Crisis y oportunidad para la universidad del Siglo XXI

Phd. Javier Dario Fernandez Ledesma. Candidato a la Rectoría de la Universidad de Antioquia 2024-2027


La Universidad un espacio para la universalidad del pensamiento en todos sus órdenes y manifestaciones, un espacio para la unidad en medio de la diversidad, donde el saber y el sentir recrean los inmanentes campos del conocimiento y el quehacer humanista para la transformación social, humana, científica y tecnológica hoy atraviesa una de sus más duras coyunturas, y no es menester decirlo, su espíritu cambiante, transformador y en permanente evolución ha permitido desde sus orígenes, en quienes lo sitúan en la Antigua Grecia con el Foro y sus amplios debates o en la Universitat de principios del siglo XII y XIII de los monjes cristiano; épocas de convulsiones, invasiones, guerras y exterminios e incluso hambrunas no le han sido ajenas al devenir histórico de la Universidad tal como la concebimos hoy en dia.

Pero la coyuntura actual o crisis de la Universidad la he situado en varios escenarios, huerga decir, la crisis del humanismo y la identidad, donde el mismo filósofo Chul Han lo ha definido como una época donde: “la propia identidad deviene en mercancía” para el caso de la universidad su perdida de identidad en un claro contexto de “infocracia” se ha perdido en el nebuloso mundo del dataismo, tenemos un modelo de universidad “influencer” donde priman las formas sobre los contenidos, la imagen fotográfica sobre el ser y su esencia, la pictografía de las vanidades y sus formas arquitectonicas sobre la sustancia del conocimiento, el debate de ideas, la racionalidad y el humanismo; la crisis del humanismo no le es ajeno a la universidad, ya lo decia el profesor Nuncio Ordine haciendo referencia a un texto de Abraham Flexner se trata de un mundo donde se hace cada vez más necesario: “la conveniencia de abolir la palabra utilidad y liberar al espiritu humano”, se trata de volver a la universidad sentipensante, que forma en la racionalidad, la inteligencia y la etica mas alla del mercantilismo y la “empleabilidad”, que forma en el espíritu humano, el ocio y la contemplación mas alla de la hiperproductividad y la megalomania del éxito, que trata los conocimiento utiles en las propias palabras de Ordine como aquellos que nos ayudan a ser mejores.

La crisis de lo ambiental y lo social, la Universidad no puede ser ajena a la crisis de lo ambiental y lo social, ya lo decia Harari: “el mundo tal como lo concebiamos ha cambiado” y no en vano el hiperconsumismo, la devastación de la region amazonica por el pastoreo desmedido, el deshielo de los glaciares y un recalentamiento global donde cada año sube la temperatura 1 grado centígrado, nos coloca a la Universidad y a quienes la cohabitamos en un contexto de corresponsabilidad, de reciprocidad y sobretodo de entender que las problematicas ambientales y sociales deben ser el fundamento epistemologico para abordar las reflexiones del aula, las hipotesis investigativas y los desarrollos tecnologicos que emanen de sus laboratorios so pena de seguir siendo testigos silenciosos de un mundo cada vez menos vivible y habitable, es entonces la preocupación del Principito y es que no podía volver a su planeta, se encontraba en la tierra, y necesitaba volver al mismo pues en su planeta debía evitar que los boabs lo invadieran y además necesitaba ciudar de su hermosa rosa, he ahi la gran lección que los baobabs del hiperconsumo y el mercantilismo no se devoren finalmente la hermosa rosa que debemos de cuidar.

La crisis de la formación y la cultura, la crisis de lo formativo pasa necesariamente porque hoy la Universidad navega como lo plantea el profesor Medina en una cartografía de normas y no precisamente en la cartografía del conocimiento, del saber, de la pregunta, la inquietud y la duda epistemológica; el currículo se ha subsumido a una narrativa del formato, del informe y la megagestion del indicador y el ranking; la pedagogía se ha visto amilanada por la hiper customización del deseo del “alumno” (Sin lumin, sin luz) y el maestro se ha convertido en un tramitador de las emociones en el aula y ni qué decir de la didáctica con todo el andamiaje de la supra, la meso y la micro tecnología que devienen en formas de relacionamiento con el otro y lo otro, el saber mediado por el objeto tecnológico, donde la duda no interroga a la inteligencia sino que le hace doble click al ordenador; por otro lado, en el malestar de la cultura de Sigmund Freud este relata la eterna lucha entre la pulsión y la restricción, hoy la universidad se debate entre la libido que generan el saber y el conocimiento y la restrictiva seguridad de los planes de mejoramiento y los estándares de calidad, la libertad y las libertades sofrenadas por los códices y los manuales de conducta que en la época de carreño vuelven a habitar los pasillos universitarios.

Sin embargo, esta crisis de la universidad que es a su vez la crisis de la racionalidad, el humanismo, la cultura y la sociedad es clave para repensarnos el rol de la humanidades, el rol de la transformación científica, tecnológica y educativa en clave de lo social y el rol del debate público.

Frente al primero, el rol de la humanidades, se hace imperativo volver al ethos de la racionalidad y el humanismo, la universidad concebida como escenario pluriverso para la construccion y la acumulacion historica y colectiva del saber en todas sus manifestaciones, contrario al ethos mercantil, debemos reconstruir los espacios de ocio y contemplación que tanto nos desnudaron Platón y sus contertulios pues el ser humano está intrínsecamente motivado para participar en actividades de ocio, volver a la contemplación que genera saber, volver al ocio creativo que genera transformación del hacer, recuperar la utilidad de los conocimiento realmente útiles que se hallan en un poema y no en un martillo, volver a la esencia de la universalidad del pensamiento crítico y la razón, del sentir y el amor, de la pulsión por la curiosidad ante las restricciones de las infocracias y sus ordenamientos jurídicos y culturales.

El rol de la transformación científica, tecnológica y educativa, la revolución tecnológica moderna, que no es precisamente una revolución científica, pues esta última no se ha dado luego de que A. Einstein nos enseñara su teoría de la relatividad hace más de 100 años; no en vano el incesante flujo de información y datos llevan a novedosas formas de acceder como medios al conocimiento, no se trata de hacer ciencia per se sino con un claro propósito social, ambiental y humano, que nos permitan abordar las grandes problemáticas que hoy el mundo demanda como solución más allá de la mirada microscópica de lo local y nuestro entorno, pero también la posibilidad de transformar el currículo, la pedagogía, la didáctica por un currículo para, de y desde la vida, una pedagogía del saber y del hacer y una didáctica mediada por el conocimiento y el reconocimiento del otro no como objeto sino como posibilitador en la construcción de saberes dialogantes y situados; la universidad debe entonces recuperar su rol transformador y hacedor de nuevas y mejores formas para acceder a un conocimiento cada vez más ilimitado y universal.

El rol del debate público, la universidad no puede ser ajena a los debates que hoy en el mundo vienen en ascenso, invasiones, guerras, hambrunas, crisis climática, inseguridad alimentaria, ética en la ciencia, dataismo y gobernanza de lo digital, pero también los debates históricos sobre la equidad, la pobreza, la desigualdad, el rezago científico, la segregación cultural y las brechas del desarrollo; en tal sentido, la universidad debe configurarse nuevamente como tribuna, como mampara para la conversación inteligente sobre las causas y los efectos de las problemáticas actuales, la resonancia de las ideas y la cultura del debate respetuoso y sano de las ideas, donde se tramitan las inseguridades y los miedos y se reconstruyen las confianza en el saber del otro, el otro no mediado como objeto sino como posibilitador del aprendizaje y la razón, es por esto, que ante la inminente caída de la credibilidad de los medios de comunicación, la universidad resurge como comunicante societal para la información pero también y sobretodo para la construcción de conocimiento y ciudadanía.


Javier Dario Fernandez Ledesma

Ingeniero. Profesor Universitario. Ex-Director Ejecutivo Ruta N. Ex-Gerente en EPM. Aspirante Rectoría UdeA 2024-2027

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