Nos escandalizamos cuando conocemos las tasas de trabajo informal en México, pero nos hacemos de la vista gorda a la hora de encontrar la causa raíz. Otro dato que nos deja boquiabiertos es que la gran mayoría de las personas que engrosan las filas de la informalidad en México son mujeres. Y no solo mujeres a secas: son madres. Al tener bebés, descubrieron que el sistema laboral formal es una fortaleza impenetrable y hostil que ofrece rigidez en lugar de flexibilidad.
Por esta razón, México se ha consolidado como la cuna de las emprendedoras: un territorio donde el ecosistema de nuevos negocios es liderado con orgullo por mujeres, específicamente por madres. Que no se cuelguen medallas en el Congreso: el emprendimiento femenino en este país no floreció gracias a una idea en una oficina gubernamental ni fue causado por un subsidio. Nació en legítima defensa frente a un Estado que te obliga a elegir entre tu carrera y tus hijos.
El truco de magia del “Estado Salvador” y su costo oculto
Cada vez que un legislador propone con lágrimas en los ojos extender las licencias de maternidad a plazos absurdos, el aplauso progre no se hace esperar. El gobierno se pone de inmediato el traje y la capa de superhéroe para patrocinar la iniciativa. Nos venden la ilusión de que el beneficio es gratuito porque, formalmente, el IMSS cubre el subsidio económico. Sin embargo, los genios de la economía burocrática callan el origen de los fondos: el incremento asfixiante en las cuotas obrero-patronales y la recaudación fiscal. El Estado no regala nada; primero te mete la mano al bolsillo y luego te entrega una fracción de tu propio dinero exigiendo gratitud.
Detrás de este falso patrocinio intervencionista opera un letrero invisible en la frente de las mujeres en edad reproductiva: «No me contrates; represento un riesgo operativo de alto costo». Aunque el gobierno pague el sueldo del ausentismo, las pymes —el verdadero motor del país— absorben el golpe logístico. Una microempresa no puede congelar un puesto durante meses sin pagar el costo de reclutar, capacitar y cubrir las funciones de la vacante con un reemplazo temporal. Al encarecer indirectamente la nómina formal y rigidizar los flujos de trabajo, el Estado vuelve el empleo femenino un artículo de lujo. Las regulaciones pretenden cuidarte; en la realidad, destruyen tus oportunidades de contratación.
Las “Nenis” y las madres autónomas: las verdaderas heroínas del capitalismo
Ante una Ley Federal del Trabajo obsoleta que exige jornadas inamovibles de oficina de 9:00 a.m. a 6:00 p.m., las madres mexicanas decidieron no pedir permiso. Aplicaron el libre mercado en su estado más puro y resiliente.
El fenómeno de las mujeres que venden por Instagram, coordinan redes de comercio digital, organizan bazares locales o prestan servicios profesionales independientes desde su computadora mientras atienden a su familia no es una moda; representa una auténtica revolución económica. Emprenden porque el mercado libre les ofrece lo que el corporativismo estatal les niega por ley: el control absoluto de su tiempo.
En tanto el gobierno gasta millones de pesos del erario en secretarías e institutos de la mujer para dar talleres inútiles de “empoderamiento” y discursos huecos con lenguaje inclusivo, las madres autónomas mueven la economía real con un celular, una conexión a internet y pura disciplina. Ellas no buscan pláticas de género: demandan clientes y que no les quites su dinero.
La Libertad se escribe con “M” de Mercado
La verdadera emancipación de la mujer no proviene de una cuota de género impuesta en un Consejo de Administración, ni de una nueva regulación de la Secretaría del Trabajo: surge de la capacidad de generar riqueza en sus propios términos.
Si el gobierno tuviera la mínima intención de ayudar a las madres trabajadoras, dejaría de inventar regulaciones que destruyen el empleo formal femenino. Lo que necesitamos es flexibilizar la contratación por horas y permitir acuerdos libres de horarios entre empleados y patrones, además de reducir los impuestos a los nuevos negocios.
A las madres de México no las rescata el Estado. Se salvan ellas solas comerciando, creando y compitiendo en libertad. Basta de leyes de simulación “Girlboss”; mejor #DejenChambear⚙️.
Esta columna fue publicada originalmente en El Insubordinado.














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