Despertar no es suficiente: El peligro de una Colombia sin rumbo

La noche ha sido larga en Colombia, pero más larga ha sido la discusión no siempre consciente sobre cómo debe organizarse una sociedad: ¿Desde el orden o desde la voluntad del pueblo?

Aquí aparece una tensión clásica que no es nueva, aunque muchos no la nombren. Por un lado, la visión de Thomas Hobbes, quien advertía que sin instituciones fuertes y autoridad clara, la sociedad cae fácilmente en el conflicto permanente. Para Hobbes, el problema no es solo quién gobierna, sino evitar que el caos reemplace al orden.

Por otro lado, la perspectiva de Jean-Jacques Rousseau, quien defendía que la soberanía reside en el pueblo y que las estructuras de poder, cuando se desconectan de este, tienden a corromperse. Desde esta mirada, la desigualdad y la exclusión no son accidentes, sino consecuencias de un sistema que ha dejado de representar la voluntad general.

El malestar social que hoy atraviesa Colombia parece alinearse más con Rousseau: Un pueblo que siente que ha sido ignorado, que cuestiona a las élites y que exige recuperar el control sobre su destino. Las movilizaciones, el discurso de “despertar” y la crítica a la concentración del poder reflejan claramente esa tradición.

Sin embargo, hay un riesgo evidente. Cuando la indignación se convierte en motor político sin estructura, se corre el peligro de ignorar la advertencia de Hobbes: Debilitar el orden sin tener un reemplazo sólido puede llevar no a la libertad, sino a nuevas formas de inestabilidad.

Colombia enfrenta, entonces, un dilema real, no retórico. No se trata de elegir entre pueblo o instituciones, sino de entender que ambos son necesarios. La voluntad popular sin reglas puede derivar en arbitrariedad; las instituciones sin legitimidad terminan en desconexión y abuso.

A esto se suma una tercera capa que muchas veces se menciona superficialmente: el llamado “espíritu de la Ilustración”. Pero pensadores como Immanuel Kant no hablaban solo de despertar, sino de asumir responsabilidad a través del uso de la razón, dentro de marcos normativos claros. No basta con cuestionar la autoridad; es necesario construir alternativas racionales y sostenibles.

El error, entonces, no está en la inconformidad, sino en creer que la emoción es suficiente para reemplazar la estructura.

Colombia no necesita únicamente un despertar rousseauniano ni un control hobbesiano absoluto. Necesita una síntesis: Instituciones fuertes, pero legítimas; liderazgo firme, pero responsable; ciudadanía activa, pero racional.

Porque al final, una nación no se sostiene solo con la fuerza del pueblo ni solo con la fuerza del Estado. Se sostiene cuando ambas dejan de competir y empiezan a funcionar en equilibrio.

Iván Flórez

Filósofo, egresado del programa de Filosofía de la Universidad del Atlántico, Barranquilla, Colombia. Docente, formador de las nuevas generaciones de pensadores críticos. Poeta, poesías publicadas en la Revista Taller Luna y Sol. Columnista de Noticias y comentarios.com
Apasionado por la literatura y la música.

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