El silencio de los pobres

Cifras que descifran el horror, solo son gente cuando se requieren votos…

Es ensordecedor el ruido, nada arruina más que la corrupción moral que precede a la masacre, si bien rentable no propiamente es digno: hoy mi país brinda con la sangre.

Decenas de muertos no bastan para conmover al poder prepago, ¡Igual! qué más da de eternas víctimas victimizantes, victimarios de todo Dios como pueblo que someta al castigo con justicia sus estragos.

La maldad que se consagra en actos insolentes que pretenden revestir de revolucionarios, sin comprender la génesis de una Nación que nace libre y libre a batallado. Declaración de guerra son los drones que sobre familias inocentes están lanzando.

Entorpecedores narrativas perturban la sana crítica y destruyen el fundamento ontológico del ciudadano, caminos de servidumbre se propagan como propuestas con las que regímenes totalitarios históricamente han estafado.

Ya pocos se sorprenden por los niños reclutados para el terror de hombres perversos que con la miseria de la mayoría se han alimentado, ya no les tiembla la voz al pedir que exterminen a su hermano…

Más que ideología, se trata de la degradación de lo humano.

Criminales aquellos que con el odio se están lucrando, culpable todo aquel que abuse del poder que en democracia le fue entregado, cómplices también quienes abandonen la empatía cuando la patria está agonizando.

Frágil es nuestra condición y el orden como instinto a las instituciones nos han convocado, establecemos acuerdos racionales como la constitución o leyes para dar estructura a gobiernos qué, ¿Edifiquen o destruyan todo lo que entre todos hemos logrado?

El misterio tras la muerte es para los creyentes un encuentro que purifica y conecta con lo sagrado, dónde cesa el miedo, el temor de vivir sin discernir que el perdón nace en nosotros y el don es sanar porque el bien no puede ser por siempre negado.

Solo es posible la verdad como fuente cuando nos hacemos responsables de nuestros pensamientos, sentimientos, palabras, omisiones, elecciones y actos.

No existe un nuevo mesías que como candidato esté revelado, solo personas capaces (o no) de reconocer que gobernarán con límites establecidos y para todos los colombianos.

En memoria de todos los colombianos inocentes, víctimas de la negociada ausencia estatal y el terrorismo.

María Mercedes Frank

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