Cuando el retroceso se vuelve aspiracional

“se ha vuelto aspiracional la idea de una relación constituida por un hombre poderoso y una mujer reducida a un papel de accesorio”


Para algunos jóvenes se ha vuelto aspiracional la idea de una relación constituida por un hombre poderoso y una mujer reducida a un papel de accesorio, una idea propia de la narcoestética. Este modelo cultural, difundido en medios de comunicación y redes sociales, presenta el éxito como sinónimo de lujo, ostentación y control. En muchos casos, además, normaliza la violencia y la dominación, afectando la cotidianidad y las relaciones interpersonales, especialmente las amorosas, provocando un retorno a modelos de pareja tradicionales.

Actualmente es evidente que las redes sociales cumplen un papel clave en la propagación de información y modelos de comportamiento que se viralizan e impactan a la población juvenil. En estos espacios digitales circulan memes, reels y otros formatos de contenido que, además de ser consumidos, también se replican e incorporan como parte de su identidad. El consumo y la replicación de estos contenidos contribuyen a la consolidación de este modelo de vida.

Villaplana y León en el 2019 advierten que en estos formatos digitales se reproducen lógicas heteropatriarcales que privilegian al hombre heterosexual y sitúan a las mujeres en posiciones de subordinación, vinculándolas con estereotipos de belleza, sexualización y dependencia dentro de las relaciones. Ya no se trata solo de imágenes aisladas, sino de patrones repetitivos que terminan moldeando imaginarios sobre lo que significa “tener una buena relación”, modelos que con frecuencia algunos jóvenes adoptan en su forma de relacionarse afectivamente.

Al observar contenidos virales, donde se repiten frases como “si no provee, no sirve”, “mujer de alto valor”, “la reina merece lujo” o “el hombre resuelve”, se reconoce que sigue vendiéndose la idea del hombre poderoso y la mujer dependiente, muchas veces reducida a un objeto. Los autores mencionados también analizan cómo estas narrativas digitales legitiman dinámicas de pareja donde el valor del hombre se mide por su capacidad de proveer y el de la mujer por su apariencia. Esto produce relaciones desiguales, sostenidas por mandatos de género.

Así, la narcoestética deja de reflejarse sólo en entornos digitales, sino que también se normaliza en la vida cotidiana de los jóvenes, impactando especialmente a las mujeres. Allí se difunden modelos de feminidad, como el de las llamadas “mujeres buchonas”, en los que el cuerpo adquiere un valor central. En este contexto, la apariencia deja de ser una elección y se convierte en una exigencia social y afectiva, muchas veces condicionada por las expectativas de la pareja. De este modo, el cuerpo se convierte en un medio para sostener la relación y responder a esos estándares. Estas decisiones estéticas también hablan de identidad, así como del deseo de pertenecer a ciertos espacios y grupos.

Ahora bien, sería injusto decir que todo es culpa de las redes sociales. La familia, la educación, lo que uno vive y el mundo en el que crece también tienen un peso enorme en cómo cada persona asume estos modelos. De ahí que no todos los jóvenes reproduzcan este modelo de vida; muchos deciden construir relaciones que rompen con la narrativa que vende la narcocultura. Sin embargo, la presencia de estos modelos prevalece en la cultura digital. Resulta fundamental que los jóvenes desarrollen una mirada crítica frente a los contenidos que consumen y los modelos que deciden seguir. Cuando se vuelven deseables formas tradicionales de relacionarse basadas en la desigualdad y la dependencia, se produce un retroceso social que legitima distintas formas de violencia.

Sara Isabel Reyes Jaimes

Actualmente curso el primer semestre de Comunicación Social. Me interesa el análisis de las dinámicas sociales y culturales y, como parte de esta generación, estas dinámicas también se evidencian en mi cotidianidad, lo que me motiva a escribir sobre ellas desde una mirada crítica.

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