Domeñados por la tecnología

José María Dávila Román

“La tecnología nos empieza a domeñar, algo que no le sucedía a la especie humana desde hace 10 mil años cuando empezó a domeñar el mundo y empezó a subir a la cúspide de la cadena alimenticia”.


 

En la trilogía del escritor israelí Yuval Noah Harari (De animales a dioses, Homo Deus y 21 lecciones para el siglo XXI) el autor expone la razón principal que llevó al hombre a ser la especie dominante del planeta: la cooperación. Esa facilidad que tenemos para cooperar con extraños y que ninguna otra especie animal ha llegado a desarrollar gracias al lenguaje, a las creencias y a mitos que nos permitieron alcanzar metas comunes.

Buena parte de nuestras creencias son sostenidas en religiones (para Harari y con razón, ideologías políticas como el liberalismo, comunismo, nacionalismo también son religiones) y han permitido a la humanidad mantener un orden social que siga facilitando la cooperación.

En diferentes épocas de la historia hemos tenido movimientos dominantes. Entre el siglo V y siglo XV, época conocida como el Oscurantismo, en Occidente predominó la religión católica junto a las monarquías. Posterior al siglo XV, el poder de la Iglesia Católica en Occidente fue perdiendo terreno y surgieron vertientes que criticaban sus postulados con Martin Lutero y el protestantismo; las monarquías entraron en jaque con la decapitación de Luis XVI en Francia y la implementación de las repúblicas; asimismo, Estados Unidos, el país de la libertad, declaró su independencia del Reino Unido en búsqueda de la libertad y la igualdad.

Entrados en el siglo XX, varios movimientos/religiones estuvieron en disputa: el humanismo evolutivo (liderado por los nazis), el humanismo socialista y el humanismo liberal, que en política se resume en nacionalismo, comunismo y capitalismo. Estos tres tienen en común generar condiciones para el bienestar del hombre: los nazis consideraban que para evolucionar y llegar a ser superhombres tenían que eliminar a los que consideraban de raza inferior; el comunismo cree que el bienestar del hombre lo decide el partido político o sindicato, como muestra de que el colectivo es superior al individuo; por su parte, el capitalismo promueve las libertades individuales para que todos puedan ser lo que quieran ser sin perjudicar al otro.

Terminada la Segunda Guerra Mundial, perdió el nacionalismo y quedaron en disputa el comunismo y capitalismo. Discusión que se zanjó con la caída del Muro de Berlín y la disolución de la URSS a finales del siglo XX.

El capitalismo sigue predominando porque a la fecha ha demostrado ser la mejor alternativa para cooperar: la economía sigue creciendo y hay menos pobreza; sin embargo, al ser una corriente que también está centrada exclusivamente en lo humano, nunca tuvo en cuenta los impactos que generamos sobre el planeta, hasta hoy, que la ciencia nos alerta sobre los riesgos con el cambio climático.

Esas alertas han planteado la necesidad de que toda actividad que desarrollemos impacte lo menos posible nuestro hábitat y por eso avanzamos hacia una transición energética y hacia consumos conscientes por la sencilla razón de que el planeta es finito.

El hombre siempre ha mostrado su capacidad para resolver problemas y con los desarrollos tecnológicos probablemente encontraremos una solución al cambio climático.

Pero el otro gran reto que enfrentaremos como humanidad será la irrelevancia del hombre por la sustitución de buena parte de los trabajos por máquinas y robots. La tecnología nos empieza a domeñar, algo que no le sucedía a la especie humana desde hace 10 mil años cuando empezó a domeñar el mundo y empezó a subir a la cúspide de la cadena alimenticia.

Los algoritmos nos empiezan a decir qué comprar, qué ver, qué hacer y sin darnos cuenta perdemos el control de nuestras decisiones. Esta semana, 27 colegios privados de Bogotá anunciaron la prohibición de celulares en sus establecimientos e invitaron a los padres de familia para que retrasen lo máximo posible la entrega de estos aparatos a sus hijos: “La presencia de estos dispositivos durante la jornada escolar tiene efectos adversos sobre la salud mental, contribuye al desarrollo de comportamientos adictivos, se reduce la calidad de las interacciones sociales, disminuye el interés por la actividad física (…) Creemos firmemente en la importancia de ofrecer a nuestros estudiantes un descanso de los dispositivos digitales, proporcionándoles la oportunidad de vivir al menos 8 horas al día libres de las influencias negativas de estos aparatos” es el comunicado de la Unión de Colegios Internacionales (ver).

Debido a las tecnologías y facilidades que tenemos hoy a la mano, nuestro cerebro es cada vez menos estimulado. Es probable que las próximas generaciones sean menos inteligentes que las de ahora, con el agravante, de que vivirán en un mundo dominado por élites que manejarán la tecnología a su antojo, corriendo el riesgo de que crezcan las brechas sociales que por años el capitalismo ha tratado de cerrar.


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José María Dávila Román

Comunicador Social - Periodista de la UPB con Maestría en Gerencia para la Innovación Social y el Desarrollo Local de la Universidad Eafit. Creo que para dejar huella hay que tener pasión por lo que se hace y un propósito claro de por qué y para qué, hacemos lo que hacemos. Mi propósito es hacer historia desde donde esté, para construir un mundo mejor y dejar un legado de esperanza y optimismo para los que vienen detrás. Soy orgullosamente jericoano.

Nota al pie: El columnista tiene o ha tenido vinculación laboral con la minera AngloGold Ashanti. 

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