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Arquitectura, religión y cultura los componentes con los que construyen comunidad en Palocoposo

La relación entre la arquitectura y el arte es intrínseca, cuando no se considera la función de la estructura sino más bien el significado dentro de un entorno y tiempo que enmarcan un significado cultural. Durante siglos, la comunidad ha buscado refugiar sus necesidades en la fe, algunos en la religión, otros en el servicio a los demás y pocos en la vocación.

Independientemente de la noción que tengamos sobre la religión o sobre los dogmas que residen en el interior de las iglesias, no podemos negar que estas son una parte fundamental en la historia de los pueblos. Son testigos inamovibles de acontecimientos de todo tipo, del acaecer de la vida de generaciones de personas, de cómo las ciudades crecen y se transforman a su alrededor.

Es entonces que, en el año 2000, anuario del jubileo, a tan sólo 2 kilómetros de la cabecera municipal de Santa Barbara, Antioquia, en la vereda Palocoposo brotaban los primeros retoños de lo que sería un proyecto pensado para la comunidad. Hace 20 años, las primeras piedras fueros puestas para levantar lo que hoy se conoce como la Capilla Nuestra Señora de los Dolores de Palocoposo, una construcción arquitectónica de 36m2 por 6 de altura, elaborada de manera manual, artesanal (sin movimiento de maquinaria) y a la vez acostada en adobes antiquísimos, aplicados con carbono 14, con un peso por unidad de 12 libras. Material hallado hace más de 70 años, algunos con casi 200 años. Los pertrechos fueron traídos poco a poco de Anzá, Santa Fe de Antioquia, de las demoliciones del centro de Medellín y de las moliendas del municipio donde se encuentra ubicada la ermita. Para ese mismo año, fue consagrada por monseñor Germán García, primer obispo de la diócesis de Caldas.

En aquel entonces la vereda tenía sólo caminos polvorientos, así que con la mano amiga de los trabajadores los adobes fueron llevados a hombro hasta aquel espacio destinado como espiritual.  La edificación tiene una semejanza a la iglesia de La Vera Cruz en la capital Antioqueña a excepción de dos cuerpos que la componen. A su vez, la ermita tiene en su diseño interior pequeñas catatumbas inspiradas en la arquitectura italiana y lo que estas representan. También dentro de sus paredes rupestres tiene orificios que hacen alusión a las cuevas de Altamira, los cuales implicaron el movimiento de la tierra al interior de construcción. Adicional, las puertas principales pertenecieron al barrio Manga de Cartagena, uno de los más antiguos de la ciudad amurallada. Además, uno de los elementos más importantes, es del año 1816, el campanario suena de manera habitual para reunir a la comunidad.

Asimismo, en medio de particularidades, el altar cuenta con una reliquia como lo es la piedra de ara, consagrada en 1941 en Yarumal por Monseñor Miguel ángel Builes, esta piedra anteriormente era un requisito puesto por el vaticano y fue así hasta El Concilio Vaticano II. Por otro lado, la ermita tiene una particularidad más, allí, el sacerdote oficia desde la parte baja y el pueblo está en la parte alta, esto como enseñanza teológica: “Dios vino a servir y no a que le sirvieran”.

El sueño de un educador empezó a plasmarse, Francisco Javier Ochoa Pérez, diseñó la obra con base a sus primeros estudios en Arquitectura, antropología y arqueología y materializó su proyecto de vida a través de la enseñanza con la comunidad. Convirtió la capilla, la finca, la vereda en un espacio para todos. “El profesor” como lo llaman los habitantes de aquel rincón adornado de montañas, grandes pinos, y de gente pujante buscó no sólo que la comunidad se descubriera consigo mismo sino también con el otro. Él dio vida a la ermita como herramienta para la construcción social y económica de Palocoposo. Durante décadas, la edificación ha dado empleo a los jóvenes y los adultos mayores. Según “Pacho” como lo llaman sus familiares pensó en esta población: “con el fin de enseñarles el valor por el trabajo y que se sintieran incluidos y no olvidados como ocasionalmente ocurre”.

Para el año 2019, se construyó dentro de las entrañas de la tierra, el espacio para el Ecce homo compaginado con los lugares santos de Roma. Una imagen única, el cual se encuentra haciendo carrizo como la imagen original. Cabe resaltar que, dicha devoción al Ecce Homo surgió en el continente de África. Su relación se remonta a la llegada de los negros, esclavos, al sur de Colombia y al norte de costa ecuatoriana, fueron ellos quienes trajeron esta costumbre religiosa. Según la historia el Ecce Homo ingresa al interior de Antioquia, exactamente al municipio de Segovia y Zaragoza, donde había gran cantidad de personas que eran explotadas laboral y socialmente en las minas de la región, y que buscaban refugio a través de la devoción al Ecce Homo. Para el año 2020, se realizó el subterráneo al estilo egipcio y romano, con claraboyas con el fin de albergar el santo sepulcro.

Desde sus inicios, la capilla ha sido reconocida por su diseño arquitectónico y componente social en varios países como: Estados Unidos, Canadá, México, Panamá, Venezuela, Ecuador y Perú, Inglaterra, España y Alemania convirtiéndose en la actualidad en destino turístico. En aquel lugar, sin importar la medida de su devoción, miles de personas llegan a admirar este monumento, comparten de las festividades de la semana mayor, la navidad, primeras comuniones, etc.

Desde luego, la finca (espacio que acoge la capilla) cuenta con un pequeño museo, en que se evidencia el trabajo filantrópico a través de galerías y libros, los cuales cuentan la historia y muestran los acontecimientos más importantes que se han presentado.

Sin embargo, más que hablar de la construcción hay que hablar de quienes han creído en el proceso, aquellos que han buscado darle la voz a la comunidad, generando progreso y participación, pensando en crear oportunidades para todos. Por ello, en conmemoración de los 20 años se ha pensado en crear voluntariados para hacer un comedor comunitario pensando en aquellos niños y adultos mayores que no tienen disponibilidad de alimentos. Lo que permitirá brindar alimentación y un acompañamiento desde el componente social para fortalecer capacidades en las personas y familias a través de procesos de inclusión social para una mejor la calidad de vida.

 

 

 

Esto fue escrito por

Andrea Ochoa Restrepo

Comunicadora Social- Periodista con énfasis en Educación de la Universidad Católica Luis Amigó.
Maestreando en Economía Aplicada Eafit
Apasionada por las letras, el periodismo investigativo y los viajes como una forma de conocer el mundo.

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