“Especializarse no debería ser una carrera contra la dignidad y mucho menos contra la vida.”
Pronto conoceremos los resultados del proceso de admisión a las especialidades médico-quirúrgicas de la Universidad de Antioquia, que definirán el futuro de miles de médicos y millones de pacientes. Pero no estaríamos hablando de esto si no fuera por la revelación de que más de 40 médicos fueron sorprendidos haciendo trampa durante el examen.
En Colombia, según el último reporte del Observatorio de Talento Humano en Salud (OTHS), somos alrededor de 130.000 médicos en el país, un promedio de 2,5 médicos en ejercicio por cada 1.000 habitantes, muy por debajo del promedio que reporta la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), estimado en 3,9 para 2025. Pero algo preocupa más: el OTHS revela que estamos concentrados en Bogotá, Antioquia y Valle del Cauca, mientras que regiones como Vaupés, por ejemplo, tienen alrededor de 40 médicos según sus estimaciones, lo cual equivale a menos de un médico por cada mil habitantes.
Y si somos tan pocos, entonces la pregunta es más que evidente: ¿por qué un médico general hace trampa para ser especialista? La realidad es contundente: en nuestro país solo uno de cada cuatro médicos es especialista, la competencia dejó de ser académica y se volvió desesperada. No justificaremos bajo ninguna circunstancia el fraude, pero tampoco seremos los jueces; vamos a las motivaciones.
Hay una presión inmensa sobre el médico general para que estudie una especialidad: salarios bajos, deudas del pregrado, inestabilidad laboral, hospitales quebrados, pérdida de autonomía, riesgo de demandas y la idea predominante de éxito en el gremio médico. Todo un espejismo que tiene a médicos generales insatisfechos porque quieren ser especialistas y no lo logran; a otros, ya especialistas, que no encontraron lo que buscaban; y a los restantes, que están en proceso de formación, aguantando maltratos y abusos para acreditar su pertenencia a la élite. Aquí no olvidamos a los médicos residentes que se han suicidado.
Quizás tenga poca autoridad para hablar siendo yo mismo especialista, pero pido permiso: especializarse en Colombia no debería costar la vida ni la libertad. Nos han hecho creer que ser médico general no es suficiente y que hay que especializarse a cualquier costo y se cae todo argumento en contra cuando vemos que un influencer en Bogotá tiene mejores ingresos que un médico rural en Vaupés.
Aquí lo fácil es decir que necesitamos más especialistas y abrir más cupos, pero hagamos un debate serio. Los seres humanos solo tenemos un apéndice para que un cirujano le enseñe a otro médico a realizar la cirugía y esto hay que repetirlo muchas veces para perfeccionarse. Además, en muchas universidades hay rosca o se necesita dinero para ser admitido y poder pagar las matrículas millonarias, el conocimiento no siempre es suficiente. Pero ahora, el dato sin anestesia: alguna vez un decano me contó que no podía abrir más cupos en cierta especialidad porque los profesores lo amenazaron con paros y renuncias si lo hacía. La razón es simple: oferta y demanda.
Así las cosas, antes de buscar más especialistas, es urgente que se mejoren las condiciones laborales y económicas de los médicos generales, de manera que se les permita vivir digna y tranquilamente en Colombia sin tener que emigrar; se asegure la capacidad resolutiva de los niveles de baja y mediana complejidad; y se recupere la confianza del paciente en el médico general mediante la mejora continua de la calidad de la formación. Aun así quedaría faltando lo más difícil: que el médico general se dé valor a sí mismo.
La solución no está solo en identificar a los médicos involucrados en el fraude; lo realmente importante es que los médicos generales busquen ser especialistas por las razones correctas y que el mérito sea el principio rector para el acceso a la educación. Especializarse no debería ser una carrera contra la dignidad y mucho menos contra la vida.













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