¿El Tigre Abelardo o Cepeda, el camarada de Petro?

El próximo 21 de junio, Colombia se juega mucho más que una elección. No será un partido de fútbol ni una jornada electoral cualquiera. Ese día estará en juego el futuro de nuestra democracia, de nuestras libertades y del modelo de país que heredaremos a las próximas generaciones.

Los colombianos tendremos que decidir si continuamos fortaleciendo nuestras instituciones democráticas o si damos el primer paso hacia un modelo autoritario que amenaza la libertad, la prosperidad y el Estado de derecho.

Las urnas ya hablaron. Abelardo y José Manuel obtuvieron el pasado 31 de mayo una votación histórica que despertó esperanza en millones de ciudadanos. Ese respaldo fue acompañado de manera inmediata por Paloma Valencia, Álvaro Uribe Vélez y todo el partido Centro Democrático, sin vacilaciones, ni cálculos políticos. El propósito superior es Colombia.

Abelardo ha logrado encarnar los principios y valores necesarios para defender las ideas correctas: la propiedad privada, la libertad de empresa, la libertad económica, la seguridad física y jurídica, y el respeto por las instituciones. Estas propuestas han cautivado a millones de colombianos que rechazan el rumbo del actual gobierno y de su heredero político, quienes representan una amenaza para la estabilidad institucional del país. Mientras tanto, sus principales resultados han sido el fortalecimiento de los grupos criminales, el crecimiento desmedido de la burocracia y el aumento de la corrupción.

Estar del lado correcto en el día “D” significa votar por el Tigre y su fórmula vicepresidencial, quienes garantizarán que dentro de cuatro años los colombianos podamos volver a elegir libremente a nuestros gobernantes. Muy distinto sería un triunfo de Cepeda, quien promueve una Asamblea Constituyente para transformar el modelo económico en apenas unos meses, debilitar la autonomía de las ramas del poder público, afectar la independencia del Banco de la República y poner en riesgo la propiedad privada. Esa Constituyente representa el mismo libreto que ha llevado a otros países de la región por el camino del autoritarismo, el empobrecimiento y la destrucción de las libertades.

Faltan apenas unos días para tomar una decisión trascendental: recuperar el rumbo del país, fortalecer la seguridad, rescatar el sistema de salud y evitar que Colombia se apague; o entregar un cheque en blanco al heredero político del gobierno Petro para continuar con los errores y fracasos de una administración que prometió paz, pero ha visto el deterioro de la seguridad nacional.

Las cifras son contundentes. Desde el 7 de agosto de 2022, Colombia ha registrado 345 masacres que han dejado 1.208 víctimas, además de 684 líderes sociales asesinados. Solo en lo corrido de 2026 ya se contabilizan 64 masacres, con 258 personas asesinadas, y 67 líderes sociales asesinados.

El fracaso de la llamada “Paz Total” no solo puede medirse en estas dolorosas estadísticas. Informes conocidos recientemente y divulgados por Noticias RCN, con base en información de las Fuerzas Militares y de Policía, indican que durante este gobierno los grupos armados ilegales han expandido su presencia territorial en un 36 % y fortalecido sus capacidades criminales en un 87 %. Es decir, mientras el Gobierno hablaba de paz desde los micrófonos, los criminales crecían sobre el terreno.

Hoy amplias regiones del país continúan sometidas a extorsiones, confinamientos, reclutamiento de menores, amenazas contra líderes sociales y restricciones a la movilidad impuestas por estructuras armadas ilegales. La ausencia de autoridad y la pérdida de control territorial del Estado han profundizado la sensación de abandono en cientos de municipios.

La promesa de paz no puede medirse por discursos ni por titulares, debe medirse por resultados. Y los resultados muestran que la violencia sigue golpeando a las comunidades más vulnerables, mientras los grupos criminales amplían su poder, desafían la autoridad legítima del Estado y consolidan su presencia en regiones estratégicas del país.

Los colombianos ya hemos visto los resultados de este modelo de gobierno, hemos observado cómo se reemplaza la ejecución por el activismo, el desarrollo por la ideología, el fortalecimiento de las empresas por el populismo y la realidad por la narrativa política. Colombia enfrenta enormes desafíos que exigen liderazgo, experiencia y determinación. Uno de ellos es evitar una crisis energética provocada por el debilitamiento del sector y los efectos de fenómenos climáticos adversos que amenazan la estabilidad económica y social de la Nación.

El próximo 21 de junio no será una fecha cualquiera. Será el día en que decidiremos si Colombia retoma el camino de la libertad, la seguridad, el crecimiento económico y el fortalecimiento institucional, o si profundiza una ruta que ha demostrado ser incapaz de garantizar orden, progreso y oportunidades.

El día “D” será la oportunidad para que los colombianos nos unamos, recuperemos el rumbo y garanticemos que la democracia y la libertad continúen siendo los pilares de nuestra nación.

La decisión está en nuestras manos.

Votemos por lo correcto. Votemos por Abelardo y José Manuel.

¡Firmes por la Patria!

Juan Espinal

Representante a la Cámara por Antioquia. Centro Democrático. 2018-2022.

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