Opinión Política Selección del editor

Ante la ofensiva uribista: profundizar contenido democrático. ¡A rectificar se dijo!

“Cuando se genera una desilusión, la extrema derecha gana espacio. Gobiernos alternativos, corrijan, ¡a tiempo!”

El octenio 2002-2010 fue el del clímax del Uribismo. La imagen y la favorabilidad de la gestión presidencial de Uribe eran apabullantes. El “efecto teflón” era una realidad infranqueable para sus críticos. El “embrujo autoritario” también lo era: una población obnubilada con la mano firme y el corazón grande de un personaje mesiánico que salvaría al país. Pero como sentencia la frase que se le atribuye a Abraham Lincoln “que se puede engañar a algunos todo el tiempo, o a todos durante cierto tiempo, pero que no se puede engañar a todos todo el tiempo”, el engaño colectivo se hace cada vez más evidente: es constatable el declive del uribismo, aunque ¡ojo!, no es irreversible. Primero vino la fractura santista y el deslinde de muchos de sus alfiles del mesías; luego el contundente rechazo de 8 millones al que dijo Uribe en las presidenciales, que después se supo, con affaire de la neñe política, ganó fraudulentamente ¿alguien por fuera del establecimiento lo duda?; después vino su estruendosa derrota electoral en las regionales, donde perdió tres de las principales ciudades (Cali, Medellín y Bogotá) y algunas intermedias como Cúcuta, por citar una; y finalmente la cereza de este despertar colectivo: la majestuosa movilización social del 21N. Este es el contexto de las revocatorias con las cuales el uribismo se quiere reinventar.

Este estallido social del 21N expresó la debacle social en que se venía pre-pandemia. Sin embargo, esta manifestación popular no fue solo el rechazo a Duque, que en 16 meses de su gobierno ya mostraba sus intenciones de gobernar para las elites económicas de siempre con el anuncio de las reformas pensional, laboral y tributaria (el paquetazo que las centrales rechazaron convocando al paro), sino que fue la expresión de frustraciones de larga data. Fue nuestro criollo “no son 30 pesos, son treinta años” chileno. Sin exculpar a todos los gobernantes que en mayor o menor grado han contribuido a la consolidación de esta larga noche neoliberal de exclusión social, desigualdad, empobrecimiento, pérdida paulatina de derechos de los ciudadanos, el uribismo ocupa un lugar especial; la motosierra, el deterioro democrático, el autoritarismo, su alergia hacia la paz, su proclividad fasciostoide, ¡he ahí su contribución!

Sin lugar a dudas la pandemia del covid-19 aflojó la soga que la movilización social le había apretado al cuello a Duque. Y sin estas ataduras, y arropado en los poderes especiales que la constitución le confiere al gobernante de turno para enfrentar cualquier emergencia económica, social o ecológica, Duque acentuó la deriva autoritaria en la que el uribismo está inmerso. Gobernar por decreto le ha permitido a Duque, sin el control efectivo de un congreso reducido a un rality virtual, darle todo a Banqueros, grandes empresas y EPS y, a la vez, negar el salvataje a la micro, pequeña y mediana empresa, la renta básica a las familias más vulnerables, la matricula cero a los estudiantes. El uribismo ha degenerado en una rémora que impide cualquier avance democrático del país, condición sine qua non para solucionar sus agobiantes problemas sociales. Esto es el corolario inevitable cuando se termina gobernado por los herederos del Pablo Escobar, como bien lo señala María Jimena Dussan.

Quedó claro, después del calculado trino de Uribe en donde anuncia que el Centro Democrático no participará de ninguna revocatoria, que los militantes de ese partido participarán de las revocatorias a título individual, sin comprometer a esa colectividad. Son unos maestros de la mentira y el engaño. En su declive, que reitero no es irreversible, el uribismo ha planeado pasar a la ofensiva con miras al 2022 y retomar un nuevo aire. Un referendo engañoso y las revocatorias son sus instrumentos en este plan.

Y ¡ya empezaron  a actuar!. Soterradamente, de manera taimada, como en el caso de Cali, o de manera abierta y frontal, como en Bogotá y Medellín. Con perfiles bajos como exlíderes sindicales o a través de periodistas que individualmente quieren salvar a Cali, por ejemplo, del experimento chavista encarnado en la actual administración Caleña: en el marco del hashtag #PesimosLosAlcaldesZurdos, se promociona en el portal uribista “Los irreverentes” la columna “Cali, el experimento chavista” de Jaime Arizabaleta, en donde carga contra Jorge Iván Ospina tildándolo de déspota e irresponsable. Cuando el debate revocatorio se ponga álgido, las bodegas Uribistas harán su tarea y los grandes medios el resto. Caracol títuló el día siguiente a la publicación de la última encuesta de Invamer “Duque subió en aprobación y alcaldías de principales ciudades bajaron”: lograron el titular perfecto, para empujar el plan revocatorio ¡Pilas!

Jorge Iván Ospina, Claudia López, Daniel Quintero:

No es el propósito de este escrito valorar en detalle la crítica ciudadana y de sectores políticos, muchas de ellas acertadas, a las alcaldías de Cali, Bogotá y Medellín. En otro espacio lo haré con más suficiencia. Simplemente quiero manifestar, sin desconocer los sectores organizados que impulsaron la elección de sus respectivas alcaldías, que en su triunfo fue determinante la expresión de una ciudadanía que, a tono con lo aquí escrito, está buscando desesperadamente alternativas al Uribato. Rebeldías electorales desorganizadas, guiadas solamente por la intuición de que es la hora de decir basta al uribismo: a ellas no se les puede defraudar. Cuando se genera desilusión, la extrema derecha gana espacio.

Este fue el espíritu de una respuesta que acompañé, elaborada por parte del colectivo político TPEZ al cual pertenezco, ante las inquietudes y dudas que emergieron entre allegados y simpatizantes nuestros, así como entre algunos colectivos sociales y políticos amigos con los que he hemos batallado por décadas a propósito de nuestra propuesta de respaldar la candidatura de Jorge Iván Ospina en las elecciones regionales de octubre del 2019. Esto especialmente porque la propuesta provenía de quien fuera, como concejal, un asiduo opositor a su gestión en la primera Alcaldía de Cali. Temas tan relevantes para la ciudad como las empresas públicas de EMCALI y EMSIRVA nos distanciaron. Además fui crítico de muchos aspectos del plan de mega obras, básicamente en la forma de financiarlas a través del mecanismo de valorización por su impacto en las clases medias y medias-bajas de la población. En aquella respuesta a las dudas, rematábamos:

“Hoy la prioridad, por lo dicho, debe ser enfrentar a ese uribismo de nuevo en el poder. En este contexto es que acogemos entusiastas los esfuerzos que se están haciendo para lograr la más amplia convergencia, aún más allá de los sectores alternativos de acuerdo a las especificidades locales y regionales. Por ello no se pueden descartar, por consideraciones puristas, el establecer acuerdos electorales puntuales y sobre mínimos programáticos con los sectores del establecimiento en abierta confrontación con ese Uribato”.

Para detener esta ofensiva uribista, es necesario profundizar los contenidos democráticos, que de seguro, quedaron plasmados en sus programas de gobierno ofertados a la ciudadanía. El apaciguamiento con cargos burocráticos o concesiones programáticas no es el camino. La situación amerita actuar urgentemente. Las reivindicaciones de renta básica, subsidios a los servicios públicos, fortalecimiento de la salud pública no dan espera.

Ya adelanté de manera general mi beneplácito por el propósito de enmienda del Alcalde Ospina de “hacer ajustes para no tirarse por la borda las tareas necesarias construir inclusión”, y le recomendé no solo escuchar a sus amigos de la élite caleña, sino a los de abajo, darle más transparencia a su gestión, superar herencias neoliberales y profundizar su contenido democrático. Mi reclamo general:

…que gobiernos alternativos corrijan, ¡a tiempo!