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Hoy Colombia amanece con un presidente nuevo y con algo que hacía tiempo no sentíamos con esta fuerza: esperanza. La posesión de Abelardo de la Espriella marca el cierre de un ciclo y la apertura de otro, y como concejal de Itagüí, en oposición, pero de puertas abiertas al diálogo, quiero sumarme a ese sentimiento colectivo con un mensaje sincero de buenos deseos.
Gobernar a Colombia nunca ha sido tarea fácil, y este cuatrienio lo será menos: el país llega dividido, exigente y cansado de promesas incumplidas. Por eso mismo, presidente, hoy no le escribo desde la desconfianza sino desde la fe. La fe de que un gobierno que empieza puede escuchar a las regiones, puede mirar más allá de Bogotá, y puede convertir en hechos lo que en campaña fueron denuncias valientes.
Y es justamente ahí donde quiero detenerme, porque la esperanza también se demuestra con memoria.
Usted mismo, durante la campaña, señaló con nombre propio al senador Carlos Andrés Trujillo dentro de una presunta red de compra de votos que usted vinculó con la llamada “Mesa de Paz” de la cárcel La Paz de Itagüí y con estructuras criminales del Valle de Aburrá. No fue una acusación menor ni anónima: la hizo usted, como candidato, con el peso de quien aspiraba a la primera magistratura del país. Hoy que ya no es candidato sino presidente, esa denuncia no puede quedarse en un capítulo cerrado de la contienda electoral. Se convierte en una responsabilidad de Estado.
En Itagüí llevamos tiempo ejerciendo control político sobre estas dinámicas, exigiendo transparencia y enfrentando, muchas veces solos, a quienes se mueven entre la política y la sombra de estructuras que le hacen daño a nuestra gente. Por eso le pido, presidente, que la fe que hoy le entrega el país se traduzca en respaldo real para los territorios que llevamos años dando esta pelea. Que la Fiscalía, la Procuraduría y todo el aparato del Estado que hoy usted encabeza investiguen a fondo lo que usted mismo denunció. Que Itagüí no quede sola enfrentando lo que un candidato presidencial consideró lo suficientemente grave como para señalarlo ante todo el país.
No le pido venganza ni protagonismo. Le pido consecuencia. Que la palabra empeñada en campaña se convierta en gestión de gobierno.
Con esa confianza, presidente, le deseo un mandato que una más de lo que divide, que gobierne para todos los colombianos y que no le tiemble la mano para investigar a quien haya que investigar, sin importar el color político. Itagüí estará vigilante, pero también estará esperanzado.
Bienvenido al Palacio de Nariño. Que Dios lo guíe.














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