La tierra tiembla… nosotros no

Cristian David Toro Gil

El gran Frédéric Bastiat dijo: «La solidaridad es espontánea o no es solidaridad, decretarla es aniquilarla». Es así. Y el mejor ejemplo de que la solidaridad es uno de los valores sociales más altos que tiene el hombre, y que esta nace de lo más íntimo de su naturaleza, es el caso de mi país: Colombia.

El pasado lunes 10 de agosto, a las 7:34 de la mañana, un terremoto de magnitud 7,4 sacudió Colombia. Con epicentro en las inmediaciones de San José del Palmar (Chocó) y a más de 90 kilómetros de profundidad, el movimiento se sintió a lo largo y ancho del país y golpeó con especial dureza al occidente colombiano. Pereira, Cali, Manizales, Quibdó y otras ciudades recibieron una nueva semana en medio de edificios colapsados, viviendas destruidas, servicios interrumpidos, aeropuertos cerrados y equipos de emergencia tratando de localizar sobrevivientes entre los escombros. Con el paso de las horas, la dimensión de la tragedia comenzó a revelarse: centenares de muertos y heridos, más de 1.500 viviendas afectadas y decenas de edificaciones completamente destruidas. Entretanto, las réplicas mantenían en vilo a millones de personas; bomberos, socorristas, médicos, militares y ciudadanos comunes comenzaron una carrera contrarreloj para salvar vidas, humanas y animales.

Y entonces aparecieron ellos: los que, con la tierra todavía temblando y el resto buscando refugio, corren exactamente en la dirección contraria. Colombia cuenta actualmente con 23 equipos nacionales especializados en búsqueda y rescate, conformados por hombres y mujeres cuya preparación los ubica entre la élite mundial para responder a esta clase de catástrofes. Bomberos, rescatistas, miembros de la Defensa Civil, la Cruz Roja, las Fuerzas Militares, organismos de gestión del riesgo, médicos, paramédicos y voluntarios se desplegaron allí donde cada minuto podía separar una vida de una muerte. Los hemos visto abrirse paso a través de concreto retorcido, remover toneladas de escombros, introducirse en estructuras que siguen amenazando con venirse abajo y trabajar durante horas interminables detrás de una señal, una voz, un golpe, cualquier indicio de que alguien aguarda del otro lado. ¡Son colombianos salvando colombianos! Personas que hicieron de la preparación, el coraje y el servicio una profesión y que están a la altura cada vez que su país las necesita… incluso ante una catástrofe de esta magnitud.

Más allá de los comentarios idiotas y chistes de mal gusto que hacen algunos, como los autodenominados “influencers libertarios”, en redes sociales, y de que tantos “analistas políticos” y políticos estén capitalizando el dolor ajeno para entregarse a la politiquería más vil y barata, los colombianos de a pie nos estamos abrazando unos a otros. Estamos donando, tendiendo la mano, abriendo nuestras casas, movilizando recursos y acompañando a quienes lo perdieron todo. Porque mientras unos convierten la tragedia en tribuna, un país entero ha decidido convertirla en solidaridad.

En todo esto, la determinación, el ingenio y la empresa privada están jugando un papel clave. Iniciativas como la del action-tank Libertank, que mantiene informada a la ciudadanía a través de sus canales oficiales sobre cuáles son las vías correctas para hacer donaciones o ejercer como voluntario; la convocatoria para llevar a cabo fiestas con sentido social, encabezada por el activista y artista drag Pablo Zapata y Club Oráculo, en mi hermosa Medellín; o la recién concebida Puntos por Colombia, ideada por el empresario y creador Juan Pablo Vargas —que, aclaremos, no tiene ningún vínculo con Puntos Colombia, mas sí representa una oportunidad con la que una cantidad considerable de colombianos podemos ayudar sin excusas— son muestra fehaciente de ello. Esta última es una espectacular propuesta para aprovechar un beneficio que muchos colombianos tenemos y pocas veces usamos.

Además, el asunto trasciende fronteras. La comediante Silvia De Frente, radicada en CDMX desde hace un par de años, congregó a reconocidos comediantes mexicanos para hacer del humor un vehículo de ayuda: el próximo 20 de agosto liderará Show de Comedia por Colombia, un espectáculo en La Casa de los Comediantes con una recaudación destinada íntegramente a los damnificados por el terremoto en el departamento del Chocó. A miles de kilómetros de nuestra casa, también hay colombianos buscando cómo tender la mano.

Indudablemente, Colombia es tierra pujante y solidaria, de gente hermosa capaz de alcanzar horizontes que aún no vislumbramos, y saberlo me llena de esperanza. Sin embargo, la mayor lección que deberíamos aprender de las tragedias es que estas no preguntan al llegar qué piensas, cuánto tienes, en qué crees, por quién votaste o de dónde provienes. No. Simplemente irrumpen y pueden cambiarte la vida en cuestión de segundos. Quizá por eso logran revelarnos algo que olvidamos con demasiada facilidad: antes que nuestras diferencias, somos colombianos. Y si podemos organizarnos, crear, donar, arriesgarnos, tender la mano y remar hacia el mismo lado cuando la tierra se abre bajo nuestros pies, ¿por qué necesitamos una tragedia para recordar la grandeza de la que somos capaces al actuar juntos? Ya habrá tiempo para discutir fallas, exigir responsabilidades e investigar todo cuanto corresponda. Hoy hay familias intentando encontrar a los suyos y compatriotas que procuran recomponer sus vidas y salir adelante económicamente tras haberlo perdido todo —porque sí, lo material importa, ¡y mucho!; por eso, no minimicemos el dolor ajeno, sea cual sea su causa—. Lo demás puede esperar… nuestra humanidad, no.

Regresará la calma, reconstruiremos lo perdido y Colombia volverá a ver la luz. Porque un país unido y decidido a ponerse de pie transforma sus propios escombros en los cimientos del mañana.


Esta columna fue publicada originalmente en El Insubordinado.

Cristian Toro

Paisa hasta la médula, hoy abriéndose camino en México. Ingeniero electrónico por la Universidad Nacional de Colombia (sede Manizales) y especialista en Gerencia de Proyectos por la Escuela de Ingeniería de Antioquia (EIA). Profesor de matemáticas, física y estadística; lector empedernido por vocación, aristotélico por convicción y serio aspirante a novelista y autor.

Editor en Al Poniente (Colombia), columnista en Conexiones (México) y Founder & Chief Operating Officer (COO) de El Insubordinado. Colaborador de organizaciones como The Atlas Society y Language of Liberty Institute. Lo mueven el arte, la ciencia, la historia, la filosofía y la buena música: del rock a la salsa, con escalas frecuentes en el tango electrónico.

Cree en el individuo como punto de partida; en las ideas que incomodan; y en la libertad entendida no como consigna, sino como responsabilidad. Desde ahí piensa, siente, concibe y comunica.

#ElHerejeDeLaTribu⚡ #EHLDT⚡

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