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Resumen Ejecutivo
La semana del 1 al 5 de junio dejó una señal macroeconómica dominante que reorganizó las expectativas en todos los mercados: el mercado laboral de Estados Unidos sorprendió con 172.000 nóminas no agrícolas —más del doble del consenso—, cerrando la puerta a cualquier recorte de tasas en el corto plazo y abriendo la discusión sobre un posible endurecimiento antes de que termine el año. Ese dato, publicado horas antes de que la semana cerrara, fue suficiente para mover rendimientos, divisas, acciones y commodities en la misma dirección: hacia el precio de una Fed más restrictiva de lo que el mercado descontaba hace apenas siete días. Kevin Warsh preside su primera reunión del FOMC el 16 y 17 de junio en condiciones que contradicen los argumentos con los que llegó al cargo.
En Europa, la economía de la eurozona se contrajo 0,2% en el primer trimestre —revisión que sorprendió a la baja por el desplome del PIB irlandés— mientras la inflación escaló al 3,2% en mayo con el componente subyacente acelerando más de lo esperado. El BCE enfrenta el 11 de junio su primera subida de tipos en casi tres años con una probabilidad de mercado superior al 90%, actuando no desde una posición de fortaleza económica sino desde la urgencia de preservar credibilidad antiinflacionaria.
Asia mostró su doble velocidad habitual. El Banco de Japón consolidó un giro histórico hacia el control activo de la inflación con el gobernador Ueda ampliando los criterios de acción del banco central, dejando prácticamente sellada una subida en junio, mientras el yen opera en la zona de intervención cerca de 160 unidades por dólar. China endureció la regulación de su industria de fondos y ajustó tasas de depósitos en dólares para frenar la apreciación del yuan. India mantuvo tasas sin cambios con respaldo de un crecimiento del 7,8% que sigue siendo el más robusto de la región.
En América Latina, México acumuló otra semana de señales estructuralmente adversas: inversión fija bruta en caída por décimo noveno mes consecutivo, informalidad laboral que su propia Hacienda reconoció como riesgo fiscal de largo plazo y crecimiento proyectado de apenas 0,8% por la OCDE. Brasil encadenó cuatro meses de expansión industrial liderada por hidrocarburos y batió un nuevo récord de producción de petróleo y gas, aunque el impulso sigue siendo más extractivo que manufacturero.
Colombia cerró la semana con la inflación de mayo en 5,84% —tercer mes consecutivo de aceleración y casi el doble de la meta del BanRep—, un gasto público que desbordó la meta en $32,3 billones mientras el recaudo quedó $2,8 billones por debajo del objetivo, y una segunda vuelta presidencial el 21 de junio que Moody’s convirtió en variable explícita de su análisis soberano. El resultado de primera vuelta —De la Espriella con 43,7% frente a Cepeda con 40,9%— generó una apreciación del peso de 2,7%, una compresión de los TES largos de hasta 131 puntos básicos y un avance del COLCAP de 0,74% en una semana donde la renta variable global retrocedió con fuerza.
Los mercados financieros procesaron todo lo anterior con un ajuste simultáneo en múltiples activos. El S&P 500 rompió su racha de nueve semanas consecutivas de ganancias con una caída de 2,6%, el Nasdaq perdió 4,7% liderado por la corrección del sector de semiconductores tras la decepción de Broadcom, los rendimientos de los Treasuries a 10 y 30 años superaron el 4,5% y el 5% respectivamente, el DXY avanzó 1,1% y el oro retrocedió 4,9%. El petróleo sostuvo niveles entre 90 y 93 dólares por barril con el estrecho de Ormuz todavía obstaculizado y las negociaciones con Irán sin resolución concreta.
La economía global llega a la mitad del año con tres variables que siguen sin resolverse y que continuarán definiendo el comportamiento de los mercados en el segundo semestre: la duración del conflicto en Oriente Próximo y su efecto sobre la inflación energética, las decisiones de los bancos centrales que esta semana tienen citas en Fráncfort y Washington, y la estabilidad política en economías emergentes donde el ciclo electoral —Colombia el 21 de junio como caso más inmediato— determina el costo del financiamiento soberano con tanta fuerza como los propios fundamentos macroeconómicos.
I. Estados Unidos: mercado laboral que sorprende al alza, inflación que no cede y una Fed que enfrenta su primera prueba real bajo Warsh
La primera semana de junio dejó una señal clara sobre el estado actual de la economía estadounidense: el crecimiento se desacelera gradualmente en algunos sectores, pero el mercado laboral continúa mostrando una fortaleza suficiente para impedir cualquier giro prematuro de la Reserva Federal hacia una política monetaria más flexible. La combinación de empleo sólido, expansión del crédito, inflación persistentemente elevada y un nuevo ciclo de tensiones comerciales está configurando un entorno cada vez más complejo para la política económica durante el segundo semestre.
El dato central de la semana fue el informe de empleo de mayo. La economía generó 172.000 nóminas no agrícolas, más del doble del consenso de analistas que estimaba 85.000, y las cifras de marzo y abril fueron revisadas al alza hasta 214.000 y 179.000 respectivamente, dejando el promedio de los últimos tres meses en 188.000 puestos mensuales —casi el triple del ritmo comparable para el mismo período de 2025 y niveles propios de la expansión prepandemia. El empleo privado aportó 120.000 puestos mientras el sector público sumó 52.000, el mayor incremento gubernamental en casi dos años. La tasa de desempleo se mantuvo por tercer mes consecutivo en 4,3%, en línea con las proyecciones del consenso. El ocio y la hostelería lideraron las ganancias con 70.000 nuevos puestos —posiblemente anticipando la demanda asociada a la Copa Mundial de la FIFA, de la que Estados Unidos es coanfitrión—, seguidos por salud con 35.000 y construcción con 17.000.
La lectura que el mercado hizo del dato no fue la de una celebración de fortaleza económica. Fue la de una complicación monetaria. Un mercado laboral que genera empleo a ese ritmo reduce el margen de la Fed para ignorar una inflación que el índice PCE de abril ubicó en 3,8% y que el componente subyacente registró en 3,3%. La presidenta de la Fed de Cleveland, Beth Hammack, lo dijo en una publicación de LinkedIn horas después del dato: la economía está cerca de su definición de pleno empleo, la inflación está alta y se mueve al alza, y si las tendencias recientes continúan “pronto podría ser apropiado actuar”. El gobernador Christopher Waller, quien en 2025 respaldó los recortes de tasas y fue candidato a presidir el banco central, completó el giro: ya no puede descartar alzas si la inflación no cede pronto.
El informe también dejó señales menos celebradas. El crecimiento salarial anual se desaceleró a 3,4% desde 3,6% en abril, lectura que en otro entorno aliviaría presiones; en el actual, con un ingreso disponible real cayendo por tercer mes consecutivo y la tasa de ahorro en mínimos de cuatro años, esa moderación salarial apunta más a erosión del poder adquisitivo que a normalización inflacionaria. Los hogares están financiando consumo corriente con ahorro, no con mayor ingreso real. El número de desempleados de larga duración —27 semanas o más— subió 155.000 hasta 1,988 millones, el nivel más alto desde diciembre de 2021. La duración promedio del desempleo saltó a 11,6 semanas, la más larga desde noviembre de ese año, señal de que quienes pierden el empleo tardan más en recolocarse. La tasa de participación laboral se mantuvo sin cambios en 61,8%, mínimo de cuatro años y medio, como reflejo de la contracción de la fuerza laboral —aproximadamente 1,4 millones de personas menos desde diciembre— derivada en parte de la política migratoria de la administración Trump.
El frente arancelario siguió generando ruido estructural con implicaciones de mayor alcance. Tras la anulación por parte de la Corte Suprema de los aranceles del “Día de la Liberación” y con el arancel general del 10% impuesto bajo la Sección 122 próximo a expirar a finales de julio, la Oficina del Representante Comercial (USTR) propuso gravámenes adicionales de hasta 12,5% a importaciones de 60 economías bajo la Sección 301, argumentando que no han prohibido de manera efectiva bienes fabricados con trabajo forzado. La lista incluye a China, la Unión Europea, Japón, India, Canadá, México y Reino Unido, entre otros. Las economías con prohibiciones parciales enfrentarían un 10% y el resto un 12,5%. El periodo de audiencias públicas cierra el 6 de julio, con una decisión final que remodelaría cadenas de suministro globales al crear incentivos económicos que las empresas no pueden ignorar. Brasil recibió un arancel separado del 25% por prácticas consideradas desleales. El Secretario del Tesoro Scott Bessent, en audiencia ante el Congreso el 3 de junio, calificó el impacto inflacionario de la guerra como “un bache a corto plazo” y aseguró que los datos económicos subyacentes son sólidos. La palabra no convence: los hogares estadounidenses han pagado más de 53.000 millones de dólares adicionales en gasolina y diésel desde el inicio del conflicto, equivalentes a más de 400 dólares por hogar, según investigación de la Universidad de Brown.
El sentimiento empresarial ofreció un contraste con el deterioro del consumidor. Los índices ISM de manufactura se consolidaron en zona de expansión en 54,0, máximo de cuatro años, mientras servicios promedió 54,1 en el bimestre abril-mayo, niveles comparables al primer trimestre. El componente de nuevos pedidos mostró mejora en ambos casos, aunque el de empleo permaneció en contracción, señal de que las empresas expanden actividad sin traducirlo aún en contratación formal. El crédito al consumo creció 20.700 millones de dólares en mayo, superando las estimaciones de 18.000 millones, con el crédito rotativo —deuda de tarjetas— ascendiendo a 1,31 billones de dólares. La demanda sostenida de crédito en un entorno de tasas elevadas confirma que los hogares están usando endeudamiento para mantener consumo, no desde una posición de confianza.
Las solicitudes iniciales de desempleo subieron 13.000 hasta 225.000 en la semana que terminó el 30 de mayo, el nivel más alto desde febrero, aunque parte del movimiento se atribuye a la volatilidad estacional del Memorial Day. Más relevante fue el dato paralelo de recortes de empleo en tecnología: las empresas del sector anunciaron 38.242 despidos en mayo, el mayor volumen para un mes individual en casi dos años, con los recortes acumulados en lo corrido del año superando en más del 65% los del mismo período de 2025. La inteligencia artificial está generando reestructuraciones selectivas dentro de un mercado laboral que en titulares luce robusto.
El FMI añadió perspectiva de largo plazo al debate: la institución no espera que la inflación regrese al objetivo del 2% de la Fed antes de finales de 2027, retrasando su pronóstico previo por efecto de la guerra con Irán. Mientras tanto, Warsh se prepara para presidir su primera reunión del FOMC el 16 y 17 de junio habiendo llegado al cargo con el argumento de que las tasas podían bajar porque las políticas de productividad e inteligencia artificial generarían crecimiento con desinflación. Los datos de los primeros días de su mandato corren en la dirección opuesta.
Valoración. Estados Unidos llega al cierre de la primera semana de junio con una economía que continúa desafiando las previsiones de desaceleración. El empleo sigue creciendo a un ritmo superior al esperado, las empresas mantienen niveles razonables de contratación y el crédito continúa sosteniendo el consumo. Sin embargo, la fortaleza de corto plazo comienza a convivir con desequilibrios que merecen atención. El ahorro de los hogares sigue deteriorándose, el endeudamiento aumenta y la inflación permanece claramente por encima de la meta de la Reserva Federal. El mercado ha pasado de debatir cuándo llegarán los recortes de tasas a discutir nuevamente la posibilidad de nuevos incrementos. La verdadera incógnita para el segundo semestre ya no es si la economía puede seguir creciendo, sino cuánto tiempo podrá hacerlo sin que las presiones inflacionarias obliguen a la Fed a endurecer nuevamente las condiciones financieras. El riesgo más importante no es una recesión inmediata, sino la aparición de un escenario donde crecimiento, inflación y tensiones geopolíticas sigan coexistiendo durante más tiempo del que hoy descuentan los mercados.
II: Europa: contracción del PIB, inflación que no da tregua y un BCE a horas de su primera subida de tipos en casi tres años
La semana dejó para Europa una secuencia de datos que terminó de configurar el escenario más incómodo posible para el Banco Central Europeo de cara a su reunión del 11 de junio: una economía que en el primer trimestre se contrajo, una inflación que en mayo escaló al nivel más alto desde 2023 y un componente subyacente que aceleró más allá de lo que el mercado esperaba. La combinación convirtió la subida de tipos en un hecho prácticamente consumado —el mercado la descuenta con probabilidad superior al 90%— pero no resolvió el dilema de fondo: el BCE debe endurecer su política monetaria sobre una economía que ya muestra señales clínicas de agotamiento.
El dato más disruptivo de la semana fue la revisión final del PIB de la eurozona para el primer trimestre de 2026. Eurostat confirmó una contracción de 0,2% trimestral, muy por debajo de la estimación preliminar que proyectaba un crecimiento de 0,1% y en contraste con el avance de 0,2% del cuarto trimestre de 2025. En términos interanuales, la actividad del bloque moderó su expansión a apenas 0,3%, desde el 1,2% del trimestre anterior. La causa más dramática fue Irlanda, cuyo PIB se desplomó 12,1% en el período —frente a la caída inicial estimada del 2%— por la contracción del sector de multinacionales extranjeras domiciliadas en el país, que se redujo un 27%. Aunque la demanda interna modificada irlandesa —el indicador que mejor refleja la economía real del país— creció 0,6%, la magnitud de la distorsión estadística dificultó la lectura limpia del conjunto del bloque y añadió complejidad a la tarea del BCE para calibrar con precisión el estado real de la actividad en la región. En el agregado europeo, las exportaciones netas restaron 0,3 puntos porcentuales al crecimiento, la variación de inventarios otros 0,1 y la formación bruta de capital fijo una décima adicional. El consumo de los hogares y el gasto público aportaron cada uno 0,1 puntos, insuficientes para compensar el deterioro externo. La OCDE precisó durante la semana que la eurozona crecerá apenas 0,8% en el conjunto de 2026, advirtiendo que los indicadores recientes señalan un deterioro adicional del sentimiento empresarial y del consumidor.
La inflación fue la otra cara del mismo problema. El índice armonizado de precios de la eurozona subió al 3,2% interanual en mayo, dos décimas más que en abril y el quinto repunte consecutivo desde enero, cuando se ubicaba en 1,7%. La energía siguió siendo el componente que más presión ejerció —añadiendo un punto porcentual al total general por segundo mes consecutivo, con un alza interanual del 10,9%— pero la señal que más concentró la atención del BCE fue el comportamiento del núcleo. La inflación subyacente saltó al 2,5%, tres décimas por encima del mes anterior y una décima por encima del consenso de Bloomberg. Los servicios registraron su mayor repunte en un año, alcanzando niveles máximos de los últimos seis meses, en un movimiento que en parte obedece a la desaparición del efecto calendario de Semana Santa sobre los precios de abril, pero que también refleja la transmisión del choque energético hacia componentes de mayor persistencia. Los bienes industriales mostraron una tendencia alcista gradual y sostenida. La energía ya no es el único motor: el choque está tocando capas más profundas del índice de precios.
Entre las grandes economías del bloque, la inflación armonizada subió en Francia a 2,8% (+0,3 puntos), en Italia a 3,3% (+0,5 puntos) y en España a 3,6% (+0,1 puntos), convirtiéndose esta última en la economía con mayor inflación del grupo. Alemania fue la excepción, con una caída a 2,7% (-0,2 puntos). En Francia, la producción industrial prácticamente se detuvo en abril con un avance mensual de apenas 0,1%, frente al 1,4% de marzo, arrastrada por la caída en minería, energía y maquinaria. Las exportaciones de bienes mejoraron en el mes —con un repunte del 3,2%— pero el déficit comercial se mantiene en 5.600 millones de euros. En Italia, las ventas minoristas de abril no registraron variación mensual, quedando por debajo del 0,4% proyectado por el consenso, con el crecimiento interanual moderándose de 3,8% a 1,6%, señal de que el consumidor italiano ya siente el impacto acumulado del encarecimiento energético.
El mercado laboral de la eurozona también cedió terreno. Eurostat registró para el primer trimestre una desaceleración del empleo a 0,1% trimestral —desde 0,2% en el cuarto trimestre de 2025—, con el crecimiento interanual de ocupados moderándose cuatro décimas hasta 0,5%. La pérdida de dinamismo laboral en un contexto de inflación al alza complica el diagnóstico del BCE, que enfrenta la posibilidad de que el endurecimiento monetario llegue justo cuando el mercado de trabajo empieza a aflojar.
En el frente tecnológico y de seguridad, la semana puso sobre la mesa una fractura interna del bloque con consecuencias de largo alcance. Bruselas avanza en la reforma de su legislación de ciberseguridad para permitir la exclusión progresiva de proveedores considerados de alto riesgo en infraestructuras críticas, señalando implícitamente a Huawei. La iniciativa choca con la resistencia de Alemania y España, cuyos vínculos industriales y comerciales con China —en sectores como automóviles, vehículos eléctricos y energía renovable— generan un cálculo costo-beneficio distinto al de las instituciones comunitarias. Reemplazar las infraestructuras de telecomunicaciones con equipos de Huawei podría costar hasta 370.000 millones de euros según un estudio de la Cámara de Comercio China ante la UE, cifra que Berlín y Madrid invocan para frenar la iniciativa. La tensión refleja una fractura más profunda: Europa no ha resuelto cómo perseguir soberanía tecnológica sin poner en riesgo sus relaciones comerciales con las dos potencias que más presión ejercen sobre su margen de maniobra.
En España, un informe de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza publicado en junio reveló que 12,6 millones de personas —el 25,7% de la población— se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social, ubicando al país como el quinto con mayor nivel de pobreza en la UE y 4,8 puntos por encima de la media comunitaria. La tasa de pobreza infantil alcanza el 28,4%, afectando a cerca de 2,6 millones de menores. El riesgo de pobreza entre arrendatarios triplica al de propietarios —43,6% frente a 19,5%—, en un país donde los hogares destinan en promedio el 38% de su renta neta al alquiler, el doble del promedio europeo. El dato no es un indicador coyuntural: es la evidencia de que el crecimiento macroeconómico español no se ha traducido en reducción de la desigualdad estructural, y que el choque inflacionario actual golpea con mayor fuerza a los segmentos que menos margen tienen para absorberlo.
En el plano comercial, datos de exportaciones catalanas ilustraron la reconfiguración silenciosa que los aranceles están provocando en el tejido exportador europeo. El número de empresas catalanas que exportan fuera de la UE cayó 0,8%, con las ventas a Estados Unidos disminuyendo 3,3% en volumen y el número de exportadoras hacia ese mercado reduciéndose en 142 compañías. Las exportaciones a China crecieron en volumen pero el número de empresas activas en ese mercado cayó en 110. La concentración exportadora aumenta: el 1% superior de exportadoras ya representa el 45% del total regional. El tejido de pequeñas empresas exportadoras —las más vulnerables a la incertidumbre arancelaria— se está replegando hacia el mercado europeo, donde la demanda también se deteriora.
En el Reino Unido, la inflación de abril descendió a 2,8%, pero el dato encubre una dinámica prospectiva más preocupante. Los directores financieros de empresas británicas proyectan acelerar la subida de precios al consumidor hasta el 4,0% en los próximos doce meses ante la presión de costos energéticos, mientras anticipan que el incremento salarial se desacelerará de 4,3% a 3,4%, lo que implica una compresión real del poder adquisitivo de los hogares. En el mercado inmobiliario, los precios de la vivienda cayeron 0,1% mensual en mayo, moderando el crecimiento anual a apenas 0,5%, señal de que el sector más sensible a las tasas ya refleja el efecto acumulado de las condiciones restrictivas. En materia de política monetaria, el consenso apunta a que el Banco de Inglaterra elevará su tasa de referencia del 3,75% al 4,0% antes de cierre de año, con la decisión del 18 de junio como primer punto de definición.
Un fenómeno menos visible pero estructuralmente relevante completó el panorama energético europeo. El 1 de mayo, los mercados mayoristas de electricidad en Alemania registraron precios de -499 euros por megavatio-hora —rozando el piso regulatorio de -500 euros— como resultado de la coincidencia de alta generación solar y eólica con baja demanda festiva. El dato contrasta con la inflación general que el choque petrolero sostiene y revela la paradoja del sistema energético europeo: abundancia renovable en horas valle, escasez y carestía en la demanda punta, con la transición de almacenamiento y redes aún insuficiente para resolver el desajuste. La capacidad de baterías instalada creció 33.000 MWh en 2025, pero el pronóstico de Bloomberg NEF indica que los avances serán graduales y que la sincronización entre oferta renovable y demanda real tomará años más en madurar.
Valoración. Europa entra a la reunión del BCE del 11 de junio en la posición más incómoda desde el inicio del ciclo de endurecimiento de 2022: el banco central debe subir tipos sobre una economía que ya se contrajo en el primer trimestre, con un mercado laboral que empieza a aflojar, un consumidor bajo presión real y una inflación cuyo componente energético domina los titulares pero cuyo núcleo —especialmente servicios— comienza a mostrar autonomía propia. La subida de 25 puntos básicos que llevará el tipo de depósito al 2,25% es casi segura; lo que el mercado calibrará con precisión es el tono de Lagarde y la señal sobre septiembre, donde el debate entre las economías del norte —que favorecen más ajuste— y las del sur —que temen el impacto sobre la actividad— se reanudará con mayor intensidad. El riesgo central para el segundo semestre no es que la inflación se dispare de forma descontrolada, sino que el endurecimiento monetario necesario para preservar la credibilidad del BCE llegue exactamente cuando la economía de la región menos puede sostener el golpe.
III. Asia: China endurece su regulación financiera, Japón da un giro histórico hacia el control de la inflación e India mantiene la calma en medio del deterioro
Asia cerró la primera semana de junio con tres señales que muestran la complejidad del ciclo regional. China continúa intentando dirigir el capital hacia sectores estratégicos sin permitir que la especulación tecnológica desordene sus mercados financieros. Japón avanza hacia una etapa monetaria más restrictiva, presionado por el yen, la energía importada y la inflación. India, por su parte, mantiene un crecimiento elevado, aunque el banco central empieza a reconocer que el choque energético puede afectar tanto la inflación como la cuenta externa.
En China, la atención de los mercados se dividió entre el ruido geopolítico —los ataques de Teherán contra Kuwait y las operaciones de Estados Unidos en el estrecho de Ormuz afectaron el ánimo de los inversores y generaron volatilidad en los mercados regionales— y dos movimientos regulatorios que revelan la dirección estratégica que Pekín quiere imprimir a su sector financiero. La Comisión Reguladora de Valores de China (CSRC) anunció un endurecimiento de la supervisión sobre la industria de fondos privados, valorada en 23 billones de yuanes —equivalentes a 3,4 billones de dólares—, elevando requisitos de inscripción, combatiendo flujos transfronterizos irregulares y la malversación, y orientando explícitamente el capital hacia inversión de largo plazo en innovación tecnológica. Al día siguiente, Wu Qing, presidente de la CSRC, fue más explícito en una conferencia al sector: los gestores de fondos deben dejar de hacer apuestas ciegas en sectores de moda, dejar de lanzar productos cuando los precios de las acciones están altos para capturar flujos rápidos, y concentrarse en capital productivo que apoye a empresas de tecnología dura en etapas tempranas. La advertencia contra la “exageración de conceptos” —concept hype— llegó en el momento más sensible posible: cuando la fiebre global por inteligencia artificial sigue reorganizando los flujos institucionales y cuando China necesita que su industria financiera apoye objetivos de política industrial, no que los distorsione con especulación de corto plazo.
El movimiento complementario fue el ajuste en las tasas de depósitos en dólares que al menos cinco bancos comerciales chinos —desde prestamistas estatales hasta bancos de acciones conjuntas— implementaron en semanas recientes, llevando esas tasas a niveles próximos o superiores a la tasa de financiamiento nocturno garantizado de Estados Unidos(SOFR), actualmente en 3,61%. La medida apunta a frenar la apreciación del yuan, que ha ganado más del 3% frente al dólar en lo corrido del año hasta niveles que algunos exportadores y participantes del mercado consideran problemáticos para la competitividad externa. Tasas más altas sobre depósitos en dólares absorben divisas y reducen la presión apreciativa sobre la moneda local. El ajuste también marca una flexibilización del techo a tasas de depósitos en dólares que Pekín había impuesto en 2023, cuando el yuan enfrentaba exactamente el problema inverso: presiones de depreciación. El ciclo se ha invertido y la política regulatoria se adapta con pragmatismo. Los depósitos en divisas alcanzaron 1,15 billones de dólares a finales de abril, un crecimiento de aproximadamente 20% frente al año anterior, señal de la profundidad del reposicionamiento cambiario que está ocurriendo en el sistema bancario chino.
En Japón, la semana produjo el giro narrativo más significativo del Banco de Japón en años. El gobernador Kazuo Ueda dejó atrás de forma deliberada el tono cauteloso que había caracterizado su gestión e hizo explícita la disposición del BOJ para actuar contra una inflación que, si se deja sin control, puede dañar la economía de manera más persistente que la propia restricción monetaria. El cambio no fue cosmético. Hasta ahora, el endurecimiento del BOJ se había presentado como una salida gradual y condicionada del estímulo masivo acumulado durante más de una década, vinculada al logro sostenido del objetivo del 2% de inflación. Ueda añadió esta semana un nuevo detonante que opera con independencia de ese umbral: los riesgos de inflación por sí solos, si superan los riesgos a la baja sobre la actividad, ya son suficientes para justificar una subida de tasas. La distinción importa porque cierra la puerta a la argumentación que el BOJ había usado para justificar la paciencia: que un choque de oferta energético no requería respuesta monetaria convencional. Ueda señaló explícitamente que el cambio de comportamiento de las empresas en la fijación de precios —mayor disposición a trasladar costos al consumidor final— amplifica el riesgo de que los choques energéticos generen efectos de segunda ronda más amplios. Advertir sobre ese riesgo en un discurso formal equivale a anunciar que el umbral de acción bajó.
El lenguaje utilizado reprodujo deliberadamente los comentarios que Ueda realizó antes de la subida de tasas de diciembre, creando una señal reconocible para el mercado. Las fuentes consultadas por Reuters confirmaron que el BOJ espera subir tasas en su reunión del 15 y 16 de junio —movimiento que llevaría la tasa de política monetaria de 0,75% a 1,0%— salvo escalada severa del conflicto en Oriente Próximo. Los mercados monetarios descuentan un segundo incremento antes de cierre de año. La dificultad del BOJ es que incluso un alza en junio podría ser insuficiente para revertir la debilidad del yen, que cerró la semana en torno a 160,15 unidades por dólar —su cuarta pérdida semanal consecutiva frente al billete verde—, nivel que en anteriores ocasiones activó intervenciones directas del Ministerio de Finanzas. La ministra Satsuki Katayama volvió a advertir que Japón está preparado para tomar “medidas decisivas” contra la volatilidad excesiva, pero el mercado sabe que la intervención cambiaria frena caídas sin resolverlas cuando el diferencial de tasas con Estados Unidos permanece amplio. Mientras el BOJ opera a 0,75% y la Fed mantiene su rango en 3,50%-3,75%, el yen seguirá siendo estructuralmente vulnerable al carry trade.
Ueda intentó también calibrar el mensaje político hacia un gobierno que observa con incomodidad el aumento de los costos de endeudamiento soberano. Presentó la subida de tasas como una defensa del poder adquisitivo de los hogares y como una herramienta para anclar la confianza del mercado y evitar saltos desestabilizadores en los rendimientos de bonos. El argumento es técnicamente correcto y políticamente necesario: una Japón con credibilidad antiinflacionaria protege su calificación soberana; una Japón que tolera la inflación importada sin respuesta monetaria arriesga una espiral de expectativas más costosa de corregir después.
India ofreció el contraste más estabilizador de la región. El PIB del primer trimestre de 2026 creció 7,8% interanual —ligeramente por debajo del 8,0% del trimestre anterior pero claramente por encima del consenso de 7,2%—, confirmando que la economía india mantiene una capacidad de resistencia real frente al deterioro del entorno global. El Banco de la Reserva de India (RBI) optó por mantener su tasa de referencia en 5,25% sin cambios, una decisión unánime que refleja una lectura distinta de la que adoptaron este mes otros bancos regionales como los de Filipinas, Indonesia y Sri Lanka, que subieron tasas para sostener sus divisas. El RBI prefirió actuar sobre la rupia —que en mayo tocó mínimos históricos de 96,8 rupias por dólar— mediante medidas selectivas: reducción de impuestos sobre plusvalías e intereses obtenidos por capital extranjero, y compensación a bancos por tenencia de depósitos de no residentes y préstamos en divisas. La decisión de no subir tasas se sustenta en que la inflación actual y proyectada permanece por debajo del objetivo del 4% —con una banda de más o menos dos puntos— y en que las presiones subyacentes siguen siendo benignas sin evidencia aún de efectos de segunda ronda. El RBI revisó a la baja su proyección de crecimiento para 2026 de 6,9% a 6,6% y elevó su estimación de inflación media de 4,6% a 5,1%, señal de que el banco central reconoce el deterioro pero considera que el margen para esperar más información es todavía suficiente. Tras el anuncio, la tasa de los bonos soberanos a diez años cayó cuatro puntos básicos hasta 6,95% y la rupia se apreció 0,4% hasta 95,4 unidades por dólar.
Valoración. Asia resume esta semana con claridad la heterogeneidad del ciclo global. Japón da el paso más significativo de la región al consolidar un giro antiinflacionario que redefine los criterios de acción del BOJ, pero lo hace sobre una moneda que el mercado sigue vendiendo porque el diferencial de tasas con Estados Unidos supera los argumentos narrativos del banco central. China administra la apreciación del yuan con instrumentos de tasa y endurece la regulación financiera para reorientar capital hacia la innovación, pero la eficacia de esas medidas depende de que la demanda interna —todavía deprimida en sectores clave— genere el rendimiento que justifique ese capital a largo plazo. India mantiene la calma con más fundamento que sus vecinos regionales: su inflación subyacente no muestra señales de desanclaje y su crecimiento, aunque moderado, sigue siendo el más robusto del grupo. El riesgo regional de mayor consecuencia para el segundo semestre no es un evento abrupto sino uno silencioso: que la normalización monetaria japonesa, cuando se acumule con suficiente magnitud, genere un reajuste de flujos de capital que afecte posiciones de carry, rendimientos soberanos y valuaciones en múltiples mercados simultáneamente.
IV. México y Brasil: inversión que no despega, industria que resiste y dos economías atrapadas entre sus propias contradicciones
La semana dejó para América Latina dos lecturas que en apariencia apuntan en direcciones distintas —México acumulando señales de fragilidad estructural, Brasil consolidando una producción industrial que encadena cuatro meses de crecimiento— pero que comparten un denominador común: el crecimiento existe o se sostiene sobre bases que generan preguntas más incómodas que las que responden. En México, la propia Secretaría de Hacienda reconoció públicamente que la informalidad laboral es un riesgo real para las finanzas públicas, mientras la inversión fija bruta completó 19 meses consecutivos de contracción. En Brasil, la producción industrial bate registros en hidrocarburos pero la química y los farmacéuticos retroceden, y el ciclo electoral sigue condicionando decisiones de política que el banco central no puede ignorar.
México cerró la semana con una acumulación de diagnósticos adversos que ya no provienen solo de agencias calificadoras externas sino de sus propias instituciones. Rodrigo Mariscal, titular de la unidad de planeación económica de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), reconoció en un panel de la OCDE que la informalidad laboral —que al cierre de 2025 generó un valor agregado equivalente al 25% del PIB— es uno de los principales riesgos que enfrenta la economía mexicana por su impacto en la productividad y en la sostenibilidad del marco fiscal de largo plazo. La declaración no fue retórica: en el primer cuatrimestre del año, la recaudación del Impuesto Sobre la Renta (ISR) —el tributo directamente vinculado al empleo formal— cayó 6,2% real anual. Solo en abril, el desplome fue de 12,9% anual, concentrando el efecto de un mercado laboral formal que pierde dinamismo, utilidades empresariales que ceden y el impacto estacional de las devoluciones del período de declaración. El dato de empleo de INEGI para ese mismo mes ilustra la magnitud del problema con precisión quirúrgica: de los 448.146 nuevos ocupados reportados, 447.538 correspondieron al sector informal y apenas 608 al formal. La economía genera empleo; lo que no genera es el tipo de empleo que tributa, cotiza a la seguridad social y transmite política monetaria hacia los hogares.
La OCDE no solo documentó el problema laboral sino que proyectó sus consecuencias sobre el crecimiento: México crecerá apenas 0,8% en 2026, posicionándose como una de las economías con peor desempeño de América Latina y por debajo del promedio mundial de 2,8%. Costa Rica (3,5%), Perú (2,9%), Argentina (2,8%), Colombia (2,4%), Chile(1,7%) y Brasil (1,6%) crecerán todos por encima del país. El Banco Mundial llegó a una conclusión similar, ubicando a México como el de menor crecimiento entre las seis economías más grandes de la región para 2026. El organismo atribuye el estancamiento a tres factores que se alimentan mutuamente: la debilidad de la inversión privada, la incertidumbre sobre la revisión del T-MEC y los aranceles que permanecen vigentes sobre las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos. Los recortes que Banxico ha ejecutado llevando su tasa de referencia a 6,50% contribuyen en la dirección correcta pero son insuficientes para contrarrestar el deterioro de la confianza del sector privado y la ausencia de reformas estructurales que mejoren la calidad del gasto público.
El indicador más elocuente del deterioro de fondo es la Inversión Fija Bruta (IFB), que en marzo retrocedió 3,1% anual y completó así 19 meses consecutivos de contracción —la racha negativa más extensa desde el período noviembre 2018-febrero 2021, cuando la inversión cayó durante 28 meses seguidos. En el primer trimestre de 2026, la formación bruta de capital fijo se redujo 3,0% anual y 1,3% trimestral, encadenando su segundo inicio de año negativo consecutivo tras el desplome del 6,0% en el mismo período de 2025. La compra de maquinaria y equipo —el componente que mejor mide la apuesta real del sector privado por ampliar capacidad productiva— acumula 19 meses en terreno negativo, con una caída de 6,5% anual en el primer trimestre. La construcción cedió 3,2% anual en marzo y registró su tercer descenso mensual consecutivo. Scotiabank describió el panorama como “frágil, con marcados riesgos a la baja y sin recuperación clara en los próximos meses”. Grupo Financiero Monex señaló que la inversión seguirá condicionada por la incertidumbre arancelaria y la proximidad de la revisión del T-MEC. La narrativa del nearshoring —la reconfiguración de cadenas de suministro hacia México como alternativa a China— sigue siendo un argumento estructural válido pero que el mercado laboral y la inversión todavía no confirman con datos.
La inflación agrega presión sin ofrecer un camino de salida inmediata. A la primera quincena de mayo, el IPC avanzó 4,11% anual, por encima del rango objetivo de Banxico de 3% más o menos un punto porcentual. La OCDE proyecta que cerrará 2026 en 3,9% y 2027 en 3,2%, una moderación gradual que depende en parte de que el conflicto en Oriente Próximo no genere una segunda ola de choque energético. Los subsidios al IEPS en gasolinas —que la OCDE advierte podrían extenderse hasta 2027 generando vacíos recaudatorios adicionales— ilustran la trampa en que se encuentra la política fiscal: proteger el bolsillo del consumidor tiene un costo directo sobre los ingresos presupuestarios en una economía que ya enfrenta cuestionamientos de dos agencias calificadoras —Moody’s y S&P— por resultados fiscales persistentemente débiles y mayor nivel de endeudamiento.
Brasil llegó a la semana con dos datos que el mercado procesó en clave positiva pero con matices que la narrativa de titulares tiende a omitir. La producción industrial de abril creció 0,7% mensual con ajuste estacional, encadenando así su cuarto mes consecutivo de expansión y acumulando un avance de 4,4% en ese período. En términos interanuales, la industria crece 1,7% en los primeros cuatro meses del año. Los motores del avance fueron las industrias extractivas y el segmento de coque, derivados del petróleo y biocombustibles —ambos con crecimiento del 3,1% y su quinto mes consecutivo al alza— seguidos por productos de madera (8,5%), textiles (4,1%) y caucho y plástico (3,1%). El retroceso más pronunciado lo registró la química con una caída de 3,9%, seguida por farmacéuticos (-6,0%), maquinaria y equipo (-2,9%) y metalurgia (-1,0%), sectores cuya debilidad señala que el crecimiento industrial brasileño sigue siendo más dependiente de recursos naturales que de manufactura de valor agregado.
La producción de petróleo y gas marcó récord por tercera vez consecutiva en abril, totalizando 5,640 millones de barriles de equivalente de petróleo por día, con Petrobras responsable del 88,98% del total y el presal aportando el 81,8% de la producción. El campo de Búzios se mantuvo como el mayor productor individual de crudo del país con 910.100 barriles diarios. La expansión interanual del petróleo alcanzó 19,5% y la del gas natural 23%, cifras que posicionan a Brasil como uno de los pocos productores del hemisferio occidental que aumenta volúmenes de forma consistente en un entorno de precios todavía elevados por el conflicto en Oriente Próximo. Esa capacidad exportadora de hidrocarburos es, al mismo tiempo, el principal soporte de la balanza comercial y una variable que el gobierno de Lula da Silva utilizará en el calendario electoral del segundo semestre.
Argentina, aunque no fue el foco principal de la semana, dejó datos del balance cambiario de abril que muestran una cuenta corriente superavitaria en 1.333 millones de dólares —frente a un déficit de 459 millones en igual mes de 2025—, impulsada por un saldo comercial de bienes que casi triplicó el del año anterior y exportaciones que crecieron 15% interanual con importaciones que cayeron 13%. Las reservas brutas del BCRA cerraron la semana en 47.867 millones de dólares, con una caída de aproximadamente 300 millones en el período. Las expectativas de inflación para 2026 se mantienen en 30,5% anual según la mediana del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), con proyecciones de crecimiento del PIB ligeramente ajustadas al alza a 2,9%.
Valoración. México y Brasil ilustran esta semana dos versiones del mismo dilema latinoamericano con características propias. México enfrenta una trampa de baja productividad que su propio gobierno ya no puede ignorar en público: informalidad creciente que erosiona la base fiscal, inversión privada en caída libre por décimo noveno mes consecutivo y una narrativa de reindustrialización que el mercado laboral y el capital fijo todavía no validan. La distancia entre el potencial del nearshoring y la realidad de los 608 empleos formales creados en abril es la imagen más precisa del riesgo estructural que México arrastra hacia la revisión del T-MEC. Brasil crece en hidrocarburos y acumula expansión industrial pero sobre una base que sigue siendo más extractiva que manufacturera, con un impulso fiscal electoral que el Banco Central no puede acompañar sin comprometer su credibilidad antiinflacionaria. En ambos casos, el entorno externo de tasas altas y energía costosa sigue siendo el factor que más estrecha el margen de política disponible precisamente cuando las presiones internas lo exigen con mayor urgencia.
V. Colombia: inflación que no cede, fiscal que se desborda y una segunda vuelta que el mercado observa con lupa
La semana cerró para Colombia con una concentración de señales que ningún indicador aislado logra capturar por completo pero que, leídos en conjunto, configuran el mapa de riesgos más complejo que el país enfrenta al entrar al segundo semestre: inflación en aceleración por tercer mes consecutivo, gasto público que desborda las metas oficiales mientras el recaudo queda corto, una crisis energética que se incuba en silencio mientras el fenómeno de El Niño gana probabilidad, y una segunda vuelta presidencial el 21 de junio que Moody’s convirtió en variable explícita de su análisis soberano. El mercado no esperó a que se resuelvan esas incógnitas para actuar: las primas de riesgo siguen elevadas y la política monetaria enfrenta la presión de subir tasas en un entorno donde la actividad ya muestra señales de enfriamiento.
La inflación de mayo fue el dato de la semana. El DANE reportó una variación anual del IPC de 5,84%, por encima del 5,68% de abril y del 5,56% de marzo, completando tres meses consecutivos de aceleración y acercándose al umbral del 6% —casi el doble de la meta del Banco de la República. La cifra quedó ligeramente por debajo del 5,89% que proyectaba el consenso del mercado, pero esa diferencia marginal no cambia el diagnóstico estructural: el proceso de convergencia hacia la meta del 3% no solo se desaceleró sino que invirtió su dirección. La última vez que la inflación anual superó el dato de mayo fue en agosto de 2024, cuando registró 6,12%. El mercado ya lo incorpora: analistas de Acciones & Valores proyectan que el BanRep subirá tasas en su reunión de finales de junio, con ANIF evaluando un incremento de hasta 75 puntos básicos sobre la tasa actual de 11,25%.
Los componentes que impulsaron el indicador revelan la naturaleza del problema. Restaurantes y hoteles lideró el avance anual con 9,62%, seguido por salud con 8,35% y educación con 7,58%. Dentro de esas divisiones destacaron las bebidas calientes —café y chocolate— con 11,97% de incremento anual, consultas médicas particulares con 11,48% y matrículas en educación superior con 6,37%. En el componente mensual, alojamiento, agua, electricidad y gas aportó 0,86 puntos porcentuales, con el arriendo imputado creciendo 0,67%, los combustibles para vehículos 2,34% y el alcantarillado 2,66%. El arriendo efectivo anual se ubicó en 4,94%, aún dentro del tope legal del 5,10% fijado para 2026, aunque las cuotas de administración en copropiedad crecieron 13,42% anual —impulsadas por el ajuste del salario mínimo sobre los costos de personal—, impacto que se traslada directamente a los hogares que viven en propiedad horizontal. Los productos que moderaron el indicador —arroz con -7,82%, tomate con -17,06% y electricidad con -1,93%— no tienen el peso suficiente en la canasta para compensar las presiones de servicios.
Las diferencias regionales confirman que la inflación no es un fenómeno homogéneo. Medellín registró una variación mensual de 0,73%, impulsada por arriendos y electricidad que subió 5,65%. Pereira (6,69% anual), Bucaramanga(6,68%) Villavicencio (6,16%) y Medellín (6,64%) superan el promedio nacional, mientras Bogotá (4,55%) y Cartagena (4,49%) registran las menores variaciones. La dispersión regional agrava el diagnóstico porque el BanRep fija una sola tasa de política monetaria para una economía que experimenta choques inflacionarios de magnitud distinta según el territorio. El análisis por nivel de ingreso arroja un resultado que Fedelonjas no pasó por alto: los hogares de mayores ingresos registraron la inflación más alta (5,97%), mientras los hogares pobres (5,56%) y vulnerables (5,66%) experimentaron una presión relativamente menor, señal de que los servicios de mayor precio —salud, educación, restaurantes— pesan más en la canasta de los estratos medios y altos.
El Índice de Precios del Productor (IPP) añadió una capa adicional de preocupación. En mayo, el IPP de producción nacional creció 6,79% anual, con la minería liderando con 28,24% de variación interanual. Los aceites de petróleo crudo avanzaron 35,77%, el oro en bruto 32,11% y otros combustibles 51,31%. En lo corrido de 2026 hasta mayo, el IPP acumula 8,47%, frente a una caída de 1,07% en el mismo período de 2025. La presión de precios en la cadena productiva antecede la transmisión al consumidor final: lo que el IPP muestra hoy, el IPC tiende a reflejarlo en los meses siguientes, lo que alimenta la proyección de Acciones & Valores de una inflación cercana al 6,75% para diciembre con más riesgos alcistas que bajistas.
El panorama fiscal completó el cuadro de vulnerabilidades. Según el informe Pulso Fiscal de Bancolombia, el recaudo tributario acumulado entre enero y mayo alcanzó $136,2 billones —un crecimiento nominal de 7,2% frente a 2025—, pero quedó $2,8 billones por debajo de la meta del Ministerio de Hacienda de $139,0 billones, representando apenas el 42,9% del objetivo anual de $317,5 billones. El motor del recaudo fue el IVA interno con crecimiento de 15,5% anual, seguido por el 4×1.000 con 12,3% y el impuesto de renta con 7,2%. Los rezagados fueron los tributos asociados a combustibles, el impuesto al patrimonio y el IVA externo, este último afectado por el comportamiento de las importaciones y la tasa de cambio. Mientras los ingresos quedaron cortos, el gasto público aceleró de forma drástica: el Gobierno Nacional Central comprometió $264,6 billones en los primeros cinco meses —equivalentes al 47,6% del Presupuesto General de la Nación total— superando la meta programada de $232,3 billones en $32,3 billones adicionales. La brecha entre un recaudo rezagado y una ejecución desbordada configura una asimetría que las agencias calificadoras no podrán ignorar en sus próximas revisiones.
Moody’s ya trazó la línea de forma explícita. La agencia advirtió que la nota soberana de Colombia —actualmente en Baa3, el escalón más bajo del grado de inversión— dependerá directamente de la capacidad del próximo presidente para reducir la confrontación institucional y concertar con el Congreso, las altas cortes y el Banco de la República. William Foster, vicepresidente de Moody’s, fue preciso: el factor crítico para los mercados no es la ideología del ganador sino el respeto por los contrapesos del poder. Una victoria de Iván Cepeda representaría continuidad del modelo redistributivo del gobierno saliente; una victoria de Abelardo de la Espriella implicaría un giro hacia consolidación fiscal, fortalecimiento del sector privado y reactivación del sector petrolero. Cualquiera que sea el resultado del 21 de junio, la previsibilidad política y la disposición al diálogo institucional serán las variables que Moody’s evaluará para decidir si mantiene o degrada la calificación soberana en los próximos meses. Una degradación desde Baa3 significaría perder el grado de inversión, lo que encarecería el acceso al financiamiento externo y forzaría ventas automáticas de deuda colombiana por parte de fondos institucionales con restricciones de mandato.
Las exportaciones de petróleo ofrecieron la señal positiva más concreta de la semana. En abril, las ventas externas de crudo sumaron 1.620 millones de dólares, el nivel más alto desde julio de 2022, impulsadas por el alza de precios internacionales derivada del conflicto en Oriente Próximo. Analistas del Banco de Bogotá proyectan que las exportaciones petroleras totales del año superarán los 17.500 millones de dólares —un incremento de 5.000 millones frente a 2025— y que el petróleo recuperará el primer lugar como principal generador de divisas de la economía colombiana, superando a las remesas. El beneficio, sin embargo, está acotado por la debilidad de la producción interna: Colombia produce hoy cerca de 740.000 barriles por día, 25% menos que los 990.000 de 2014 cuando el precio del crudo promedió 99 dólares. Con mejor ambiente de negocios y mayor producción, el impacto de este choque de precios sobre el fisco y la balanza de pagos sería considerablemente mayor.
El café agravó las malas noticias del sector exportador. En lo corrido de 2026 hasta mayo, la producción cafetera cayó 19% frente al mismo período de 2025, pasando de 5,3 millones a 4,2 millones de sacos, atribuido a retrasos en la maduración del fruto por lluvias que afectaron las zonas productoras. Las exportaciones de mayo cayeron a 894.000 sacos desde 912.000 un año atrás, y en el acumulado del año la caída exportadora alcanza 22%. El gerente de Fedecafé, Germán Bahamón, señaló que mayo mostró una recuperación mensual de 29% —1,05 millones de sacos frente a 819.000 en mayo de 2025—, pero que los indicadores acumulados de los últimos doce meses reflejan una producción de 12,6 millones de sacos, 14% menos que el año anterior. Para el productor cafetero, la combinación de menor volumen con precios internacionales que acumulan una caída interanual superior al 24% desde los máximos del año pasado sigue comprimiendo el ingreso real sin que el entorno externo ofrezca alivio visible.
La amenaza energética más silenciosa pero de mayor potencial de daño es el riesgo de desabastecimiento de gas ante el fenómeno de El Niño. Colombia cuenta actualmente con una sola planta de regasificación en operación —la terminal de Puerto El Cayao en Cartagena, con capacidad de 475 millones de pies cúbicos diarios—, mientras el gas importado ya representa el 22,1% del volumen comercializado entre enero y abril, con 216 millones de pies cúbicos diarios ingresados solo en abril. La producción fiscalizada nacional de gas se ubicó en abril en 1.006 millones de pies cúbicos diarios, el nivel más bajo de la serie histórica disponible según Campetrol. Los nuevos proyectos de regasificación aprobados por ANLA —en La Guajira, Puerto Bahía, Ciénaga y Coveñas— añadirán capacidad entre finales de 2026 y 2029, pero la ventana crítica del segundo semestre, cuando El Niño alcanza probabilidades de consolidación superiores al 82% según la NOAA, quedará expuesta con la infraestructura actual. Agremgas advirtió que racionamientos programados de gas empujarían a la industria pequeña y mediana hacia el GLP como alternativa, generando presiones adicionales de costos en un entorno de inflación ya elevada.
Valoración. Colombia llega a la segunda vuelta del 21 de junio con una economía que acumula fragilidades en múltiples frentes simultáneos. La inflación no converge: tres meses consecutivos de aceleración con el IPC en 5,84% y el IPP señalando presiones adicionales en la cadena productiva. El fiscal no cuadra: $32,3 billones de gasto por encima de la meta con un recaudo que no alcanza los objetivos del Ministerio de Hacienda. El sector energético acumula déficits de inversión que el próximo gobierno heredará sin margen de espera y con El Niño llamando a la puerta. Las exportaciones petroleras ofrecen un alivio transitorio pero limitado por la caída estructural de la producción. El BanRep enfrenta la disyuntiva más costosa de su ciclo reciente: subir tasas para contener una inflación que no cede, en una economía donde el crédito privado ya refleja el peso de tasas restrictivas y donde la demanda interna no tiene músculo para absorber más endurecimiento. Lo que el mercado espera del 21 de junio no es solo un nombre sino una señal sobre gobernabilidad, disciplina fiscal y diálogo institucional. Esa señal, y no el resultado electoral en sí mismo, es lo que determinará si Colombia defiende o pierde el grado de inversión en la ventana que se abre inmediatamente después de los comicios.
VI. Mercados financieros
Renta variable: el ciclo de la inteligencia artificial encuentra su primer muro serio y el COLCAP celebra con cautela el resultado de primera vuelta
El S&P 500 rompió una racha de nueve semanas consecutivas de ganancias —la más larga desde diciembre de 2023— al cerrar en 7.383,94 puntos con una caída semanal de 2,6%. El Nasdaq Composite sufrió el golpe más severo, retrocediendo 4,7% hasta 25.709,43 puntos en lo que constituyó su mayor pérdida porcentual semanal desde la crisis arancelaria de abril de 2025. El Dow Jones limitó el daño gracias a una rotación hacia bancos y defensivos, cerrando en 50.866,78 con una caída de apenas 0,3%. La sesión del viernes concentró la mayor parte del deterioro: el Nasdaq cayó 4,2% en un solo día —su peor jornada desde abril de 2025— y en la Bolsa de Nueva York el número de acciones a la baja superó al de acciones al alza en una proporción de 3,14 a 1.
El detonante inmediato fue Broadcom. El gigante de semiconductores publicó resultados ligeramente por debajo de las expectativas y adoptó un tono considerado prudente para sus perspectivas de demanda de chips para inteligencia artificial, desatando ventas que el mercado venía postergando durante semanas de valoraciones crecientes sobre una sola narrativa. La caída de Broadcom superó el 13,66% en la semana, arrastrando al conjunto del sector: Marvell Technology y Micron Technology se desplomaron alrededor del 16% y 13% respectivamente, mientras Intel y AMD perdieron cerca del 11% cada una. El índice de semiconductores de Filadelfia (SOX) y el ETF iShares Semiconductor se hundieron un 10%. Lo que el mercado castigó no fue la debilidad del negocio sino la insuficiencia de las perspectivas frente a expectativas que se habían vuelto excesivamente exigentes: cuando la narrativa de crecimiento cotiza a múltiplos que no admiten sorpresas neutras, una guía moderada equivale a una decepción. En Europa, el sector tecnológico del Stoxx 600 cayó 2,8%, con Infineon Technology perdiendo 9,1% y ASML cediendo 2,4%.
El segundo catalizador fue el informe de empleo de mayo. La creación de 172.000 nóminas no agrícolas —más del doble del consenso— empujó los rendimientos del Tesoro al alza con fuerza: el bono a 10 años superó el 4,5% y el de 30 años cruzó el 5%, niveles que presionan directamente las valoraciones de las compañías de crecimiento cuyo flujo de caja descontado es especialmente sensible a las tasas de largo plazo. El mercado procesó el dato como una señal de que la Fed de Warsh no solo no recortará tasas en junio sino que enfrenta presión creciente para endurecer antes de que termine el año. La combinación de datos sólidos de empleo con inflación persistente y un banco central potencialmente más restrictivo generó exactamente el entorno que las acciones de crecimiento y tecnología no pueden absorber sin ajuste de múltiplos.
La tensión geopolítica con Irán añadió volatilidad sin dirección clara. Las negociaciones sobre el estrecho de Ormuz generaron movimientos abruptos en el precio del petróleo que afectaron las expectativas de inflación y el apetito por riesgo a lo largo de la semana. Hacia el cierre, la caída del crudo favoreció cierta rotación hacia bancos, defensivos y pequeñas capitalizaciones, lo que explica la resistencia relativa del Dow Jones frente al deterioro del Nasdaq. FedEx completó la escisión de su actividad de carga completando la distribución del 80,1% de las acciones de FedEx Freight Holding, que comenzó a cotizar el 1 de junio, con la acción retrocediendo 19,61% en la semana por el efecto mecánico de la separación.
En Colombia, el COLCAP cerró en 2.192,97 puntos con un avance semanal de 0,74%, resultado que esconde la dinámica real de una semana dividida en dos tiempos. El lunes y martes, el índice se disparó por el efecto del resultado de primera vuelta presidencial del 31 de mayo: Abelardo de la Espriella obtuvo el 43,7% frente al 40,9% de Iván Cepeda, resultado que el mercado interpretó como una señal favorable sobre la trayectoria fiscal, la independencia del Banco de la República y el modelo de relacionamiento con el sector privado. Bancos, holdings y compañías domésticas lideraron el avance de los primeros días. El jueves y viernes, sin embargo, la corrección global del sector tecnológico y la caída del crudo golpearon especialmente a Ecopetrol, borrando buena parte de las ganancias acumuladas y dejando el índice con un avance apenas positivo. Las acciones más valorizadas en la semana fueron Enka (3,87%), TIN (2,31%) y PF Cemargos (1,53%), mientras que Mineros (-5,94%), Grupo Argos (-4,39%) y PF Davivienda Group (-4,30%) lideraron las desvalorizaciones. Promigas anunció medidas para la protección de accionistas en su próxima Asamblea Extraordinaria.
Valoración. Lo que ocurrió esta semana en la renta variable global no fue un accidente estadístico sino la primera corrección seria de una narrativa que llevaba meses descontando crecimiento de inteligencia artificial sin exigir evidencia de monetización más allá de los proveedores de infraestructura. Broadcom no defraudó en términos absolutos: defraudó en términos relativos a expectativas que el propio mercado había construido sobre valoraciones cada vez más comprimidas en tolerancia al error. El riesgo central hacia el segundo semestre no es que el ciclo de IA se detenga sino que el mercado empiece a exigir prueba de traslado de valor hacia los usuarios finales de la tecnología —y mientras esa transición no se produzca con datos, la concentración del liderazgo en un puñado de mega-capitalizaciones seguirá siendo el principal vector de vulnerabilidad de los índices globales. En Colombia, el avance del COLCAP es más electoral que fundamental: el mercado compró opcionalidad sobre un resultado que considera favorable para la disciplina fiscal, no certeza sobre mejora de los fundamentos macro. La segunda vuelta del 21 de junio decidirá si esa opcionalidad se convierte en flujo sostenido o en corrección.
Renta fija: los Tesoros pagan el precio del empleo, el Bund alcanza máximos de dos semanas y los TES largos colombianos se valorizan por el giro electoral
Los mercados de renta fija globales cerraron la semana bajo una presión vendedora que tuvo un origen preciso y un mecanismo de transmisión rápido: el informe de empleo de mayo en Estados Unidos desató un agresivo movimiento de liquidación que aplanó las curvas de manera bajista en las principales economías desarrolladas y forzó una revisión sustancial de las expectativas de política monetaria. Lo que comenzó como un ajuste en los Treasuries se propagó hacia Europa antes de que cerrara la semana, dejando al Bund alemán en máximos de dos semanas y a los mercados de la eurozona cotizando un ciclo de endurecimiento del BCE más profundo de lo que el consenso descontaba hace apenas siete días.
En Estados Unidos, la lectura de 172.000 nóminas no agrícolas —más del doble del consenso— removió cualquier ambigüedad sobre el estado del mercado laboral y trasladó inmediatamente esa certeza hacia las expectativas de política monetaria. Los swaps OIS pasaron a descontar de manera íntegra un alza de 25 puntos básicos por parte de la Fed de Warsh para diciembre, frente a una probabilidad que rondaba el 50% apenas 48 horas antes. El bono a 2 años —el más sensible a las decisiones de tasas de corto plazo— subió 15,5 puntos básicos hasta 4,17%, el nivel más alto desde febrero de 2025. El tramo a 10 años cerró en 4,55% con un incremento de 10,7 puntos básicos, mientras el de 30 años añadió 3,4 puntos básicos para superar el 5%. La señal de la curva es inequívoca: el mercado ya no descuenta recortes en ningún horizonte visible del año, y la conversación ha migrado hacia cuándo y con qué magnitud ocurrirá el próximo movimiento al alza. El bono a 10 años permanece por encima del soporte intermedio del 4,44%, nivel técnico que el mercado vigila como referencia para calibrar la dirección de los flujos institucionales hacia renta variable.
La transmisión hacia Europa fue inmediata y de similar intensidad. Los operadores elevaron las apuestas de endurecimiento monetario total del BCE para finales de 2026 a 69 puntos básicos, frente a los 53 de la semana anterior, incorporando no solo la subida de junio —que el mercado descuenta con probabilidad superior al 90%— sino una segunda en septiembre y probabilidad creciente de un tercer movimiento en diciembre. El Bund alemán a 10 años cerró en 3,04%, máximo de dos semanas, con rendimientos que subieron de forma generalizada en toda la eurozona antes de la decisión del BCE del 11 de junio. La lógica del movimiento es la misma que en Estados Unidos pero con una capa adicional de complejidad: el BCE debe subir tasas sobre una economía que ya se contrajo en el primer trimestre, lo que hace que cada punto básico adicional de rendimiento soberano tenga un costo de actividad más visible que en el ciclo norteamericano.
En Colombia, la dinámica de renta fija fue la más interesante de la semana porque operó en sentido parcialmente contrario al movimiento global. La curva de TES Tasa Fija presentó un desplazamiento a la baja en la mayoría de sus nodos, con valorizaciones concentradas en los tramos medio y largo que reflejaron la recomposición de expectativas tras el resultado de primera vuelta presidencial. Los vencimientos de junio 2032 registraron la mayor compresión con -131,0 puntos básicos, seguidos por enero 2035 (-126,2 pbs) y febrero 2033 (-121,5 pbs). La demanda provino de inversionistas extranjeros, institucionales y bancos comerciales que reposicionaron portafolios ante la perspectiva de un giro político más favorable a la disciplina fiscal y al respeto por la independencia del BanRep. Los comentarios de Fitch y Moody’s sobre la importancia de una agenda de consolidación fiscal para preservar el grado de inversión actuaron como catalizador adicional para los flujos hacia duración.
El tramo corto y medio de la curva tuvo un comportamiento diferente. Las tasas de los TES a noviembre de 2027 y abril de 2028 subieron a 13,14% (+6 pbs) y 13,17% (+2 pbs) respectivamente, reflejando la presión de expectativas de inflación que el dato del IPC de mayo —5,84% anual— consolidó con fuerza. El resultado fue un aplanamiento de la curva que no es señal de normalización sino de tensión entre dos fuerzas que operan en direcciones opuestas: el tramo largo se valoriza por el optimismo electoral de corto plazo, mientras el tramo corto absorbe la realidad de una política monetaria que el BanRep posiblemente deba endurecer antes de que termine junio. ANIF evalúa un incremento de hasta 75 puntos básicos en la tasa de referencia, actualmente en 11,25%.
Los TES UVR tuvieron un comportamiento positivo con demanda particularmente relevante. Las valorizaciones destacaron en los nodos UVR abril 2029 (-72,4 pbs), enero 2031 (-54,0 pbs) y marzo 2027 (-50,2 pbs), siguiendo el movimiento de los TES TF pero con una lógica adicional: el mercado incrementó su apetito por deuda indexada a inflación ante la expectativa de que el IPC seguirá acelerándose en los próximos meses. La subasta primaria de TES UVR registró una demanda de 2,8 veces el monto convocado, señal concreta del interés institucional por cubrirse ante una inflación que los analistas proyectan cercana al 6,75% para diciembre. Algunos nodos como UVR abril 2035 y febrero 2037 permanecieron estables, reflejando mayor selectividad en los plazos más lejanos donde la visibilidad sobre la trayectoria fiscal del próximo gobierno es todavía baja.
La gestión de liquidez del Ministerio de Hacienda ofreció un dato de estabilidad técnica relevante. Al 3 de junio, el MinHacienda mantenía disponible la totalidad de su cupo de $67 billones para emisión de títulos de corto plazo (TCOs), habiendo utilizado $26,33 billones pero cancelado y redimido anticipadamente $41,75 billones mediante operaciones de manejo de deuda. El BanRep, por su parte, inyectó en mayo liquidez mediante compras definitivas de TES en el mercado por $1,15 billones, con el propósito de alinear el indicador IBR con la tasa de política monetaria, consolidando un portafolio de $34.892,4 millones a precios de mercado sin vencimientos programados para junio.
Valoración. El mercado de renta fija global entró a la semana más importante del semestre —con el BCE decidiendo el 11 de junio y el FOMC reuniéndose el 16 y 17— con los rendimientos en niveles que reflejan un ciclo monetario más restrictivo del que el consenso descontaba hace apenas un mes. En Estados Unidos, el bono a 10 años por encima del 4,5% y el de 30 años cruzando el 5% no son datos de corto plazo: son el precio que el mercado le pone a una inflación que el FMI no espera que regrese al 2% antes de finales de 2027. En Colombia, la compresión de los tramos largos es más política que fundamental: refleja la prima de riesgo electoral que se redujo con el resultado del 31 de mayo, no una mejora de los fundamentos fiscales que los datos de mayo confirman siguen deteriorados. La sostenibilidad de esas valorizaciones depende de lo que ocurra el 21 de junio y de la agenda económica que el ganador presente en los primeros días de su gobierno.
Divisas: el dólar recupera terreno global tras el dato de empleo y el peso colombiano desafía la tendencia regional con el resultado electoral
El mercado cambiario de la semana tuvo un protagonista central y un mecanismo de transmisión preciso. El informe de empleo de mayo en Estados Unidos —172.000 nóminas no agrícolas frente a las 88.000 esperadas— reactivó la demanda por dólares con una velocidad que los demás activos tardaron horas en procesar. El índice DXY cerró con un avance semanal de 1,1% hasta 100,07 puntos, acumulando una apreciación de 1,3% en el último mes, apoyado en dos fuerzas que se retroalimentaron durante los cinco días: el repricing de la política monetaria de la Fed hacia un alza en diciembre y la búsqueda de activos refugio ante la persistencia del conflicto en Oriente Próximo con el estrecho de Ormuz todavía obstaculizado. El resultado fue un retroceso prácticamente universal de las monedas frente al billete verde, con una sola excepción regional de primera magnitud: el peso colombiano.
Entre las divisas desarrolladas, el euro retrocedió 1,2% frente al dólar hasta niveles de 1,1575, afectado por la solidez del DXY y por el deterioro del entorno económico europeo que los datos de PIB del primer trimestre confirmaron con crudeza. La libra esterlina cedió 0,9% hasta 1,34, en un contexto donde el Banco de Inglaterra mantiene una postura más cautelosa que el BCE frente al choque inflacionario pero donde el lastre de los costos energéticos sobre la economía real no desaparece. El franco suizo lideró las pérdidas entre las divisas de refugio con una caída de 2,0%, movimiento que refleja el ajuste de posiciones defensivas que habían acumulado prima durante las semanas más intensas de la tensión con Irán. El dólar canadiense cedió 1,1% y el yuan chino 0,4%, este último dentro de un rango que el Banco Popular de China administra activamente mediante el mecanismo de tasas de depósitos en dólares que varios bancos comerciales ajustaron durante la semana.
El yen japonés tuvo la semana más tensa de su ciclo reciente. La divisa cayó hasta la barrera crítica de 160 unidades por dólar —nivel que en anteriores episodios activó intervenciones directas del Ministerio de Finanzas japonés— antes de encontrar soporte parcial al cierre de la semana gracias a datos de ingresos de los hogares en Japón mejores a lo esperado, que reforzaron la expectativa de un alza del BOJ en junio. La ministra Katayama reiteró la disposición de Tokio para tomar “medidas decisivas” contra la volatilidad excesiva, pero el mercado sabe que la intervención verbal tiene horizonte corto cuando el diferencial de tasas entre el BOJ —aún en 0,75%— y la Fed —en 3,50%-3,75%— permanece tan amplio. El dólar australiano lideró las pérdidas dentro del bloque desarrollado con una caída de 2,0%, presionado por la menor demanda de activos de riesgo y la correlación del AUD con el ciclo de commodities industriales.
En los mercados emergentes, el deterioro fue generalizado pero con intensidades distintas. El real brasileño se depreció 2,6%, afectado por la combinación de fortaleza del dólar, aversión al riesgo global y preocupaciones sobre el ritmo del gasto fiscal en un año electoral. El peso chileno lideró las pérdidas regionales con una caída de 2,7%, seguido por el sol peruano con -1,6% y el peso mexicano con -0,8%. El bitcoin completó el panorama de activos bajo presión: la criptomoneda cayó por debajo de los 62.000 dólares durante la sesión del viernes —rozando mínimos anuales— acumulando un descenso de 33% desde comienzos de 2026 y 15% solo en la última semana, en lo que constituye su peor comportamiento anual en al menos una década. El retroceso combina la venta de algunos tokens por parte de MicroStrategy —la firma de Michael Saylor, autoproclamado comprador perpetuo de la criptomoneda— con el vaciamiento de los ETF de bitcoin y la competencia creciente de los flujos que se dirigen hacia acciones de inteligencia artificial, semiconductores y las esperadas salidas a bolsa de compañías como SpaceX. La correlación del bitcoin con la renta variable se ha reforzado, erosionando su narrativa como activo descorrelacionado y refugio alternativo.
La excepción de la semana fue el peso colombiano, que avanzó 2,7% frente al dólar —el mejor desempeño entre todas las monedas de mercados emergentes seguidas— en una dinámica que estuvo completamente desconectada del entorno global durante los primeros días. El resultado de la primera vuelta presidencial del 31 de mayo —Abelardo de la Espriella con 43,7% frente a Iván Cepeda con 40,9%— generó un reposicionamiento inmediato de portafolios que redujo la prima de riesgo país medida por el CDS a 10 años en 10,4% al inicio de la semana. La valorización del Brent durante parte del período y el posicionamiento previo al dato de inflación local añadieron soporte adicional. El par USD/COP cerró la semana en $3.590,75, aunque con una fluctuación intrasemanal que llegó hasta $3.613,76 en el punto de mayor presión vendedora del viernes, cuando la corrección global de renta variable y la caída del crudo generaron algo de presión de cierre sobre el peso. La apreciación del peso en una semana donde prácticamente todas las monedas emergentes cedieron terreno ilustra la magnitud del reposicionamiento electoral, pero también su fragilidad: está construida sobre una expectativa de cambio de política que la segunda vuelta del 21 de junio deberá confirmar o desmentir.
Valoración. El mercado cambiario global entró a la semana con una arquitectura que el informe de empleo de Estados Unidos reorganizó en pocas horas. El dólar no se fortaleció porque la economía norteamericana luzca saludable en todos sus frentes —el consumidor pierde poder adquisitivo real y el ahorro está en mínimos de cuatro años— sino porque los datos de empleo empujan a la Fed hacia una postura más restrictiva en un momento en que el resto de los bancos centrales también endurece. Cuando todos suben, el diferencial de tasas no favorece necesariamente al dólar; pero cuando el mercado laboral norteamericano sorprende de forma tan contundente mientras el yen opera a 0,75% y el euro enfrenta contracción de PIB, el billete verde recupera terreno casi por gravedad. El peso colombiano ganó esta semana por razones domésticas; lo que determine si mantiene esas ganancias no está en Washington ni en Fráncfort sino en las urnas del 21 de junio.
Commodities: el petróleo sostiene niveles elevados entre negociaciones inciertas, los metales preciosos pagan el costo de las tasas y el café colombiano toca el mínimo del año
El petróleo sube por la prima geopolítica pero cae cuando aparecen señales diplomáticas, aun cuando esas señales sean ambiguas. El oro retrocede porque las tasas reales suben, aunque la incertidumbre sobre Oriente Próximo y las compras de bancos centrales deberían sostenerlo. El cobre cede porque el dólar se fortalece y el apetito por activos cíclicos se reduce, aunque su demanda estructural por electrificación e inteligencia artificial no ha cambiado. El café colombiano tocó el mínimo del año en la mitad de la semana justo cuando la cosecha brasileña proyecta niveles récord que el mercado internacional ya descontó con velocidad.
El petróleo fue el activo que mejor resumió la esquizofrenia de la semana. El WTI avanzó 3,3% hasta 90,25 dólares por barril y el Brent subió 1,0% hasta 92,96 dólares, pero esos cierres esconden una volatilidad intrasemanal considerable. Las negociaciones entre Estados Unidos e Irán generaron movimientos en ambas direcciones según el tono de cada comunicado: cuando los reportes sugirieron acercamiento, el crudo cedía; cuando los combates persistían o las conversaciones sobre el estrecho de Ormuz se enredaban, la prima de riesgo volvía. El anuncio de un alto el fuego condicional entre Israel y el Líbano en el marco de las conversaciones con Irán generó una corrección al cierre de la semana, pero la tregua sigue siendo incierta y el bloqueo del estrecho no ha variado, lo que limita cualquier corrección sostenida de los precios. La OPEP señaló que a pesar de una subida acumulada superior al 50% desde el 1 de enero, el cartel no prevé destrucción de demanda y mantiene su proyección de crecimiento de compras en 1,2 millones de barriles diarios para 2026. En los niveles actuales de entre 92 y 94 dólares para el Brent, el mercado cotiza un escenario de conflicto prolongado sin resolución inmediata, no el precio de un acuerdo que todavía nadie ha firmado. El gas natural en Estados Unidos cayó aproximadamente 2% hasta 3,255 dólares por MMBtu, retrocediendo desde un máximo de más de 16 semanas por suavizamiento de la demanda de exportación de GNL hacia las terminales de exportación, aunque las previsiones de temperaturas superiores a la normal hasta el 20 de junio apuntan a mayor consumo para refrigeración que podría estabilizar el mercado en las próximas sesiones.
El oro tuvo la semana más difícil de los últimos meses. El metal retrocedió 4,9% hasta 4.316 dólares por onza, presionado por el mismo mecanismo que golpeó a la renta variable de crecimiento: el informe de empleo de mayo empujó los rendimientos de los Treasuries al alza con fuerza y el mercado reposicionó expectativas de tasas hacia un entorno más restrictivo de lo descontado. Cuando el bono a 10 años supera el 4,5% y el mercado descuenta un alza de la Fed en diciembre, el costo de oportunidad de mantener oro —que no paga cupón ni dividendo— se eleva de forma directa. El metal intentó sostener niveles en torno a 4.460 dólares durante parte de la semana, pero la resistencia cedió ante la magnitud del repricing monetario. Lo que amortigua la caída es la demanda sostenida de bancos centrales —17 toneladas compradas en abril, con Polonia y China entre los principales compradores— y la persistencia de la incertidumbre geopolítica que no se disipa con acuerdos que todavía no existen. La situación en Oriente Próximo sigue siendo suficientemente confusa para que el mercado no abandone por completo la función de cobertura del metal, aunque el entorno de tasas reales positivas sigue siendo el factor dominante sobre su precio.
La plata sufrió el castigo más severo entre los metales con una caída de 10,2% hasta 67,7 dólares por onza, amplificando el movimiento del oro por su doble naturaleza —activo de valor y metal industrial— que la hace más sensible tanto al repricing de tasas como al deterioro del apetito por riesgo y la fortaleza del dólar. UBS había revisado a la baja sus estimaciones de déficit de suministro para 2026 en semanas anteriores, lo que redujo el soporte de la narrativa de escasez estructural que había sostenido al metal durante meses. El cobre retrocedió 2,1% hasta 625,4 centavos de dólar por libra —cayendo por debajo de los 14.000 dólares por tonelada en Londres— afectado por el dólar más fuerte, el menor apetito por activos cíclicos y el repricing de tasas en Estados Unidos. La lateralización y corrección del metal rojo no cambia sus fundamentos estructurales: la demanda vinculada a electrificación, infraestructura de distribución eléctrica e inteligencia artificial no desaparece con un ciclo monetario más restrictivo. Lo que el mercado ajusta es el horizonte temporal en que esa demanda se materializa en precios, no la demanda en sí misma.
En el frente agrícola, la soja y el maíz cayeron hasta mínimos de varios meses —la soja para julio en 1.129 centavos de dólar por bushel y el maíz en 422 centavos— por condiciones meteorológicas favorables en Estados Unidos que combinan temperaturas elevadas con precipitaciones adecuadas para los cultivos. El trigo cedió hasta 584 centavos por bushel por precipitaciones en las llanuras estadounidenses y previsiones de producción más elevadas en Rusia. La corrección del petróleo al cierre de la semana añadió presión adicional sobre los granos al reducir el incentivo de sustitución energética.
El café arábica siguió siendo la historia más incómoda para el productor colombiano. Los futuros cotizaron ligeramente por debajo de 2,50 dólares por libra, un nuevo mínimo desde noviembre de 2024, bajo el peso de proyecciones de oferta que el mercado internacional ya descuenta con precisión. El USDA proyectó la cosecha brasileña para 2026/27 en un récord de 71,9 millones de sacos —crecimiento del 14% frente al año anterior y por encima del nivel de 2020/21—, mientras Rabobank elevó su estimación de superávit global de café para ese período a 9,5 millones de sacos desde 7,0 millones. La perspectiva de abundancia de oferta brasileña comprime los precios internacionales de referencia con independencia de lo que ocurra con la producción colombiana. El precio interno de referencia de la Federación Nacional de Cafeteros para el 5 de junio se ubicó en 2.017.000 pesos por carga de 125 kilogramos de pergamino seco FR 94, un leve repunte de cierre de semana tras haber tocado el mínimo del año el 4 de junio con 2.005.000 pesos. Para el caficultor colombiano, la combinación de precios internacionales en mínimos desde noviembre de 2024, una producción acumulada del año 19% por debajo de 2025 y un peso que se apreció durante parte de la semana produce una compresión de ingreso real que los gremios llevan meses documentando sin que el entorno externo ofrezca señales de alivio próximo.
Valoración. El mapa de commodities de esta semana sintetiza con claridad el dilema del ciclo actual: el petróleo sostiene niveles elevados no por fortaleza de la demanda sino por prima de riesgo sobre una oferta interrumpida que nadie sabe cuándo se normaliza; el oro retrocede porque las tasas le quitan atractivo relativo aunque la incertidumbre geopolítica y la demanda de bancos centrales limitan la caída; el cobre cede ante el dólar fuerte y el menor apetito cíclico pero sus fundamentos de largo plazo permanecen intactos; y el café colombiano paga simultáneamente el precio de su propia caída de producción y la competencia de una cosecha brasileña récord que el mercado internacional ya incorporó. Cada uno de esos movimientos puede revertirse en la misma semana si el estrecho de Ormuz da señales creíbles de reapertura, si la Fed sorprende con un tono más cauteloso de lo esperado, o si los datos de demanda industrial china decepcionan. En ese sentido, el nivel de 92 dólares en el Brent es menos un precio de equilibrio que la cotización de una incertidumbre que el mercado no sabe cuándo termina.
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