La consultoría política no está de Adorni

«No ahorres en consultoría», dice permanentemente Mauricio Vázquez, uno de los mejores especialistas en consultoría política de la Argentina.

Ese rubro nunca fue santo de mi devoción porque, cuando no se es auténtico ni hay verdadera vocación de servicio al “bien común”, la consultoría se transforma en meros consejos de conveniencia para psicópatas dispuestos a cualquier cosa.

No obstante, si se es una persona “normal”, bienintencionada, con auténtica vocación de servicio, la consultoría es indispensable. Porque hay complejos fenómenos de comunicación política que sencillamente la mayoría de nosotros NO comprende, y caemos con frecuencia en la soberbia de pensar que, por saber mucho de Mises, Hayek o el planeta Marte, vamos a poder enfrentarnos a infinitas variables de la percepción política. Y dije percepción porque en política rige Berkeley (busquen). Esse est percipi, en política sí.

Esa soberbia se conjuga con una ingenuidad total que se manifiesta en varias formas:

  1. La suposición de que la opinión pública NO creerá las «operaciones mediáticas» del adversario político. ¡Claro que sí! En general. El doble estándar es el arma más utilizada por el adversario. Claro que el opositor va a criticar aquello mismo que él hizo en su momento, y claro que la mayoría de las personas ni se van a acordar del asunto. Es injusto, pero es así.
  2. La ingenuidad de NO anticipar la jugada del adversario. Hasta yo, que de ajedrez no sé nada, sé —sin ningún esfuerzo— que si me paso la vida diciendo que «A», el adversario me caerá por la cabeza mediáticamente si yo llegare a hacer o decir UN milímetro de «No A». Obvio. No hay que ser Einstein para darse cuenta.
  3. Suponer que estás blindado. No, y sobre todo si estás a favor de políticas de transformación impopulares. Por más que hayas tenido un éxito electoral efímero, el adversario está esperando, agazapado, paciente, la hora de su venganza. Y la ejercerá. Tarde o temprano, la ejercerá, sobre todo ante el desgaste natural que el tiempo produce en la política.
  4. Suponer que no tienes que consultar a nadie (No comment!).
  5. Suponer que no vas a caer en tentaciones mínimas que forman parte de la «sensualidad del poder».

Es lamentable porque, si verdaderamente estás convencido de la importancia de ciertas ideas y transformaciones, estos errores no deberían cometerse.


La versión original de esta columna apareció el 22 de marzo de 2026 en Filosofía para mí: Un blog altruista a pesar de todo y, posteriormente, en El Insubordinado.

Gabriel Zanotti

Académico argentino especializado en los vínculos entre liberalismo y catolicismo, Gabriel Zanotti ha dedicado buena parte de su trayectoria a la difusión y enseñanza del pensamiento de la Escuela Austriaca de Economía. Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina, es autor de numerosas publicaciones y desarrolla una amplia labor como conferencista.

Actualmente es director académico del Centro Friedman-Hayek, profesor full time de UCEMA (Universidad del CEMA), miembro de la Academia Nacional de Educación y profesor invitado de la Universidad Francisco Marroquín, donde ha impartido cursos, seminarios y disertaciones. Asimismo, se desempeña como asesor académico del Instituto Acton Argentina, organización dedicada a promover las ideas liberales dentro de la tradición católica.

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