Bogotá 24 horas: Una solución que nos merecemos

La crisis que vive esta hermosa y caótica ciudad es la seguridad, una percepción y realidad adaptadas por las diferentes formas de crimen territorial, pero no solo pendiente a eso, existen problemas estructurales e integrales tan importantes como el ya mencionado, por ejemplo, el desempleo y la informalidad han aumentado, la pobreza vive agravada y ni hablar de la cultura ciudadana; estas problemáticas se han venido revisando de manera independiente y separada esto demostrado por las políticas públicas o sociales que intentan dar solución paulatina a los mencionados problemas, han sido pañitos de agua tibia para la fiebre que mantiene Bogotá.

Entonces nos preguntamos ¿Qué hacer? Parece inevitable poder sacar a Bogotá de esta inmensa crisis, pero la ciudad se sigue moviendo, sigue funcionando a pesar de todo, y eso es lo que hace la complejidad de la pregunta ¿Qué hacer con Bogotá? Y mencionar el nombre de la ciudad como ese producto integral de funcionamiento y problemas que se tienen adaptados. Pues una solución que va dirigida a este último verbo es convertir la ciudad en 24 horas, es decir, que todos los servicios sociales, económicos, políticos y estatales se acomoden y adapten para funcionar las 24 horas del día en la ciudad, que el comercio, los bienes y servicios públicos y privados, el transporte público y la administración pública puedan hacer que sus labores funcionen todo el día. Sin tener en cuenta el costo que tendría el sostenimiento de todos estos factores sociales, esta propuesta suena complejo y difícil de implementar, pero permítame lector que le de unas pautas esenciales que demuestran que la ciudad va por ese camino de manera autónoma y adaptativa, como que es una necesidad contundente de hacer y puede ser la solución que nos merecemos.

¿Cómo sería Bogotá 24 horas? Esto se puede evidenciar en un programa con el mismo nombre que se implementó en el mandato de Claudia López, que para la reactivación económica que necesitaba el país y en ese caso la ciudad. Este programa se aplicó en zonas de alta influencia económica en la ciudad para que se diera un alto consumo de bienes y servicios de estas zonas, desde librerías, notarias, bares, restaurantes y hasta casas de la justicia, estuvieron abiertas en horarios no convencionales (Después de las 10 de la noche) para aumentar sus ventas, además de colocar varias rutas de Transmilenio en funcionamiento que conectaban, de manera general, la ciudad. Esto fueron pilotos periódicos y de aplicación en ciertos momentos económicos del año; casi cada segundo semestre o cuarto trimestre del año se implementaba este programa para incentivar la economía con todas las garantías necesarias para el desarrollo del mismo. El programa esta aun sin mención en la agenda pública del alcalde Galán, pero ya varios concejales han intentado hablar del tema y colocarlo sobre la mesa de debate del Concejo, pero aún no existen avances en la corporación; El excandidato a la alcaldía y actual concejal de Bogotá Juan Daniel Oviedo, esta tocando este tema en el debate de la ciudad nuevamente y vale la pena revisar que visión tiene para este programa. De igual manera, se ha demostrado que es un proceso que se evidencia en la ciudad, con varios gimnasios y supermercados asi como locales y bares que hacen de sus servicios en distintos días, una jornada productiva en las 24 horas del día, pero esto sigue siendo políticas sencillas para algo que el corazón social y productivo de la ciudad está solicitando urgentemente porque si existe la oferta 24 horas, no existen garantías que no midan, el acceso a estos servicios por la capacidad adquisitiva y la alta calidad de vida de la demanda, es necesario generar estas garantías con una política integral y estructural para mejorar la ciudad.

En primera instancia, al existir la disposición de la oferta para generar los empleos y prestar los servicios de la actividad comercial para solventar las 24 horas existe la demanda que la resuelva, pero una demanda corta y muy seleccionada, las garantías que se quieren implementar no es solo las obvias deducciones fiscales a estos establecimientos, sino una salvedad para trasladarse y mantenerse en el lugar donde se consume esta oferta, como colocar el sistema de transporte público a disposición de estas ofertas, además de que esto generaría la tranquilidad para movilizarse por la ciudad, también daría la disposición de la policía en las diferentes estaciones de Transmilenio y que esto aumenta el flujo de personas en las horas no convencionales que genera garantía de la luminosidad en los lugares de alto transito haciendo que la percepción de seguridad aumente. Y la actuación de la delincuencia y las bandas criminales organizadas reduciría de manera radical al no poder actuar con los mismos factores que les benefician, serían desmantelados de manera automática por ese proceso adaptativo de la actividad económica constante que ayuda a mantener activas las alertas y la visibilidad de actuación en Bogotá.

Ahora no solo hablando simplemente del consumo, imaginémonos los empleos que se generarían con 8 horas laborales en las 24 horas del día, casi se multiplicaría por 3 los empleos que genera la economía actual, y con un transporte que garantice la llegada al lugar de trabajo y saber que este mismo esta activado para todas las horas sin parar su funcionamiento. Un ejemplo claro es el de un estudiante de pregrado o posgrado que tiene su horario en jornada diurna donde genera su respectiva función de especialización y consumo, ahora pueda tener un empleo a horas de la noche con los mismo derechos laborales y cumple ahora con la función productiva que le genera el salario necesario para sostenerse en la universidad, de igual manera, el desempleo disminuiría drásticamente al necesitar mano de obra que satisfaga la prestación de servicios, además que el consumo aumentaría en la completa necesidad de comprar ya no en horarios establecidos sino en el horario de libre elección del consumidor, que al mismo tiempo ayudaría a disminuir la aglomeración que se genera en los mercados locales actuales de la ciudad como lo son la Plaza España y todo el sector de San Victorino, y como la población de productividad y consumo tiene la tranquilidad del funcionamiento del transporte público pueden realizar sus actividades económicas con mayor tranquilidad. Ahora bien, solo me refiero al sector privado, en el sector público no sería diferente y los trámites burocráticos mejorarían de manera drástica al poder hacer el proceso de horarios hábiles en todo el horario ya implementado en las 24 horas y como la recaudación aumentaría por el aumento de productividad y consumo, existiría la capacidad presupuestal de solventar salarios de servidores públicos para que puedan hacer de las 24 horas para el tramite del proceso sea mucha más efectivo, eficaz y eficiente, que aumentaría la confianza en las instituciones que a su vez tendrían la capacidad de generar soluciones estructurales de manera adaptativa a los problemas inicialmente mencionados. Al hacer 24 horas la ciudad, los problemas no se solucionen inmediatamente; es un proceso paulatino que llevará toda la disposición política, económica y social para que de a pocos la ciudad adopte esta modalidad y pueda mejorar integralmente a Bogotá.

Este tema no termina aquí, al contrario, esta hasta ahora iniciando a darse nuevamente el debate en las corporaciones y ahora debemos colocarlo en la agenda pública mas territorial, bajarlo de la nube académica y utópica de realización a las charlas de café cotidiano como a las diferentes instancias de acción social y económica para que podamos pensarnos la necesidad inminente de que la ciudad sea 24 horas, con el análisis presupuestal, con las fuentes de financiamiento, con todas las garantías mencionadas y las que sean previstas en el proceso de implementación, y que al pensarlo hagamos de esta propuesta, Bogotá 24 horas, la solución que merecemos los bogotanos.


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Juan Esteban Aristizabal Bautista

Soy estudiante de Administración Pública en la ESAP y consejero de juventud de la localidad 19 - Ciudad Bolívar, también escritor publicado de dos cuentos en ITA Editorial, rolo y colombiano de nacimiento y corazón, un apasionado por la política, la literatura y la transformación social, y sobre todo, un analista empírico del diario vivir con el cual deseo inspirar a miles de mentes para que cambiemos un poco la sociedad.

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