclaran que las acusaciones venían de los enemigos personales del fundador de Cali, entre ellos la viuda de Robledo.

Claro está, que aquel que lo condenaría a muerte fue después esposo de la viuda de Robledo, dejando muy claro la  injusticia que sufrió Belalcazar.

Intenta viajar al viejo continente para defenderse, estando ya viejo, cansado, pobre y enfermo, muere sin alcanzar embarcar a España.

Sobre el juicio a Belalcazar el 28 de abril:

  1. Dudas sobre la condena a Belalcazar.

Los que tumban la estatua del fundador de Cali, el 28 de abril, acusan y condenan al español de «genocida». Por eso conviene hablar de la condena que se le impone a Belalcazar en vida:

Como nos lo relatan diversas fuentes, fueron sus enemigos personales los que lo acusaron y condenaron a muerte.

Cesar Cervera, especialista en historia, también deja claro que la condena a Belalcazar, se basó en rumores y no en hechos…

Anotemos también el informe realizado por la Asociación Cultural de historia y Arqueología Turdulia Belalcazarensis: serían Fray Marcos de Niza y Alonso de Palomino, resentidos con el adelantado, escribirían horrores sobre él que más tarde también Fray Bartolomé de las casas aprovecharía sin siquiera comprobar la veracidad de los hechos. Cesar Cervera, asegura que las cifras de Las casas fueron exageradas a voluntad, e incluso enciclopedistas franceses cuestionaron la veracidad de Bartolomé.

Entre los claro oscuros de la vida del Adelantado, las grandes acusaciones de déspota y genocida provienen de Fray Bartolomé, que como ya dijimos  la veracidad de sus relatos están en duda, y son varios intelectuales que lo cuestionan.

Por ejemplo William S. Maltby escribiría que «el amor de Las Casas a la caridad era mucho más grande que su apego  a la verdad», sin eludir que Bartolomé tergiversaba y exageraba sus cifras y anécdotas.

  1. Nemo esse iudex in sus causa potest.

Los que violentaron la estatua negaron la oportunidad del diálogo que tanto cuesta en este país, tienen una visión a blanco y negro del mundo, y es incomprensible el pensamiento de ser juez y parte como lo fueron ellos respecto a Belalcazar y a la historia nacional. Éste juicio sesgado no condena también a los miles y miles de indígenas, también antepasados de todos nosotros que se unieron por voluntad propia a Belalcazar en la empresa conquistadora.

  1. Ironías de «reivindicación».

El mismo día que cae violentamente la estatua, Edgar Velasco líder Misak, afirmó que tumbaron la estatua para «reivindicar la memoria del Cacique Petecuy», ignorando así las barbaries cometidas por Petecuy: por ejemplo, en la exposición «Oro de Colombia, chamanismo y orfebrería» encontramos que «La casa del cacique Petecuy, … tenía un inmenso tambor humano (…) (puesto que) La destrucción de la víctima sacrificial era, por otra parte, una condición necesaria para la reproducción de la vida y del cosmos».

También el historiador Gustavo Arboleda nos da cuenta sobre los otros horrores del cacique: «tenía en su vivienda más de cuatrocientos cueros de indios colgados, llenos de ceniza, cuya carne había sido manjar en la corte del cacique. En otras casas ostentaban tales trofeos; eran de los enemigos vencidos y tenía mayor mérito el indio que más gente hubiera matado».

La supuesta «reivindicación» de quienes tumbaron la estatua sería mas bien el cambio de un «genocida» por otro. Apoyándose en el absurdo racista por tratarse también de un indígena.