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La puesta en escena para designar el próximo rector de la Universidad de Antioquia tenía su cuarto y último acto el 10 de junio con la designación de Luquegi Gil con un respaldo mayoritario –estamentos y Gobierno nacional– en el Consejo Superior Universitario –CSU–. Así, se esperaba concluir con un proceso de designación exprés que se estructura en un libreto en cuatro actos:
Primero, se saca a John Jairo Arboleda de la rectoría de la forma más humillante (aunque se conserva parte de su equipo, ¿por qué?) –hecho–. Segundo, se impone como rector encargado a un profesor respetable que no propicie resistencia, aunque sin vocación de poder –hecho–. Tercero, Luquegi Gil asume como vicerrector general a sabiendas de que será candidato en pocas semanas, sin embargo, en el entretiempo pone fichas en cargos claves (como Regionalización) y así, presionando la tenaza burocrática, asegura respaldo en las consultas de estamentos –hecho–. Cuarto, el bloque afín al Gobierno nacional en el CSU en contraposición al cerrado bloque del gobernador Andrés Julián Rendón designa a Luquegi Gil como rector en propiedad –pendiente–.
Dicho libreto fue pensado y diseñado a mediados del pasado diciembre por operadores políticos del Pacto Historico y del Ministerio de Educación, quienes, ante la erosionada legitimidad de John Jairo Arboleda, vieron en el sector que orienta Luquegi Gil –quien había sido candidato en el proceso de designación en el año 2024 y quedó en quinto lugar– un aliado dispuesto a impulsar una toma hostil que arrasó con el sentido de la autonomía universitaria y sentó un precedente peligroso para la universidad. Consumada la defenestración de Arboleda la campaña rectoral de Luquegi Gil se puso a toda marcha, y a diferencia de las campañas de los demás aspirantes, se trató de una campaña de varios meses que de entrada contó con una ventaja estructural puesto que activó una potente maquinaria política y de lealtades burocráticas con miras a la consulta entre estamentos.
Tan solo hay que recordar que cuando Luquegi Gil aspiró por primera vez a la rectoría su respaldo en la consulta entre estamentos estuvo muy lejos de los primeros lugares, en esa oportunidad no tenía a su favor la “tenaza burocrática” –esa la tenía bajo su estricto control John Jairo Arboleda– y tampoco contaba con el respaldo del Gobierno nacional en el CSU: ¿Qué cambió entonces dos años después? pues que de un momento a otro se convirtió en una pieza central en la toma hostil al articular los intereses de los operadores políticos del Ministerio de Educación y un sector del Pacto Historico, y con su fugaz paso por la Vicerrectoría General, aceitó la “tenaza burocrática” –ya la tenía bajo su control–.
Además, en las consultas jugaron a su favor dos condiciones claves; en primera medida, el marcado desinterés de buena parte de la comunidad universitaria en la designación, lo que se evidenció en la altísima abstención –especialmente entre estudiantes–, y ante una abstención tan alta, combinar el respaldo de grupos pequeños pero bastante movilizados y activar la “tenaza burocrática” ofrece, sin duda, una ventaja importante; seguidamente, la dispersión de las preferencias de la comunidad universitaria entre varias candidaturas internas fuertes y su incapacidad para posicionarse con hechos de opinión que generaran un mayor interés en el proceso mismo al margen de la maquinaria o del “eso ya está arreglado”. Luquegi Gil supo jugar con las cartas que tenía a su disposición –y que no tuvo en el 2024– y ganó la partida. Fue muy estratégico.
Curiosamente, su estrategia también tuvo en cuenta un factor crítico que ahora cobra relevancia, pues al momento de diseñar la puesta en escena él o alguien de su equipo pensó, en un momento donde la izquierda estaba embriagada de triunfalismo, en una eventual derrota de Cepeda en la elección presidencial. Solo eso explica que se haya diseñado una designación exprés al margen del resultado en la elección presidencial, ¿por qué?, es muy sencillo, porque si la ultraderecha gana y llega a la Casa Nariño el próximo 8 de agosto, al día siguiente cambia sus delegados en el CSU y así el Gobernador Rendón, aliado con De la Espriella, podría armar un bloque mayoritario. De ahí que para no depender de ese resultado la designación no se haya programado para el segundo semestre del 2026 como inicialmente se había considerado, había afán para concluir el cuarto acto del libreto antes de la segunda vuelta.
Pero en ese afán se apretaron excesivamente los tiempos y la designación de Luquegi Gil, lo que ya se asumía como un hecho cumplido el 10 de junio, se enredó, no porque no vaya a ser designado, cuenta, por el momento, con la mayoría suficiente, sino porque por un asunto jurídico la decisión final quedó para después de la segunda vuelta, y si el 21 de junio Cepeda es derrotado por De la Espriella –un escenario terrible para la universidad pública–, se generaría un importante hecho político que se podría leer desde dos perspectiva; o el Gobierno corre para dejar “atornillado” un rector de su cuerda; o el gobernador Rendón buscará dilatar la designación para después del 8 de agosto y así armar una nueva mayoría en el CSU. Perspectiva esta última que no me gusta ni poquito.
Si gana el pulso la primera perspectiva y Luquegi Gil es designado en contravía de los intereses del gobernador, concluyendo así con el libreto y con la proyección de un hábil operador político que viene pavimentando su camino hacia la rectoría desde hace décadas, a un Gobierno ultraderechista resentido le podría quedar un incentivo bastante riesgoso: tomarse la universidad. Porque el método para la toma hostil de la universidad ya fue creado y se puede implementar tanto desde la derecha como desde la izquierda. No lo niego, me queda ese temor. Amanecerá y veremos.
P. S. En atención a los resultados de las consultas entre estamentos y respetando la voz de la comunidad universitaria que allí se expresó, Luquegi Gil debe contar con el respaldo de esos delegados en el CSU. Aunque considero que se debe avanzar en una reforma que mejore las condiciones y garantías en futuros procesos de consulta. Espero que Luquegi Gil, si al final es designado como rector, a quien le reconozco su habilidad para interpretar y moverse en el poder, no sustente su gobernabilidad en el sectarismo como lo hizo John Jairo Arboleda con los resultados ya conocidos.













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