
Te levantaste una mañana con una idea de negocio prometedora. Hiciste los números, conseguiste un socio y ya sabes cómo producir o conseguir tu producto. ¿Qué falta ahora? Constituir tu empresa y empezar a hacerla progresar.
Ya sea que emprendas para ayudar a tu familia, porque ya no deseas trabajar para otra persona o porque simplemente te entusiasma materializar un proyecto que venía rondando en tu cabeza, ahora tienes dos opciones: inscribir legalmente a tu empresa y mantenerte en la formalidad, u ocultarte en la informalidad e intentar desarrollarla desde ahí.
El primer camino te dará resultados a mediano y largo plazo: solamente con una empresa formal podrás acceder a préstamos bancarios y serás atractivo para inversionistas y clientes de mayor poder adquisitivo. Es la mejor vía para crecer. El otro camino, en cambio, podrá permitirte ganar más dinero al inicio; eventualmente, habrá un techo.
Entonces, ¿debemos registrar y operar con nuestra empresa de manera formal? Sí, pero no solo eso: hace falta juzgar y elevar la voz contra todos aquellos tratos, reglas o trámites que consideremos injustos. Después de todo, la informalidad se vuelve atractiva porque, en comparación, la formalidad suele ser costosa y compleja.
Aquí tienes 10 situaciones que vale la pena criticar:
- ¿Tuviste que ir a un notario para que te ayude a redactar y formalizar los documentos de constitución de tu empresa? La constitución de una empresa no debería requerir forzosamente la intervención de un notario. Los sistemas de identificación digital, firmas electrónicas avanzadas y registros mercantiles electrónicos facilitan la verificación de la identidad de los socios y la autenticidad de los documentos sin inconvenientes de fondo. Esto se ha demostrado en países como Estonia, donde abrir una empresa puede tomar apenas dos horas y su inscripción formal completarse en un lapso de uno o dos días.
- ¿Tuviste que obtener una licencia o permiso del municipio o alcaldía para vender un determinado tipo de producto o servicio? En muchos casos, estas licencias no están bien justificadas. Si eres un buen vendedor y tienes una tienda adecuada para tu producto, las personas se acercarán a comprarte. La misma demanda decide si eres alguien apto para el producto que vendes o no, no un funcionario que poco o nada sabe de tu negocio y que ni siquiera es un cliente.
- ¿Te dijeron que no podías rentar un espacio para tu servicio en ese sector del distrito o ayuntamiento porque no cumplía con las “normas de zonificación”? ¿En qué momento decidieron por ti qué usos pueden darse a cada rincón de la ciudad? No está bien que unos ciudadanos decidan por otros cómo usar el territorio. Las soluciones a los conflictos de zonificación deben surgir de manera orgánica en las conversaciones entre los involucrados, no con una imposición anterior al inicio de una actividad económica.
- ¿Eres dueño de un café o restaurante y a los comercios de la otra cuadra les permitieron utilizar una parte de la zona peatonal para colocar mesas y sillas y a ti no? ¿Por qué algunos negocios reciben un trato preferencial en lugar de ser tratados igual que tú ante la ley? Exige que todos operen bajo las mismas condiciones.
- ¿Te llegan inspecciones sorpresa del Gobierno local y te imponen multas o clausuras por no cumplir con algo menor? El objetivo de las inspecciones es ayudar al empresario a alinearse con las normas vigentes, no arruinar su empresa por unos días o meses mediante este tipo de sanciones.
- ¿Alguna vez te has puesto a pensar por qué necesitas abogados o contadores para los trámites públicos que debe realizar tu empresa? Generalmente es porque existen normas dispersas y/o contradictorias, con lenguaje confuso y complejo. El Estado debería simplificar los procesos y destecnificarlos, de modo que puedas planificar la vida de tu compañía con mayor previsibilidad. ¿Cuánto tiempo dedicas al papeleo en lugar de vender o producir?
- ¿Sientes que te ahogas con el pago de impuestos y no tienes un retorno suficiente? Probablemente sea porque estos son muy altos o no correspondan a tu realidad empresarial. Un impuesto mínimo o nulo para las pequeñas empresas contribuiría a que crezcan más rápido y generen más trabajo y dinero en la sociedad.
- ¿El año pasado pagaste una cierta cantidad por impuestos y trámites burocráticos, y este año te estás enterando de que será totalmente diferente? No debería haber cambios frecuentes en las normas fiscales o de licencias; esa incertidumbre frena el progreso de una empresa.
- ¿Estás creciendo y expandiéndote a 10 o 20 trabajadores, pero resulta que el pago de personal te sale tan alto que limita tu escalamiento? Las leyes que hacen rígida la contratación laboral o establecen varios requisitos al contratista terminan generando más empresas informales o que estas se mantengan pequeñas. Con una ley laboral flexible, muchos más ingresan al empleo formal; por tanto, aumenta la productividad y, con eso, más personas compiten por mejores salarios y beneficios.
- ¿Tuviste un año regular o malo, aunque pagaste todos tus impuestos a nivel local, provincial y nacional, solo para descubrir que el barrio donde operas sigue igual de peligroso, con las mismas grietas en las aceras y sin haber experimentado una mejora significativa? No es que el dinero no haya llegado al Estado. Llegó. El problema es que pudo haberse gastado mal, no haberse ejecutado o haber sido absorbido por la corrupción. O, lo que también es altamente factible, las tres cosas. En ese mismo contexto, ¿tuviste que pagarle a un servidor público para que te deje operar libremente? Nunca debiste llegar a esa situación: la corrupción sistematizada socava el desarrollo de tu empresa, ciudad y país.
Ante estos escenarios, no te quedes de brazos cruzados. Cuestiona, critica, exige cambios. Mientras más personas alcen la voz frente a reglas innecesarias o injustas, más probable será que algún día desaparezcan. Al final, lo único que pedimos es que nos #DejenChambear.
Esta columna fue publicada originalmente en El Insubordinado.













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