Complejo Edípico, fundamento de la moral individual y colectiva para Freud

VÍCTOR H. HENRÍQUEZ BUSTAMANTE

“Nos enfrentamos probablemente a una nueva época sin ilustración (o con una minoría de ella) ni memoria, siendo mayoritaria la excitación de los sentidos, la exacerbación sexual izada de la humanidad, la sobre exposición en el metaverso, la “transmutación de todos los valores” y la extinción de grandes monumentos ignorados (como la verdad, la palabra, la honradez, el honor), en medio de hordas bárbaras que, utilizando hábilmente una tecnificación que no comprenden arrasarán con lo poco que queda de aquella modernidad que tanto costó”.


Me permito, con respeto, usar como epígrafe este párrafo de la columna
de SERGIO FUSTER, “El día que Hegel decidió matar a la historia”,
publicada por ALPONIENTE el día 18 de enero del 2023.
Aunque las temáticas sean diferentes, nuestras conclusiones,
por analogía parecieran aproximarse en un punto.
 


Si bien el psicologismo sea una disciplina inferior para la filosofía, el psicoanálisis de Sigmund Freud, ha sido y es una herramienta auxiliar importante para el desarrollo del pensamiento. Freud, el mismo dijo: el psicoanálisis no constituye una búsqueda científica imparcial, sino que es un acto terapéutico cuyo objetivo es modificar el comportamiento. Murió pensando que no hizo filosofía, porque en sus escritos psicoanalíticos hizo precisiones teórico-científicas.

En honor a la verdad, las teorías de Freud van más allá de un acto terapéutico, incursionan en el comportamiento del sujeto, “en cuanto sujeto inconsciente, principalmente”, cuestión que para su época la filosofía “quería ignorar”, ¡arrogancia aparte! Desde otro giro, el psicoanálisis es un espacio en el cual el paciente (sujeto) se pregunta por el sentido de su vida, por su ser; pues es ahí donde encuentra solución, en acto, dicho padecimiento y enigma; abriendo, por supuesto, más preguntas que respuestas sobre “su ser”: actitud filosófica absoluta (ontología). En fin… hoy nos interesa interpretar el “Complejo de Edipo rey”, y principalmente su trasfondo, como fundamento de la moral individual y colectiva, a la luz de la literatura a nuestro alcance.

Iremos, primero, a una  síntesis de la narrativa del mito: Edipo es el hijo de Layo y Yocasta. Layo, para evitar que se cumpla el horrible destino que el oráculo le ha anunciado (que va a ser asesinado por su propio hijo), entrega a Edipo recién nacido a un sirviente para que lo abandone en un cerro de Citerón. Desobedeciendo al rey, el sirviente lo entrega a un pastor, quien lo acoge y finalmente lo entrega al rey de Corinto, Pólibo y su esposa Mérope, quienes lo adoptan, dándole por nombre Edipo, y lo crían cual si fuera su propio hijo. El joven Edipo, al escuchar rumores acerca de que el rey y la reina no son sus padres, consulta al oráculo de Delfos, quien le revela que su destino será dar muerte a su propio padre y que se casará con su madre. Edipo, creyendo que sus padres eran quienes lo habían criado, decide no regresar nunca a Corinto para huir de su destino. Sin embargo, en eventos posteriores, por esas cosas del destino, mata a su verdadero padre y es casada con su verdadera madre. Cuando Yocasta descubre que Edipo es su hijo se suicida. Edipo, incapaz de soportar el horror que el parricidio y el incesto le provocan, se saca los ojos y en total humillación, abandona la ciudad para vagar como un pordiosero por toda Grecia, atendido por su hija Antígona.

Freud, valiéndose del mito de Edipo, en el psicoanálisis, platea que los niños (as), durante su primera infancia su desarrollo psicosexual transita por tres etapas principales: la oral, la anal y la fálica; se refiere a un conjunto complejo de emociones y sentimientos infantiles caracterizados por la presencia simultánea y ambivalente de deseos amorosos y hostiles hacia los progenitores. El período de manifestación del complejo de Edipo coincide con la llamada fase fálica (pre genital) del desarrollo de la libido, es decir aprox. desde los 3 a los 6 años, y que posteriormente se inicia un período de latencia. De acuerdo con la teoría freudiana, el complejo revive en la pubertad y esta reaparición declinaría a su vez con la elección de objeto, que abre paso a la sexualidad adulta. Durante esta primera etapa, sus pequeños cuerpos son bombillos de pulsiones (impulsos) y sensaciones (percepciones), en donde se exploran reconociéndose como sujetos eminentemente físicos. Para Jackes Lacan, el recién nacido tiene un conocimiento mínimo del “yo”, hay una falta clara de los límites entre su propio cuerpo y el mundo, y este cuerpo es experimentado como fragmentado y anárquico (en el estadio del espejo como formador de la función del “yo”).

De esto se desprende que existan par Freud dos orientaciones psicosexuales:

Complejo de Edipo positivo: odio o rivalidad hacia el progenitor del mismo sexo y atracción hacia el progenitor del sexo opuesto.

Complejo de Edipo negativo: amor hacia el progenitor del mismo sexo, así como rivalidad y rechazo hacia el progenitor del sexo opuesto.

En estas dos actitudes, indistintamente, y de forma inconsciente, el odio, rivalidad o rechazo que experimentan los infantes hacia uno de sus progenitores, y la atracción “incestuosa” con uno de ellos, actúan de forma dramática e hiriente en la psique de los niños (as), al “darse cuenta” en el transcurso, que principalmente odiaron o rechazaron a uno de sus padres,  produciéndose en ellos un sentimiento de culpa, arrepentimiento y esfuerzo por superar tal “designio”, proceso natural-vital que se da en todo ser humano, sea hombre o mujer, en todas las razas y culturas; proceso ancestral, es decir, desde el origen del homo sapiens.

Freud se preocupa sobre manera del niño varón; paréntesis, esto le traería, desde un principio, una fuerte crítica a su psicoanálisis, sin embargo, él mismo se encargaría de decir que tal complejo edípico, se daría tanto en los varones y damas, empero no como lo planteaba Carl Gustav Jung, en su complejo de Electra. En consecuencia, niños y niñas partirían odiando al padre, porque el padre, principalmente para nuestra cultura occidental, impone autoridad, ordena, habla en voz grave, al ser el proveedor tiene más libertades, determina a veces  todo y pasa mucho tiempo a solas con la madre (celo). Este proceso también lo justifica en los complejos de castración (el niño teme ser castrado y la niña se resigna a que nació castrada).

En el complejo de Edipo positivo, el que nos importa ahora, durante la primera infancia, el varoncito se “enamora” de su madre y “odia” a su padre. Cuando comienza a entender, a veces muy precozmente, esta actitud, deviene un sentimiento de culpa, temor y arrepentimiento, cuestiones que a medida que crece y se desarrolla, también se autodisciplina, comprendiendo “lo bueno” y “lo malo” que pudo haber cometido, pilares de una insipiente, pero significativa moralidad; por ende, comienza a entender que  forma parte de una tradición de prácticas y costumbres sociales, según una escala de valores; esta se impone por norma, no obstante, sus valores son relativos a la sociedad que los comparte y cambian de acuerdo a la época y a la ideología dominante.

Hemos debido darle una vuelta a la teoría freudiana, claro que a grandes trancos, para concluir en esta parte que la sexualidad, para Freud, está presente desde los primeros meses de nacimiento; y nos plantea que, dependiendo de la norma en el que demos salida a los impulsos sexuales durante nuestra infancia e inicio de la pubertad, y del triunfo que tengamos en el trabajo de normalizar la libido, tendremos una psiquis normal-sana, o de lo contrario, conflictos y frustraciones en la adultez.

Durante los años de latencia, entre los 6 y 10 años aprox. los infantes son socializados en la escuela de la comunidad, conocen mejor su barrio que les permite interactuar con sus iguales, los medios de comunicación tradicionales y virtuales les amplían el horizonte cultural, la iglesia despliega su mensaje orientador y moral… no obstante, si la familia no hizo ni sigue haciendo su trabajo de ajuste, funcionalidad, fidelidad y acompañamiento, la moral homo-cultural, tanto individual y colectiva de la sociedad se debilitan, produciendo individuos, finalmente, desmoralizados, en constante conflicto y proclives a múltiples enfermedades psiquiátricas.


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About the author

Víctor Henríquez Bustamante

Profesor de Estado en Castellano y Filosofía

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