Leer no es solo pasar páginas: El arte de comprender lo que vemos

Seguro lo has escuchado antes: “los jóvenes ya no leen”, “el libro físico está muriendo”. Pero hay algo que esa queja pasa por alto. En muchos casos, el verdadero problema no es que la gente haya dejado de leer, sino que nunca aprendió a hacerlo de verdad. No importa si tienes entre las manos una pantalla o un clásico de 600 páginas: si no estás procesando lo que ves, solo estás mirando manchas sobre un fondo blanco.

Y aquí entra una herramienta que parece demasiado simple para ser seria: el post-it. Usarlo mientras lees no es un capricho estético ni una tendencia de bookstagram. Es una decisión práctica. Esa pequeña nota adhesiva te obliga a detenerte, a seleccionar, a preguntarte qué importa y por qué. Te convierte de espectador pasivo en alguien que dialoga con el texto. Puedes clasificarlos por color según las emociones o ideas que te genera cada fragmento, y de repente tu libro tiene una arquitectura propia, construida por ti.

Detrás de eso hay evidencia concreta. Investigaciones de Princeton University y la University of California, Los Angeles, han mostrado que escribir a mano —aunque sea una frase corta en un papelito amarillo— activa procesos cognitivos que el subrayado o escribir en teclado no logran igual. No es magia: es que el cerebro trabaja más cuando tiene que sintetizar y plasmar, y ese esfuerzo adicional es exactamente lo que fija la información.

Ahora bien, ¿por qué funciona esto a un nivel más profundo? Aquí vale la pena traer a Umberto Eco, no como adorno intelectual, sino como quien mejor articuló lo que estos estudios confirman. Eco estudió durante décadas cómo los textos generan significado y llegó a una conclusión que lo cambia todo: “El lector es una parte fundamental del proceso creativo del libro”. Para Eco, leer es un acto de co-autoría: el texto no termina cuando el autor escribe la última palabra, sino cuando el lector lo habita y lo completa con su propia experiencia. El post-it es exactamente eso hecho práctica: no estás subrayando lo que alguien más pensó, estás construyendo tu propia versión del texto.

Dicho esto, hay que ser honestos. Estas estrategias no son una fórmula mágica. Su efectividad depende del nivel de comprensión que ya tenga el lector. Si las habilidades para interpretar y analizar son frágiles, ninguna nota adhesiva las reemplaza. El debate, entonces, no debería girar alrededor del formato —papel o pantalla— sino alrededor de algo más de fondo: ¿sabemos realmente leer de forma crítica?

La próxima vez que abras un libro, pon un post-it y un lápiz cerca. No porque esté de moda, sino porque leer con las manos —y con la cabeza— es la única forma de que lo que lees te pertenezca de verdad.

Valentina Naranjo Rojas

Estudiante del programa de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana.

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