
“¿Dónde queda el liderazgo de la candidatura cuando un partido lo eclipsa ”
El final de la carrera por la presidencia de la república, lejos de simplemente retratar una tendencia a la aceptación de liderazgos que promulgan discursos guerreristas, deja un panorama crudo donde se logra divisar aquellos lugares donde no apuntó la luz del proyecto progresista colombiano. Penumbras que se encontraban disueltas en las sombras, pero que hacían temblar desde los cimientos toda una estructura política, que aunque comparativamente consolidada con otras, sucumbió frente a las condiciones extraordinarias en las urnas.
En el transcurso hacia la primera vuelta, tuvo lugar una serie de acontecimientos que establecieron las condiciones particulares a las cuales el Pacto Histórico, como partido, tuvo que enfrentarse; la “gran consulta por Colombia”, conformada por candidatos de centro-derecha, obtuvo la mayor concentración de votos, en la cual, Paloma Valencia consiguió ser la candidata más seleccionada entre todas las consultas. El Pacto, a pesar de haber obtenido la mayor cantidad de curules en el congreso, lo cual denota —al menos parcialmente— un fortalecimiento interno del partido. Las diferencias en el volumen participativo de las elecciones al ejecutivo, frente a las legislativas, son determinantes.
El panorama político advirtió la necesidad del Pacto de establecer diálogos con actores nuevos. Jurídicamente se les prohibió la participación en una consulta interpartidista, debido a que Iván Cepeda fue elegido por medio de una consulta interna de partido. El Pacto Histórico surgió como la coalición progresista para las elecciones de 2022, lo cual resultó efectivo de cara a una fragmentación histórica de la izquierda colombiana. Sin embargo, su búsqueda por consolidarse como conglomerado político imperante, ha limitado en buena medida su capacidad de diálogo con nuevos movimientos políticos. El haber optado por participar en una consulta interpartidista que reuniera partidos y movimientos de izquierda, aun cuando estos conforman la fuerza política más consolidada de este sector, pudo ser una jugada pertinente para medir la volatilidad, favorabilidad y capacidad de impacto de Iván Cepeda como candidato fuera de la estructura del partido, justo antes de la primera vuelta, además de reunir a los posibles votantes ideológicamente afines.
Da la impresión, con el final de la primera vuelta, que aunque efectivamente el Pacto Histórico conforma uno de los nodos electorales más fuertes del país, se le escaparon detalles coyunturales, que fueron diferenciales en el resultado de varias contiendas electorales en otras naciones de la región. Las condiciones políticas dadas en las elecciones anteriores fueron fundamentales para la consolidación de un proyecto alternativo. Ahora el escenario es diferente, y aunque existen casos internacionales que ejemplifican el auge de liderazgos austeros en cuanto a derechos humanos y la acción estatal, no se confrontó la contracampaña con la pertinencia adecuada.
El transcurso hacia la segunda vuelta presidencial generó una conmoción importante entre los sectores simpatizantes del proyecto por la vida. El pacto ha sido respaldado por sectores populares que hicieron, de manera intensiva y gratuita, el trabajo que decidieron omitir en la estrategia formal; en gran parte como un rechazo masivo a un plan de gobierno agresivo con las luchas históricas que tienen lugar del lado del progresismo. La votación aglutinada por Abelardo de la Espriella, dejó en evidencia la displicencia con la que la contienda del oficialismo recorrió el camino hacia la primera vuelta. Aquella pasividad, que los sectores sociales percibieron como alarma, corrió en paralelo a una campaña hiper digitalizada y desinformante del rival. Concluida la primera vuelta, se genera una línea gráfica renovada: fotos del candidato sin chaleco, jingle llamativo y un símbolo creado específicamente para la segunda vuelta. Se implementó una apuesta digital alternativa: entrevistas, TikToks, storytelling. Trabajaron contra el reloj, formularon una estrategia de marketing variada pero sin tiempo para un alcance real. Fue un grito de “ayuda” gigantesco a los votantes que nunca pretendieron persuadir pero que necesitaron en última instancia.
El Pacto Histórico no le apostó a una campaña que buscara generar nuevos votos o crear nuevas colectividades, por el contrario, la apuesta por reforzar la fidelidad del votante más seguro, deterioró la capacidad de convencer a más gente. El arquetipo que caracterizó el liderazgo de Cepeda se respaldó más en la maquinaria política detrás de él que en la propuesta para convencer discursivamente a más personas. Elementos como los colores elegidos inicialmente, la posición frente a escándalos de corrupción dentro de su partido y la intensidad de la campaña por la carrera presidencial, parecen haber sido pensados más para ser coherentes con la identidad partidista, que con las condiciones que atraviesa una candidatura de este tipo.
Finalmente, considero que el rechazo frontal a la participación en debates, aunque útil para seguir marcando esa distancia entre “el intelectual” frente a otros candidatos más “emocionales”, también refleja esa conformidad política del Pacto. Pienso que mantener el discurso dentro de los lineamientos ideológicos del partido, sofocó en gran medida la capacidad adaptativa del candidato a la coyuntura política. A fin de cuentas, la jugada del progresismo parece ubicarse más en una táctica para seguir afianzando su maquinaria partidista, que en adaptarse a las circunstancias que las elecciones establecen ¿Dónde queda el liderazgo de la candidatura cuando un partido lo eclipsa?













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