El 12 de agosto arranca la temporada de renta. La pregunta es con qué herramientas la va a enfrentar

El 12 de agosto empiezan los vencimientos de renta de personas naturales para el año gravable 2025, y se extienden hasta el 26 de octubre. Once semanas. Más de seis millones de declaraciones. Y detrás de cada una, un profesional contable que va a repetir, cliente por cliente, el mismo ritual que viene repitiendo desde hace veinte años.

El ritual funciona así. El cliente manda documentos, casi siempre incompletos, casi siempre desordenados: certificados de ingresos, extractos bancarios, un certificado de retenciones que le faltaba, la escritura de un inmueble que compró en marzo. El contador descarga la información exógena de la DIAN. Empieza el cruce manual. Aparecen inconsistencias: un ingreso que reportó un tercero y que el cliente no mencionó, una retención que no cuadra, un rendimiento financiero de una cuenta que nadie recordaba. Vienen los correos, las llamadas, las semanas de espera. Después, la clasificación por cédulas, la aplicación del límite del artículo 336, la liquidación según la tabla del 241, el formulario 210 y el papel de trabajo que sustente cada renglón por si algún día llega un requerimiento.

Entre dos y cuatro horas por cliente, en el mejor de los casos. Multiplique por su cartera y entenderá por qué en octubre el gremio contable colombiano está exhausto.

Lo grave no es el esfuerzo. Es que la mayor parte de ese esfuerzo no requiere criterio profesional. Cruzar exógena con documentos soporte es una tarea de conciliación de datos. Identificar qué falta es una tarea de comparación. Clasificar ingresos por cédula sigue reglas explícitas. Aplicar el 40% del artículo 336 es aritmética normativa. Nada de eso exige veinte años de experiencia. Y sin embargo, se lleva la mayor parte del tiempo del profesional que sí tiene veinte años de experiencia.

Lo que sí exige criterio es otra cosa: decidir si un ingreso es o no de fuente nacional en un caso dudoso, evaluar si una deducción resiste una fiscalización, advertirle al cliente que la estructura patrimonial que armó lo va a exponer, diseñar una planeación para el año siguiente. Ese es el trabajo que paga bien y que ninguna máquina va a hacer. Es también el trabajo que casi nunca alcanza a hacerse, porque el calendario se consume en la parte mecánica.

La tecnología ya permite invertir esa proporción. Un sistema que reciba los documentos, los cruce automáticamente con la exógena, señale las inconsistencias, clasifique, liquide y genere el formulario con su expediente completo no está reemplazando el juicio de nadie. Está haciendo la parte que nunca necesitó juicio, para que el juicio se aplique donde importa. Lo que hoy toma tres horas puede resolverse en minutos, y esas tres horas vuelven al bolsillo del profesional en forma de tiempo para asesorar, o simplemente en forma de vida.

Falta menos de un mes. Todavía hay tiempo de decidir cómo va a enfrentar esta temporada.

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Jaime Alonso Cano Pino

Contador Público Tributarista | Consultor en Finanzas Públicas y Derecho Tributario |

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