Cultura Opinión

Carta de despedida para el 2020 – MAGAUNIVERSE

Querido año 2020:

Que suerte tuve de vivirte, estuviste cargado de sorpresas, muchas buenas y otras no tanto, pero que suerte tuve de vivirte.

No sé si es porque tuve más calma para entenderte, que hoy puedo decirte que eres el año que jamás olvidaré, no veía venir algunas cosas, pero puedo repetirte, que suerte tuve de vivirte. Me desafiaste tanto, me enseñaste mucho, por ejemplo aprendí que el tiempo en familia no lo estaba valorando, que cocinar con paciencia ponía una sazón especial, que sentarnos juntos en la mesa tenía un mejor ingrediente, había olvidado que el comedor era el lugar más especial de la casa y que producía carcajadas inigualables, que todos teníamos una historia que contar y que la gratitud entre todos sonaba más duro.

Aprendí que el hogar no es un lugar de paso, que es el mejor lugar, al que llegar es una fortuna que no muchos tienen.

Reconocí que mi familia está llena de amor, de maneras diferentes pero que todas son únicas e inmejorables, y que juntos avanzamos más rápido, entendí también que con los años todos nos iremos de casa y que no está mal, que todos tenemos que volar más alto, para regresar un día con la gratitud que solo da el vuelo.

Entendí que limpiar mi hogar no debe ser una carga, ni una tarea de otros, que es mi lugar sagrado, en donde siempre habrá honestidad y cariño, que siempre será un lugar de paz y regocijo, así estén los juguetes en en el piso y algunas puertas ocasionalmente cerradas.

Aprendí el valor de cada forma de ser, aprendí por supuesto que cada forma hace valiosa mi existencia, que de todos puedo recibir y que todos me ayudan de diferentes formas y por esto te doy gracias.

También aprendí que afuera hay muchos seres maravillosos y no por eso se quedarán a mi lado, aprendí que no soy la única que lucha, ni la única que tiene buenas ideas, aprendí que todos somos inigualables y tenemos un poder que nos diferencia, aprendí que entender al otro no significa estar de acuerdo, que extender una mano no te obliga de por vida, que hay seres que se cruzan en tu camino ocasionalmente y otros para toda tu vida y que uno no es mejor que el otro, que cada uno en su momento de participar en tu vida te da lo mejor y que cuando se quiere ir, tu solo debes ayudarle a abrir la puerta y caminar por última vez a su lado.

Aprendí que si te dicen que NO a un empleo, un negocio, un amor, una amistad, un propuesta, una idea, no necesariamente te está pasando algo malo, estos momentos solo te están abriendo las alas a nuevas oportunidades.

Aprendí que si yo digo no, no tengo porque sentirme culpable o avergonzada, que merezco negarme a lo que no comparto o no quiero y tal vez mi no este abriendo las posibilidades de alguien más.

Aprendí que puedo vivir bien sin tanto dinero, y que no necesito complacer a los demás, sino a mi misma para poder estar bien y en armonía con el resto del universo, aprendí que no todas mis ideas son posibles, pero que soy una innata creadora, que tengo más ilusión que el normal de la gente y que puedo lograr lo que me proponga, sin que tenga que leerlo o esperar que alguien me lo recuerde, entendí que estoy hecha de coraje, de alegría, de entusiasmo y que ese don no lo tiene cualquiera, aprendí que puedo ser mas responsable de mis actos y mis finanzas y que puedo fallar y corregir para poder avanzar y con cualquiera de las dos aprender sin castigarme.

Aprendí a comer mejor, aprendí a vestirme ligera, y a sonreír más…

Aprendí que querer con todo, apreciar y valorar a alguien, no te hace merecedor o dueño de su amor, pero que vale la pena hacerlo.

Comprendí que amar es de un segundo, del segundo en el que lo sientes, porque un día ese ser ya no te ama, ya no te corresponde, o ya jamás estará ahí para decírselo.

Aprendí que solo la fe en el ser superior te salva, pensar positivo aún en los momentos más difíciles, que aún en la derrota, tu jamás puedes perder la fe y que mágicamente todo cambia.

Aprendí a dejar ir sueños y también a soñar nuevos. Aprendí que los demás no son siempre felices con tus cosas, que ellos tienen sus propias formas y que eso no te hace inservible que sólo te hace libre de no cargar sus cargas sino las tuyas.

Aprendí que el valorar y el agradecer es aquí y ahora, porque el después puede no llegar…

Que suerte tuve de vivirte querido año, porque hay muchos que hoy no pueden levantarse a las 5 am para agradecerte por todo lo vivido, pedir perdón por todo lo necesario, y elevar su vista al cielo para decir gracias Dios por este año que me permitiste vivir, y aprender, gracias por mis sueños los permitidos y los que aún faltan por conquistar, gracias por mis increíbles, saludables y hermosos hijos, por mi valiente madre, por mis hermanos y familiares, gracias por mis amigos, los que se fueron y los que aún están y también por los que veo venir, gracias por mis ingresos y mis ideas, por las empresas y los compañeros, gracias por quitar de mi vida esas personas que parecían amigas y no lo eran, por quitar de mi vida oportunidades que no me pertenecían y por entregarme las que me harán mejor ser humano, gracias por la abundancia, el progreso y los aprendizajes.

Gracias por los nuevos caminos, gracias por mis nuevos negocios, gracias por mis empleadas, gracias, gracias gracias querido 2020 por prepararme mejor para todo lo que Dios tiene para mi vida. amén.

Autor: Astrid Monsalve