Delirio adulador

La senadora Isabel Zuleta, para no quedarse atrás en un conflicto que los medios y los oportunistas amplificaron, sale diciendo que no tolera que no se le llame a Petro «presidente», porque, según ella, es un traidor quien reconozca que Petro no sea hoy nuestro presidente.

La senadora Zuleta, a falta de mérito propio, se ha promovido con delirios aduladores frente a Petro para parasitar la imagen del expresidente; hizo campaña para la consulta interna con el delirio de que Petro se iba a reelegir. Eso costó electoralmente, pero ella llamó la atención a costa de todos y obtuvo un protagonismo.

Ahora, sale con el delirio de que hay que llamar a Petro presidente porque De La Espriella se robó las elecciones. No tengo duda de que De La Espriella es un presidente ilegítimo, sobre todo porque es un agente extranjero; se parece mucho más a un virrey de la Colonia que a un presidente. Pero es —formalmente— el presidente.

Que Gustavo Petro sea un expresidente es un patrimonio republicano de la izquierda y una promesa incumplida de la derecha. Dijeron que Petro se quedaba (con ayuda de Isabel), que no reconocería la democracia, que sería un dictador; y con sus denuncias sobre el fraude electoral, salió pacíficamente de la Casa de Nariño. Aunque no le parezca, o le parezca menos rentable a la lambonería, ese es un argumento fuerte del Pacto Histórico frente a la sociedad.

Isabel ha perdido todas las inmerecidas oportunidades que ha recibido: fracasó haciendo la paz urbana de Medellín, no hace control político en Antioquia y en Ituango no saca votos ni la quieren ver; sin embargo, se mete en una pelea que no es de ella, con delirios aduladores, abriendo heridas para ganar en la división. Así son las gentes pequeñas.

El Pacto Histórico debe concentrarse en lograr consolidar un partido de masas, democrático, que haga control político y no esté por ahí dando bandazos y diciendo bobadas.

Llamar a Petro presidente no es reconocerle su legado, es un acto de lagartería impresentable. Petro es un expresidente, un gran expresidente y el hombre más valioso del progresismo en este siglo, que tiene la tarea de organizar una fuerza política que derrote a la derecha en las elecciones locales de 2027 —tarea que la fuerza parlamentaria elegida en 2022 no logró en 2023, preconizando la derrota electoral del proyecto en 2026—.

Si Petro se deja obnubilar por los aduladores, entonces fracasamos. Sé que sabe desconfiar de la mordacidad de las críticas y de la dulzura de los halagos; eso se aprende cuando hay poder y cuando se acaba. La autocrítica generosa y el trabajo colectivo son la ruta hacia la consolidación, y sabemos que Petro lo entiende; entiende que la historia requiere, para conservar su legado de cambio, un partido que no dependa exclusivamente de la potencia de su figura.

No hay que detenernos en estos conflictos. La gavilla que se ha armado alrededor de las declaraciones de Carolina Corcho tiene que ver con la disputa ontológica que enfrenta el partido en este año: o hacemos un congreso que oriente el partido a recoger las luchas populares, o mantenemos la disciplina de perros de las cúpulas capitalinas. Carolina representa esa lucha; la representó en 2025, y esa bandera le ha causado los más acérrimos enemigos, sobre todo los beneficiados por el lapicero. Seguiremos adelante para construir un partido capaz de recoger el clamor popular y que supere el delirio de los aduladores. No vamos a dar ni un paso atrás en la defensa del cambio. Y lo que fuera menester, ¡que sea!

Carlos Mario Patiño González

Abogado de la Universidad de Antioquia, Magister en Derecho económico del Externado de Colombia, de Copacabana-Antioquia. Melómano, asiduo conversador de política y otras banalidades. Tan zurdo como puedo pero lo menos mamerto que se me permita.

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