Opinión Política Selección del editor

A propósito de la necesidad de un pacto histórico

“Hacerles sombra a todos no es el camino, al contrario, deberíamos escucharnos partiendo de una base simple, si se quiere lograr un acuerdo la lógica del todo o nada es poco provechosa”



El frente amplio, unión de centro izquierda, pacto histórico, acuerdo sobre lo fundamental, etc., se asemejan al fin del mundo que, anuncia su llegada, pero se desconoce cuándo. Habrá que ir por partes, reconociendo que una columna es un espacio estrecho para desarrollar ampliamente la discusión que un tema tan importante merece.

Ya sin ánimo de pontificar y cerrar la discusión y, sin posar de analista, dejaré algunos comentarios. Para entrar en materia, empecemos con la expresión “voluntad política” la cual es bastante frecuente. ¿Pero qué es precisamente eso? O ¿Podrá tratarse de reducir las expectativas de la propuesta con tal de diseñar una agenda donde quepan Otros? Lo cierto es que, hasta el momento, la cuestión gira en torno a nombres o liderazgos, a la espera del diseño de la mecánica electoral que permita escoger quién hará las veces de solista. Aquí los coros no son muy atrayentes.

Al igual que ocurrió en su momento con el plebiscito, sobran políticos y faltan votos. A esta altura, antes que los censores ejerzan su ministerio, vale advertir que la crítica no debe estar al servicio de una causa, es decir, no está bien aplicarla en unos casos y en otros no. Todo esto para decir, que la izquierda es bastante buena analizando y desde luego, haciendo crítica, sin embargo, el trabajo colaborativo le cuesta. Ya es conocido el mantra: la izquierda unida nunca será izquierda, el cual presenta un serio defecto a manera de virtud.

No se trata de crear una sociedad de iguales donde todos pensemos igual extirpando uno de nuestros rasgos más importantes: la heterogeneidad. Al contrario, la igualdad debería ser en oportunidades de movilidad social, acceso a cargos públicos y donde se busque continuamente la democratización de los partidos políticos, la toma de decisiones, la convivencia, hasta el acceso al poder en todos sus niveles. Sin embargo, lo anterior es poco probable de alcanzar si no cambiamos las lógicas con las cuales pensamos la construcción de lo social y el ejercicio del poder.

Conviene re–pensarnos desde otras lógicas. Por ejemplo: construir movimientos y comunidad por fuera del marco institucional que apuesta por lo formal y desdeña lo material. Quedando atrapado en lo escrito donde se debate amargamente por el parágrafo, pero, que no busca la concreción de los principios centrales del texto, en tal sentido, se queda en la formulación exponiendo el síndrome de la codificación en clave con la eficacia simbólica del derecho.

Los movimientos sociales son fundamentales para el impulso de la democracia que haga posible la construcción de la horizontalidad que permita tejer comunidad, esto último, invierte la delegación tal como la conocemos haciendo posible pensar en mandar obedeciendo. En los territorios la formulación de política pública vía Twitter es poco provechosa, allí, donde se sufre en el plano material la falta de oportunidades en clave con la muerte, es donde las comunidades tejen entre ellos cultivando lo humano.

Más allá de matricularnos en determinada posición política o sumarnos al coro de “analistas” que a punta de teoría ofrecen el camino a la tierra prometida, deberíamos pensar en cómo tejer comunidad. Reconociendo las dificultades de trabajar en equipo, admitiendo que nuestras ideas son imperfectas y pueden y deben ser mejoradas. Hacerles sombra a todos no es el camino, al contrario, deberíamos escucharnos partiendo de una base simple, si se quiere lograr un acuerdo la lógica del todo o nada es poco provechosa. Deberíamos entender que construir el tan mentado acuerdo pasa por bajarle las exigencias a nuestros proyectos y confiar en las ideas del Otro.

A mi juicio, el problema está en que un sector político ya escogió quién debe disputar el poder en la segunda vuelta presidencial en 2022. En tal sentido, se encuentra en medio de una cruzada para hacer que los demás voten por su elegido. Por tanto, intentan reproducir el escenario de 2018 convencidos que esta vez si ganan. Y en esa cruzada, se recurre a ejercicios retóricos para mostrar la lógica binaria que rodea el asunto; el problema con esto, es que la negación de un espectro importante de votantes no solo es contrafáctico, sino que, al mismo momento, se ha convertido en una especie de lotería ligada al karma para muchos que, al no sentirse parte de la propuesta binaria, han optado por esperar otras opciones. De fondo, se han vertido ríos de tinta y saliva en busca de mostrar que no existe en nuestro medio posiciones distintas al binarismo propuesto.

En suma, hasta el momento muchos buscan afanosamente que se repita el escenario de 2018 que nos tiene capturados en un bucle. En medio de la crisis de liderazgos en la que está sumida Colombia, muchos se aventuran a dar saltos triples que les permitan alejarse del barco en llamas tratando de adelantarse a la debacle. De igual forma, parece que la pandemia y sus preocupantes cifras no inquietan como se debe; mientras, se ponen los ojos en el 2022 para continuar con la consigna de pensar país para los próximos cuatro años apostándolo todo al presidencialismo. En consecuencia, se presenta el vino nuevo en odres viejos buscando esperanzar a los votantes que, lejos del cálculo político se debaten a diario entre los colaterales de la desigualdad y las consecuencias de la pandemia.

Adenda 1: En lugar de insistir en malabarismos argumentativos sería mejor buscar la manera de ponernos de acuerdo en lo mínimo, pasando de la formulación a la aplicación.

Adenda 2: La construcción de una ciudadanía activa y crítica que impulse la democracia va más allá de ejercicios electorales hechos al calor de las campañas.