10 oportunidades para criticar si tienes una pequeña empresa

Te levantaste una mañana con una idea de negocio prometedora. Hiciste los números, conseguiste un socio y ya sabes cómo producir o conseguir tu producto. ¿Qué falta ahora? Constituir tu empresa y empezar a hacerla progresar.

Ya sea que emprendas para ayudar a tu familia, porque ya no deseas trabajar para otra persona o porque simplemente te entusiasma materializar un proyecto que venía rondando en tu cabeza, ahora tienes dos opciones: inscribir legalmente a tu empresa y mantenerte en la formalidad, u ocultarte en la informalidad e intentar desarrollarla desde ahí.

El primer camino te dará resultados a mediano y largo plazo: solamente con una empresa formal podrás acceder a préstamos bancarios y serás atractivo para inversionistas y clientes de mayor poder adquisitivo. Es la mejor vía para crecer. El otro camino, en cambio, podrá permitirte ganar más dinero al inicio; eventualmente, habrá un techo.

Entonces, ¿debemos registrar y operar con nuestra empresa de manera formal? Sí, pero no solo eso: hace falta juzgar y elevar la voz contra todos aquellos tratos, reglas o trámites que consideremos injustos. Después de todo, la informalidad se vuelve atractiva porque, en comparación, la formalidad suele ser costosa y compleja.

Aquí tienes 10 situaciones que vale la pena criticar:

  1. ¿Tuviste que ir a un notario para que te ayude a redactar y formalizar los documentos de constitución de tu empresa? La constitución de una empresa no debería requerir forzosamente la intervención de un notario. Los sistemas de identificación digital, firmas electrónicas avanzadas y registros mercantiles electrónicos facilitan la verificación de la identidad de los socios y la autenticidad de los documentos sin inconvenientes de fondo. Esto se ha demostrado en países como Estonia, donde abrir una empresa puede tomar apenas dos horas y su inscripción formal completarse en un lapso de uno o dos días.
  2. ¿Tuviste que obtener una licencia o permiso del municipio o alcaldía para vender un determinado tipo de producto o servicio? En muchos casos, estas licencias no están bien justificadas. Si eres un buen vendedor y tienes una tienda adecuada para tu producto, las personas se acercarán a comprarte. La misma demanda decide si eres alguien apto para el producto que vendes o no, no un funcionario que poco o nada sabe de tu negocio y que ni siquiera es un cliente.
  3. ¿Te dijeron que no podías rentar un espacio para tu servicio en ese sector del distrito o ayuntamiento porque no cumplía con las “normas de zonificación”? ¿En qué momento decidieron por ti qué usos pueden darse a cada rincón de la ciudad? No está bien que unos ciudadanos decidan por otros cómo usar el territorio. Las soluciones a los conflictos de zonificación deben surgir de manera orgánica en las conversaciones entre los involucrados, no con una imposición anterior al inicio de una actividad económica.
  4. ¿Eres dueño de un café o restaurante y a los comercios de la otra cuadra les permitieron utilizar una parte de la zona peatonal para colocar mesas y sillas y a ti no? ¿Por qué algunos negocios reciben un trato preferencial en lugar de ser tratados igual que tú ante la ley? Exige que todos operen bajo las mismas condiciones.
  5. ¿Te llegan inspecciones sorpresa del Gobierno local y te imponen multas o clausuras por no cumplir con algo menor? El objetivo de las inspecciones es ayudar al empresario a alinearse con las normas vigentes, no arruinar su empresa por unos días o meses mediante este tipo de sanciones.
  6. ¿Alguna vez te has puesto a pensar por qué necesitas abogados o contadores para los trámites públicos que debe realizar tu empresa? Generalmente es porque existen normas dispersas y/o contradictorias, con lenguaje confuso y complejo. El Estado debería simplificar los procesos y destecnificarlos, de modo que puedas planificar la vida de tu compañía con mayor previsibilidad. ¿Cuánto tiempo dedicas al papeleo en lugar de vender o producir?
  7. ¿Sientes que te ahogas con el pago de impuestos y no tienes un retorno suficiente? Probablemente sea porque estos son muy altos o no correspondan a tu realidad empresarial. Un impuesto mínimo o nulo para las pequeñas empresas contribuiría a que crezcan más rápido y generen más trabajo y dinero en la sociedad.
  8. ¿El año pasado pagaste una cierta cantidad por impuestos y trámites burocráticos, y este año te estás enterando de que será totalmente diferente? No debería haber cambios frecuentes en las normas fiscales o de licencias; esa incertidumbre frena el progreso de una empresa.
  9. ¿Estás creciendo y expandiéndote a 10 o 20 trabajadores, pero resulta que el pago de personal te sale tan alto que limita tu escalamiento? Las leyes que hacen rígida la contratación laboral o establecen varios requisitos al contratista terminan generando más empresas informales o que estas se mantengan pequeñas. Con una ley laboral flexible, muchos más ingresan al empleo formal; por tanto, aumenta la productividad y, con eso, más personas compiten por mejores salarios y beneficios.
  10. ¿Tuviste un año regular o malo, aunque pagaste todos tus impuestos a nivel local, provincial y nacional, solo para descubrir que el barrio donde operas sigue igual de peligroso, con las mismas grietas en las aceras y sin haber experimentado una mejora significativa? No es que el dinero no haya llegado al Estado. Llegó. El problema es que pudo haberse gastado mal, no haberse ejecutado o haber sido absorbido por la corrupción. O, lo que también es altamente factible, las tres cosas. En ese mismo contexto, ¿tuviste que pagarle a un servidor público para que te deje operar libremente? Nunca debiste llegar a esa situación: la corrupción sistematizada socava el desarrollo de tu empresa, ciudad y país.

Ante estos escenarios, no te quedes de brazos cruzados. Cuestiona, critica, exige cambios. Mientras más personas alcen la voz frente a reglas innecesarias o injustas, más probable será que algún día desaparezcan. Al final, lo único que pedimos es que nos #DejenChambear.


Esta columna fue publicada originalmente en El Insubordinado.

Esteban Arias

Ciudadano global que busca contribuir a la construcción de un mundo mejor. Politólogo con Máster en Economía por la Universidad Francisco Marroquín, ha desarrollado su trayectoria en los ámbitos del urbanismo, la comunicación humanitaria, la incidencia política y los proyectos vinculados a los derechos humanos y las libertades individuales. Actualmente profundiza su formación en la filosofía objetivista y se desempeña como Staff Writer de El Insubordinado.

Amante del surfing y los idiomas, es además competidor profesional de backgammon.

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