Bill Maher y el virus

Creo que hay una línea muy delgada entre escuchar a los científicos, cosa que es fundamental, y creer que cualquier problema humano se resuelve a punta de física, matemáticas o biología”.


El algoritmo de youtube me mostró hace poco un video en el que el cómico Bill Maher defendía que al COVID se le podía llamar “el virus chino” sin ningún problema. Durante la pandemia esta denominación fue poco usada, solo unos pocos amigos de Maher la utilizaron y incluyendo al presidente de entonces Donald Trump, pero en general no tuvo mucha acogida, tan poca acogida tuvo que el término no fue exportado a otros idiomas como el nuestro. En todo caso el argumento de Maher era algo así: los científicos, que son bastante liberales (lo que nosotros llamaríamos más bien progresistas) según el presentador, desde siempre han llamado a las enfermedades según el lugar desde el que se detectaron por primera vez; el zika y el ébola por lugares en áfrica, el MERS o síndrome respiratorio del medio este, por sus siglas en inglés, y el caso más popular y devastador, la gripe española.  Al final de su diatriba cita un tuit de un senador estadounidense que señalaba que llamar al COVID virus chino era tan ridículo como llamarlo virus de Milán, a lo que Maher respondía que sería aún más ridículo llamarlo virus de Milán porque no fue en Milán donde se detectó.

Bill Maher ha creado su carrera, como algunos otros presentadores y figuras públicas estadounidenses, vendiendo la imagen de ser irónico y políticamente incorrecto. A principios de los 2000 esto se traducía por ejemplo en declararse ateo y hacer mofa de la religión, de hecho, tiene un documental sobre el tema llamado “Religulous”. Desde hace años su irreverencia va dirigida contra el progresismo, contra la izquierda y en darle una plataforma bastante confortable a la ultraderecha, así él mismo ni siquiera se considere como tal.

Su argumento frente a la denominación del coronavirus lo presenta como un asunto neutral; es solo la manera como desde que existe la ciencia médica los epidemiólogos han nombrado algunas enfermedades. No están siendo racistas sino precisos. Bastaría decirle que en este caso la comunidad científica no lo llamaba en general el virus chino sino coronavirus. Incluso la Organización Mundial de la Salud sugiere no llamar a las enfermedades según un lugar para evitar daños a las personas y a la economía. Entonces si Maher quería seguir la postura de la comunidad científica debía llamar al virus COVID o coronavirus. Para gente como Maher, la comunidad científica de hoy en día no es como solía ser, pues está secuestrada por discursos progresistas, por eso sería mejor seguir el ejemplo de la comunidad científica de hace 70 o cien años que eran mucho más libres. Que los científicos de aquellas épocas tuvieran tanto gusto por el darwinismo social, la eugenesia y la clasificación de las razas según su inteligencia ya es arena de otro costal

En todo caso, Maher y compañía, deberían tener en cuenta que la manera como se denomina al virus estaba teniendo un efecto real en las personas.  Los ataques contra la población de origen asiático (chinos o no) en Estados Unidos aumentaron en un 73% durante 2020 y de hecho se descubrió que había correlación entre los ataques y la manera como se refería al virus. Así que no era un asunto particularmente inocuo, no se trataba de gente ofendida por una nimiedad, sino un problema real que estaba afectando la vida de las personas.  Solo por esto parecería más racional, utilitarista, preferir un nombre por encima del otro.

Pero incluso si no fuera así el argumento de Maher sigue siendo bastante sospechoso. La mayoría de las regiones que menciona están en África, Asia o Medio Oriente, solo dos excepciones: una en los Estados Unidos y el otro la gripa española. Las regiones más pobres del mundo, con menor acceso a un sistema de salud confiable, peores condiciones de vivienda y de trabajo son más susceptibles a las enfermedades y a la aparición de nuevos virus; mientras tanto los laboratorios médicos que los van a estudiar estarán ubicados en regiones más desarrolladas, así que no se puede esperar que los nombres elegidos sigan un criterio objetivo, sino que sean efecto de esta desigualdad.

Además, una cosa es nombrar el virus con el nombre de una región muy específica, un río o un bosque, que para ubicarla en el mapa se necesitaría un doctorado en geografía, como en el caso del zika o el ébola, y otra muy distinta es utilizar el nombre de una ciudad o de todo un país. No es la primera vez que pasa. Además de la ya mencionada gripe española en 2012 con la aparición de la epidemia de gripe porcina H1N1 hubo un intento de llamarla la “gripe mexicana”, de hecho, en internet se puede encontrar un argumento a favor de este nombre que es bastante similar al de Maher.

Ahora hay que abordar el caso de la gripe española pues parece excepcional. Es un nombre aceptado, refiere a todo un país, no parece haber generado ningún tipo de prejuicio frente a los españoles y sin embargo es un nombre erróneo. La gripa española no empezó en España ni tampoco fue el país más afectado por la misma, el nombre es tan absurdo como llamar al coronavirus el “virus de Milán”. La primera mención de la gripe española apareció en el periódico The Times en 1918 y fue un nombre que caló en el público y es probable que haya tenido alguna influencia la histórica animadversión entre ingleses y españoles. Esta denominación errónea demuestra todo lo contrario de lo que argumenta Maher; que estos nombres no son producto de observaciones ni científicas ni de juiciosos y racionales análisis de la realidad. A veces puede ser simplemente una moda mediática.

De gente como Maher hay que cuidarse. Este es solo un ejemplo, uno fácil de analizar y de desmontar. Cualquiera que busque en internet o esté familiarizado con los discursos de Maher sabrá que no es único, es la misma estrategia para muchos otros temas y el verdadero problema es que hay muchos como él, pienso en Ben Shapiro (aunque sea particularmente radical y religioso), en Jordan Peterson y en Richard Dawkins.  Creo que más allá de los chistes de Bill Maher y sus argumentos lo importante es estar atento a este tipo de líderes de opinión. Es gente que dice estar en el centro, ser apolítica o estar del lado de la verdad no importa de donde venga.  Se pretenden a sí mismos como seres neutrales y ante todo racionales que van hacía donde la evidencia los lleva; a su vez pintan a sus detractores como gente sensible, ideologizada o incluso irracional, guiada por los sentimientos y no por los hechos. Posan de irreverentes y de lanzar verdades como puños. Incluso aseguran ante las críticas que reciben estar siendo censurados, que ya la gente no acepta a quien piensa distinto.

A la larga estos “pensadores” se sienten más cómodos con el estatus quo, ven como una amenaza personal cualquier cambio social. Son muy afines a la derecha, pero no quieren que se les considere de derecha. Si sus opiniones se suelan alinear tan bien con los intereses de ciertos grupos de poder, del capitalismo y en algunos casos de grupos nacionalistas o ultraconservadores, es una coincidencia y no un sesgo. Sus estrategias suelen ser la misma en el mundo anglosajón y la están exportando a nuestros países.

Como en el debate reciente sobre la ciencia hegemónica hay que señalar de nuevo que los científicos no son seres de luz, asépticos y distantes de la realidad social. La manera como hacen ciencia va a estar influenciada en algún grado por la política e incluso por la economía. Esto no quiere decir que sus resultados dejen de ser reales, el problema viene siendo la interpretación que ellos u otros hacen de esos mismos resultados. Si la comunidad médica hubiera decidido en serio llamar al coronavirus el “virus chino”, eso no hubiera cambiado en nada la composición del virus o el desarrollo de vacunas, pero sí hubiera tenido un efecto perjudicial en las poblaciones de ascendencia asiática en lugares como Estados Unidos. Creo que hay una línea muy delgada entre escuchar a los científicos, cosa que es fundamental, y creer que cualquier problema humano se resuelve a punta de física, matemáticas o biología.  El segundo caso es un cientificismo radical y hasta peligroso, en general es solo una fachada para mantener y justificar a quienes están en el poder.

About the author

Omar Celis Volkmar

Soy comunicador social con posgrado en escritura creativa. He cursado algunos semestres de la carrera de Historia y tomado cursos libres en distintas áreas como fotografía y guion cinematográfico. Con interés especial por la cultura, la política y la ética.

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