Opinión

Cuestionarme y Cuestionarnos

A la inercia que lleva el mundo parece que hoy no se cuestiona y si algunos lo hacen, la mayoría no se da por enterado de esa muda voz



Despierto en las mañanas con una sensación de inconformismo permanente, sigo esperando encontrar respuestas a esto que me causa desasosiego y es el sentido de responsabilidad, el colectivo y el individual, parece que el encargo de construir una sociedad evolucionada en el sentido cultural no avanza, y es que parece ser que el peso de ese instinto de superación social y personal sólo recae hombros de unos pocos o en realidad ¿somos más los que nos desvelamos con preocupación por comportamientos anacrónicos de indiferencia ante el paupérrimo espíritu que la adoración a lo superficial nos está llevando? Pero si la respuesta es afirmativa ¿somos entonces cómplices observadores de lo que está pasando?. A todos los que tan siquiera se nos ha ocurrido que algo en el entorno no está bien cuando nos enteramos de hechos de violencia, pobreza extrema o prevaricato político ¿nos falta sentido de pertenencia por el lugar que habitamos o hacemos parte de este ecosistema carente de liderazgo para asumir actitudes o iniciativas que al menos tengan la intención de cambiar en algo la realidad?

Cuando hablo de este problema al cual nos veo inermes, y lo pienso como ausentes de recursos intelectuales que nos permitan batallar en pro de la cultura inmaterial, cada vez creo más en que el mejor remedio estará en dotar a las personas de mejores medios que no suponen dinero, vehículos de doble tracción o tiquetes de avión a lugares insospechados, es más bien rejuvenecer a las mentes de cuerpos en sí mismo jóvenes que divagan en preocupaciones inconexas del sentido de urgencia que demanda la época actual, mentes perdidas en los portales de redes sociales que atraviesan paraísos en archipiélagos de sal marina desconocidos, pero que no se han dado cuenta que su propio paraíso terrenal se encuentra aquí, en ciudades donde la desigualdad social, la miseria y la pobreza pide a gritos cada vez en hechos más siniestros, el poder de la atención a comunidades, una atención rica en diversidad, conocimiento y buen ejemplo. Las armas que tanto reclaman en defensa la opinión publica, puede estar inventada hace siglos y sin embargo ni gobernantes o ciudadanos de a pie se han dado cuenta de su poder transformador, y es que en los libros se encuentran cautivos los pensamientos olvidados en el tiempo que son urgentes transmitir en este relevo generacional perpetuo que cada vez recibe una herencia de saberes menos jugosa, menos autocritica y más aún menos perseverante en el espíritu de liderazgo como valor esencial de influencia en las sociedades

El libro debería ser todo un ministerio del gobierno publico Colombiano, los maestros, y los padres como fundadores de la educación nacional han perdido el placer que significa trascender a través de las letras en un viaje mental que la imaginación atraviesa cada que se plantean utopías, hechos ya vividos y enseñanzas reveladas por autores que son no ciudadanos de una sola nación, pero que a diferencia de muchos han visto la urgencia de ser ciudadanos de un mundo global, que más allá de alimentar su ego en el reconocimiento público tan deseado hoy en día, ven la urgencia de nutrir de manera apremiante una frase que ha resonado más de una vez en mi ser y en la de algunos otros, y es “atreverse a pensar”. La esencia de la energía misma que aún languidece en nuestras comunidades es esa de cuestionarnos permanente a nosotros mismos y al entorno sobre toda aquella inercia comportamental que prevalece en círculos viciosos que hay que romper, para empezar a reconstruir sobre los escombros de las buenas ideas que algunas veces germinan, pero que se quedan adornando como lecho de hierva los podridos adoquines estructurales de malos hábitos sobre los cuales se cimientan nuestras naciones, tal y como es evidente en las ruinas griegas a las orillas de Europa que alguna vez fueron resplandecientes, pero de las cuales hoy en día no queda más que la historia de lo que fue y jamás podrán volver a tener en si mismas

Es tiempo que todas aquellas mentes que se han inquietado en las noches durante el recuento del día por los aconteceres de lo cotidiano, o por las inocentes palabras desprevenidas de algún colega que reflejan la tan aceptada sabiduría popular, se manifiesten o que se vean sorprendidas por lo que se percibe a pie en las trochas de la ruralidad como también en las aceras de la urbanidad. Nuestra América Latina debe despertar en el liderazgo, eso si, nutrido en los valores y en la sabiduría académica que las ciencias sociales, las humanidades, la ética y las matemáticas han podido acumular, hay que enseñar un tópico que debería ser una materia explicita en el currículo escolar y es del de aprender a pensar. Pero hace falta algo más y es que en si decir que hace falta leer por leer es un cliché que se repite en colegios y campañas políticas, es perentorio planificar como aterrizar al interés común los retos que los autores de lo escrito plantean a las problemáticas globales, aterrizar al pensamiento de la mente desprevenida en las series de ficción o las películas basadas en imaginaciones, que se distraen aún mas del propósito del sentido colectivo que yo he idealizado en acciones que sean proactivas o tan si quiera reactivas a lo que a lo que exclaman simbólicamente las columnas de los periódicos locales o aún algunos amarillistas titulares noticiosos en televisión nacional

El sentido de servicio a los demás, ese de existir para propósitos superiores a la propia vida es una idea que parece también perdida, que me la impresión nunca hubiera llegado a las discusiones en la mesa de hogar, pupitres de trabajo o cafeterías en los domingos de futbol en los estadios locales. Es este un principio a partir del cual ese sentido altruista del liderazgo se entiende por causas con las que a veces se nace desde la condición social o a las cuales también se llega por ambientes que ya están abonados para ello, sin tergiversarse como un acto caritativo, o un antivalor al tan astuto negociante que sabe sagazmente sacar provecho del cualquier situación, debe ser este un principio para guiar como la mayor de las convicciones a empresas, familias e instituciones que históricamente no se han dado cuenta que ante realidades de abandono estatal, hay que ir más allá de lo que está escrito en los deberes de la carta magna. Estamos llamados a restablecer la ética y los valores que ella asigna como un algo de prioridad nacional en ambientes que sean propicios dentro del  folclor que nos caracteriza

De nada sirven conversaciones ecléticas cerradas a círculos del privilegio, como tampoco pretender ser humanos perdidos en el mundo de las ideas, sino más bien personas comprometidas con la realidad que nos encierra. A la inercia que lleva el mundo parece que hoy no se cuestiona y si algunos lo hacen, la mayoría no se da por enterado de esa muda voz, recuperar los ojos de admiración de los niños por un ser humano integral que domina su quehacer motivado por un sentido de humanidad se debe recuperar en una frase que lo encarna como “ser más, para servir mejor”. Saber que se está perdiendo lo virtuoso de vivir en la filosofía es un hecho que se debe denunciar públicamente de manera constante y en cada época, el amor por la sabiduría se nos está diluyendo en el hedonismo del presente y sólo del presente, que hoy en día no ve futuro