El fiel Cepeda

Adrián Raúl Restrepo Parra

Hasta antes de los resultados electorales, conocimos a Cepeda en subienda, marcando en las encuestas. Se daba por hecho que, de haber segunda vuelta presidencial, él ya tenía un puesto asegurado, un puesto que, tal como iban las cosas, era el de primero. El optimismo era tal que se volvió un propósito, como hace cuatro años, ganar en primera. Pero ya sabemos que no fue así.

Ante el golpe de realidad, la reacción de Cepeda y su entorno inmediato fue intentar asimilar en “caliente” la aturdidora noticia de perder en primera. Escena bien ejemplificada en el set de los presentadores de RTCV al ver la imparable tendencia del preconteo de votos, no lo podían creer. La intervención de Cepeda, precedida por el esperable trino del presidente Petro, en vez de sumar a la ingente tarea que impone el resultado electoral, resultó restando.

Cepeda tuvo la oportunidad de marcar algo de distancia con su mentor político, pero optó, con rabia, por seguirle la partida. Era y es necesario que Cepeda marque diferencia con Petro si quiere ganar en segunda vuelta. La derrota de estas votaciones es la factura a un sinnúmero de equívocos del gobierno del Cambio. Asuntos sobre los que Cepeda guardó un silencio estratégico y a la vez comprometedor. Entre esos, la descalificación del sistema democrático por parte de su jefe político, sistema que justamente les ha permitido estar en puestos de elección popular.

Cepeda no puede sumar votos si la explicación a su derrota es que lo robaron. Fue desconcertante escuchar a Cepeda empezar su discurso haciendo alusión a un posible fraude, respaldando así a su jefe político el cual siempre duda del mecanismo electoral hasta que él tiene la certeza de haber sido el ganador. El presidente como una de las autoridades encargadas de llamar a la paz electoral, que pregona Paz total, incitando al desconocimiento de los resultados, al desconocimiento de la institución de la Registraduría.

Así no pueden sumar votos, poner en cuestión el sistema electoral es parte de lo que se le ha reprochado al gobierno del Cambio. Cepeda dejó pasar la oportunidad de marcar diferencia en este aspecto y otros, al seguir a Petro siguió su error, descalificar las instituciones democráticas. En consecuencia con tal descalificación, uno esperaría que no se presenten a segunda vuelta porque supuestamente no hay garantías, pero sabemos que no será así.

Esa mentira del fraude podrá servir para consuelo e incluso de ánimo para los seguidores de Cepeda, pero concitando pesares no logrará votos. De los asuntos que preocupan del gobierno del Cambio, y que Cepeda sigue, es la constituyente. Esta es entendida por buena parte de la población colombiana como el tiquete para amasar el país al propio antojo, volvernos como Venezuela. ¿Renunciará a esta propuesta o seguirá fiel a su jefe?

Pasado el primer tramo electoral, esperemos que Cepeda y su entorno asimilen el golpe y reconsideren sus líneas de acción y, ante todo, de reacción. El hombre calmado y sereno que solía ser característico de Cepeda estuvo ausente por momentos, apareció la rabia propia de una derrota, más que de un fraude. Así Cepeda molesto fuera de suscribir las dudas sobre el mecanismo electoral también retomó su diatriba contra el Uribismo y su papel en la derrota. Un discurso alejado de los resultados electorales que dicen todo lo contrario, que uno de los grandes derrotados fue el Centro Democrático. No sumaran más votos profundizando el antiuribismo, no renta más para sumar.

La nueva derecha es una realidad latinoamericana que llegó a Colombia hace unos años. De la batalla cultural desatada han pasado a lo que llaman la batalla política: hacer parte del sistema político. Historias como las de Bolsonaro en Brasil y Milei en Argentina, son similares a la De la Espriella, sus propuestas fueron descalificadas de facto por sus opositores. No se los tomaron en serio, solo se tornaron preocupantes para sectores de izquierda cuando las urnas dictaminaron los resultados. Esa nueva derecha es mucho más que uribismo.

Si en efecto el proyecto de Cepeda y su entorno es de largo plazo entonces deben pensar más allá de las elecciones y en una posible derrota. Descalificando el sistema electoral o, en caso de perder, haciendo invivible la república no son formas para seguir sumando, para seguir creciendo. El cierre del gobierno de Petro no es tan glorioso como lo han querido pintar, con logros sí, pero con variadas equivocaciones que restaron seriamente a la posibilidad de continuar en el ejercicio del poder en el ejecutivo nacional.

La forma de hacer la campaña de Cepeda erró al querer cabalgar en logros y realizaciones del gobierno Petro sin marcar diferencias en asuntos que son considerados críticos del gobierno actual y que restan a la hora de seguir sumando electoralmente. Parte de la población percibe en Cepeda más de Petro o algo peor.  Sin marcar diferencias pocas son las posibilidades de sumar lo suficiente para ganar. Los más optimistas consideran que dos o tres millones de votos pueden conseguirse porque en el 2022 fue posible, olvidan que en ese entonces Petro rentó del desprestigio del gobierno saliente de Duque, pero  ahora el gobierno saliente y desprestigiado es el de Petro.

Adrián Raúl Restrepo Parra

Profesor del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia. Trabajador social, Magíster en Ciencia Política, Doctor en Ciencias Sociales. Miembro de los grupos de investigación Hegemonía, Guerras y Conflictos (A) del Instituto de Estudios Políticos y RERDSA (A1) del INER. Investigador y analista de procesos de paz y políticas de drogas.

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