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Lo malo apreciado lector no es sufrir estrés post traumático, porque nadie está exento de poder atravesar una coyuntura compleja, fuerte, violenta o simplemente chocante; está totalmente permitido ser un ser humano y eventualmente poder atravesar dichos escenarios y salir de ese estanco del estrés post traumático con terapia psicológica y psiquiátrica ahora bien, en muchos oficios , profesiones y labores es poco común que sea tomado en cuenta el hecho de que una persona que sufra de esta patología pueda llegar a tener algún inconveniente en el desempeño de sus labores, puesto que si te subes a un taxi por ejemplo; y pides una carrera a un conductor que padece síndrome de estrés post traumático, pues igual te va a hacer la carrera a donde le indiques con o sin estrés post traumático, un médico te opera o te revisa en una consulta de rutina, padeciendo el mismo síndrome sin que el paciente lo sepa y en muchos casos esto no influya en el desempeño de sus labores, puesto que alguien con estrés post traumático, puede parecer plenamente una persona normal o corriente en el plano psicológico o en el desenvolvimiento de sus labores, lo realmente preocupante y complejo es que un político o funcionario público ordenador del gasto o facultado en materia de toma decisiones relevantes en la misionalidad de una entidad pública, padezca este síndrome de estrés post traumático sin una adecuada rehabilitación psicológica, psiquiátrica o la ausencia de una terapia espiritual que lo haga vivir alejado y molesto con Dios.
¿Con relación a la idea planteada anteriormente, ustedes se preguntarán porque es relevante esta reflexión? Pues bien, es bastante importante imagínense, si los políticos que elegimos en sistema democrático, tienen nada más y nada menos la misión de administrar los recursos públicos de una nación, adicional a ello, supervisar y dar materialización a los fines esenciales de un estado de derecho, ser los garantes en materias de seguridad nacional, convivencia ciudadana entre innumerables y relevantes tareas que son menester para una nación; imagínense ahora un político con un resentimiento y odio enquistado en lo profundo de su corazón desde niño hasta ser escogido en democracia, y súmele ahora a este odio, resentimiento, amargura y molestia incluso hasta con Dios, el síndrome de estrés post traumático y el resultado será un coctel tremendamente peligroso, real y cierto en la teoría como en la práctica.
En un país con índices tan elevados en violencia y guerra como Colombia, con coyunturas tan difíciles y complejas como ha sido por ejemplo, la guerra de más de 60 años entre el estado y las guerrillas asesinas, los secuestros, la época de Pablo Escobar y el cartel de Medellín, la exuberancia económica de dicha época, acompañada de la terrible ola de violencia y guerra; el cartel de Cali y los “pepes”, la gente descuartizada, las FARC y el collar bomba que le voló la cabeza a Elvia Cortés Gil en zona rural , el M-19 y sus métodos de tortura según variados relatos como defecarse en los secuestrados en hoyos donde eran clavados vivos verticalmente y ganar de ese modo entre sus mercenarios torturadores alias tan peculiares como el “kakas”, el EPL, el ELN, el reclutamiento armado de niños y niñas para ser abusados sexualmente y usados como carne de cañón por miserables cobardes, las bacrim, los carteles de la corrupción pública y asesina del mismo estado, pues hay gente que mata con balas, pero hay otros que se roban los sueños de una nación y la condenan al subdesarrollo matando de hambre al pueblo que los eligió y también matando personas en sentido estrictamente literal, los políticos corruptos no tienen menor índice de maldad que el ”hamponaje” ordinario, incluso tienen mucha mayor responsabilidad y es importante e indispensable cazarlos con un Bloque de búsqueda.
Todos estos factores han sido un caldo de cultivo y escenario propicio para generar una EXPERIENCIA DE VIDA traumática y compleja en la niñez y juventud de muchos de los políticos de la escena nacional colombiana hoy por hoy; y aunque muchos de estos políticos seguramente habrán tenido la posibilidad de haber recibido ayuda psicológica y psiquiátrica, para superar eventos tan traumáticos y chocantes como el secuestro y muerte de algunos de sus progenitores, llámese papá o mamá, algunos secuestrados y muertos por la violencia de aquella época como la periodista Diana Turbay, otros acribillados con ráfagas de metralleta como el caso del ex ministro Lara Bonilla mientras iba en su carro sin blindaje o Luis Carlos Galán en una tarima con una cantidad impresionante de gente a su alrededor, en mi opinión es necesario y casi que obligación estatal exigir por parte del estado un examen o cuando por lo menos un concepto medico favorable de salud e idoneidad mental a nuestros políticos, por lo menos presidente y congresistas, es cierto que nuestra constitución política del 91 no establece este requisito de forma “si ne quanon” para los cargos de elección popular, pero así como se exige por parte del estado un examen médico o test antidoping para ejercer ciertas labores, análogamente el estado debería exigir a los políticos como requisito obligatorio adicional a un “umbral de votos”, ser colombiano y tener mayoría de edad, un examen de salud mental e idoneidad mental por la connotación, relevancia y repercusión en la toma de sus decisiones y porque con el poder público pueden hacer tanto el bien a la ciudadanía, como también pueden destruir a algún compatriota por algún tipo de sesgo o trauma no superado o simplemente porque se les “parece” si revisamos la historia de Colombia muchos de nuestros políticos actuales no todos, han sido hasta tataratartara nietos o nietas de políticos de antaño.
Me permitiré citar variados ejemplos de estos delfines de “siempre”: Iván Cepeda Castro, tiene probabilidades de aspirar a la presidencia de un país y tiene un muy buen número de votantes, no le parece a usted importante, o simplemente por sentido común y me dirijo a usted ciudadano de a pie igual que yo, compatriota y hermano colombiano, que de ganar este señor una eventual presidencia y teniendo en cuenta que en su niñez o juventud atravesó una fuerte coyuntura como fue el presenciar que se le diera de baja a su padre Manuel Cepeda, no creen que merecería la suficiente importancia exigirle un examen de salud mental e idoneidad mental a dicho candidato que hoy puntea en encuestas, para por ejemplo si llegaré a ser presidente no promoviera asesinatos ni persecuciones de la mano de grupos guerrilleros con los que simpatiza a la ciudadanía o políticos opositores o simplemente al que le recuerde o se le parezca a los verdugos de la muerte de su papá? citemos ahora la época de Pablo Emilio Escobar Gaviria, habrá variados políticos que en su juventud o niñez hayan tenido que tener como EXPERIENCIA DE VIDA en esa coyuntura de Escobar y el cartel de Medellín el secuestro, o asesinato de algún familiar o de algún integrante de su núcleo familiar; por ejemplo si hipotéticamente el mayor opcionado a ser ser presidente de Colombia no fuera Cepeda ni Abelardo de la Espriella, y lo fuera por ejemplo Carlos Fernando Galán o su hermano Juan Manuel Galán, o lo fuera por ejemplo Rodrigo Lara, o el finao Miguel Uribe Turbay , entre otros políticos que en su niñez o juventud a travesaron la muerte de sus padres o secuestro a manos del cartel de Medellín y de Pablo Emilio Escobar Gaviria y tuvieran en algún momento Hipotéticamente probabilidades reales de ser presidente de la república de Colombia, no les parece estado colombiano, rama judicial, rama legislativa, y país en general que sería de tremenda importancia y debería ser un requisito ”sine quanon”, al igual que un umbral de votos un examen de idoneidad y salud mental que dé garantías al pueblo colombiano del proceder de estos políticos si llegase cualquiera de ellos a ser presidente de la república o a ocupar puestos públicos como ordenador del gasto? no es exageración para nada! Ningún ciudadano libre de Colombia, tiene la obligación de sufrir un daño antijuridico por parte de estos agentes del estado en un evento en donde ejerzan semejantes roles de poder público.
Simple y llanamente es apenas sentido común y la historia es el mejor contexto al que nos podríamos remitir; ¿imaginenese si a Mussolini le hubieran exigido un examen de idoneidad y salud mental? o a Stalin? ¿O al mismísimo a Adolf Hitler? o a Gustavo Petro por qué no? no nos hubieramos como humanidad ahorrado muchos dolores de cabeza? no es apenas necesario que exijamos ese requisito si quiera a las personas que vayan a tomar posesión como presidentes de una nación? ESTAMOS EN UN PAÍS LLENO DE DELFINES CON ESTRES POSTTRAUMATICO y es una secuela que se mantiene viva, tan viva como los hipopótamos de Pablo Escobar.













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